Entrevista Luis García Montero | Poeta "Pido a los políticos que no metan las lenguas en sus peleas políticas"

  • El escritor granadino ha obtenido esta semana el premio Carlo Betocchi como una de las “grandes voces” europeas más representativas de la contemporaneidad

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes Luis García Montero, director del Instituto Cervantes

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes / G. H.

Aunque la poesía sea un reducto minoritario, Luis García Montero es uno de los autores que más titulares acaparan en España y fuera de ella. Ahora vuelve a estar de actualidad por el premio literario Carlo Betocchi con el que ha sido reconocido como “una de las voces poéticas europeas más intensas y representativas de la contemporaneidad”. El centro de estudios italiano –impulsor del certamen junto a la ciudad de Florencia, el gabinete científico-literario G.P Vieusseux y la Universidad de Florencia– manifestó que “honra” así al creador “de relevancia internacional” y considerado entre “los más apreciados y representativos de su generación”.

–Se trata de un premio que conceden las letras italianas. ¿Qué supuso en su trayectoria?

–Recibí un correo electrónico para decirme que el jurado había decidido otorgándomelo y preguntándome si lo aceptaba. Mi respuesta fue que estaba encantado. Yo siempre he dicho que hasta de los premios hay que estar agradecido. Es muy torpe el poeta que cree que se los merece todos y falso el que no agradece uno. La poesía es un ejercicio de soledad y el reconocimiento de la labor se agradece íntimamente.

–¿Cuál es su relación con la poesía italiana?

–Mi relación es estrecha porque entre las lecturas que más me formaron destacan las de Leopardi. Después, en los años 80, nuestro grupo de Granada tuvo un referente fundamental en Pasolini a través de Marino Maresca y Javier Egea. De hecho el libro con el que tuve la suerte de que me dieran el Premio Adonais fue El jardín extranjero, título que procede de un verso de un libro de Pasolini. Y después he seguido manteniendo esa relación como lector de la poesía actual italiana y además he tenido la suerte de que la mayoría de mis libros se hayan traducido al italiano, de modo que es un hermanamiento que me hace especial ilusión.

"Es muy torpe el poeta que cree que merece todos los premios y falso el que no los agradece”

–¿Cómo se compagina ese ejercicio solitario que implica la poesía con la dirección del Instituto Cervantes?

–La verdad es que la dirección es un honor para alguien que se dedica a la filología y a la literatura. Estoy muy agradecido. Pero es verdad también que es un puesto muy absorbente: más allá de los proyectos culturales está el día a día de una institución en la que trabajan muchas personas en 87 centros repartidos por todo el mundo. Venimos además de una época de grandes recortes porque la crisis anterior de 2013 supuso la pérdida de casi la tercera parte de su financiación. Hubo muchos problemas de recursos humanos y ahora hay que tener en cuenta cómo afecta el virus. Todo eso es muy exigente y resulta difícil tener un trabajo sistemático como el que se requiere para una tesis doctoral, un ensayo o una novela, que cuentan con un horario disciplinado. Yo saqué hace un año un ensayo, Las palabras rotas, pero estaba casi terminado un año antes de hacerme cargo del Instituto. En cambio la poesía es un género que te permite encontrar huecos: en los viajes en avión a América u Oriente o en las tardes solitarias de hotel uno encuentra refugio. En ese sentido sí he podido terminar un libro de poemas que espero que pueda salir en el primer trimestre del año 2021. Ya se lo he dado a leer a algunos amigos.

–¿Se abrirá sede del Instituto Cervantes en Gibraltar?

–Los planes del Instituto Cervantes dependen de la aprobación de los presupuestos. Llevo dos años y unos meses de director y siempre hemos tenido el presupuesto prorrogado de 2018. Si se aprueba, se ha contemplado poner en marcha el centro de Dakar, que será el primero en el África subsahariana. Eso recibió el visto bueno en el Consejo de Ministros y designamos director, sólo hace falta ponerlo en marcha con la plantilla y el edificio. También contemplamos la sede de Los Ángeles. California es un estado con mucha presencia hispana y muy oportuno si queremos hacer del español una lengua de prestigio tecnológico, científico y cultural (ahí está Hollywood y también las grandes tecnológicas). Ambas sedes están contempladas en los presupuestos si se aprueban. Y tenemos desde hace mucho tiempo la intención de reabrir Gibraltar porque fue un centro que dio muy buenos resultados. Más allá de las coyunturas políticas, será muy pertinente y ayudará al desarrollo de la zona.

"La democracia española hará muy bien en cuidar las lenguas minoritarias porque corren peligro”

–¿Cómo le afectó el Brexit?

–Esto era un proyecto de reapertura inmediata pero se cruzó el Brexit. Las autoridades gibraltareñas se muestran interesadas y nosotros estamos a la espera de ver cómo se resuelve la relación de la Unión Europea después del Brexit. Cuando esto suceda tenemos que ver la forma de desarrollarlo.

–¿Cuál es su opinión sobre ese futuro?

–Más allá de la coyunturas políticas y antiguos malos entendidos, un Centro Cervantes en Gibraltar será bueno para el Peñón y el Campo de Gibraltar y hará que la cultura sirva de vínculo.

–Y cómo director del Instituto Cervantes, ¿qué opina de toda la polémica que ha suscitado la Ley Celaá en cuanto a la enseñanza del español?

–El español es una de las riquezas más importantes que tiene no ya la cultura, sino la economía española. Es la segunda lengua con mayor número de hablantes nativos después del chino mandarín. Rondamos los 489 millones y los españoles sólo somos el 8%. De manera que goza de muy buena salud. Yo creo que no corre peligro ninguno y que aquellas zonas bilingües que quieran renunciar al español están disparándose tiros contra su propio futuro. Las posibilidades de internacionalización de la cultura catalana, gallega y euskera tiene mucho que ver con sus relación fraternal con el español. La educación en España tiene todas las posibilidades para educarnos en español como una de las grandes lenguas internacionales y disfrutar de la riqueza cultural de las otras lenguas. La democracia española hará muy bien en cuidar a las lenguas minoritarias porque puede tener el peligro de ir achicándose hasta desaparecer. La Ley Celaá tiene más que ver con el apoyo del catalán, el gallego o el euskera que con poner en peligro el castellano. Y les pido a los políticos que no metan a las lenguas en sus pelas políticas.

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