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Patricia Guerrero, bailaora revelación (relativamente)

  • La artista granadina gana el Giraldillo de la Bienal de Sevilla años después de hacerse con el premio El Desplante en Las Minas

Patricia Guerrero (Granada, 1990) recibió el pasado martes un distinguido trofeo que viene a avalar todo el cuidado y esmero que está poniendo sobre su carrera artística: El Giraldillo de Oro como Artista Revelación. La distinción es un alto reconocimiento que otorga el comité de expertos de la Bienal de Sevilla, basándose en la actuación que la joven bailaora tuvo en la pasada edición de dicho certamen.

En su hoja curricular ya destaca el Desplante Minero del Festival de Las Minas de La Unión 2007, máximo galardón que otorga dicho concurso para la danza y que tienen, entre otros, Rafael Campallo o la también granadina Fuensanta 'La Moneta' ,y un amplio repertorio de actuaciones en países tan dispares como Emiratos Arabes, Luxemburgo, República Checa, Marruecos, Francia, etc.

Patricia Guerrero ha ido amasando sus buenas formas de bailaora actual con sutiles reminiscencias ancestrales y un excelso equipaje lleno de conocimientos contemporáneos que ella hace y deshace a su antojo, con un prematuro dominio de la técnica y los recovecos del baile flamenco.

Tuvo por cuna el barrio del Albaicín. Se crió en una familia donde el flamenco abanderó su más tierna infancia. Hija de la también bailaora Mari Carmen Guerrero y del futbolista Berna, los primeros goles que Patricia Guerrero coló al mundo del flamenco los encajó con apenas 6 años, cuando pisó por primera vez unas tablas.

Todos los profesores de los que Patricia ha aprendido desde pequeña, vieron en ella un brillante porvenir. La desaparecida Presy, lloraba de emoción cada vez que la veía subir a un escenario, y repetía hasta la saciedad y con orgullo que la alumna ya hacía muchos años que había superado a la profesora. Patricia ha ido coronando su altar flamenco con lo más granado de la actualidad, ha sabido coger y escoger de los mejores, lo mejor, se ha rebuscado en el gusto, en la elegancia, sin perder la flamencura, sin olvidar el metrónomo del compás, pero creciendo a través de la elegancia, de la clase, de la premura, del decoro.

Su estilización no se improvisa, su estilización se está cociendo a fuego lento y con paciencia. La suerte se encuentra trabajando decía Ramón y Cajal, y es posible que la bailaora albaicinera tomara conciencia muy pronto de la importancia de la disciplina y el largo recorrido que precisa un artista para dejar su huella en la tierra. Así, Patricia abandonó la Alhambra por la Giralda para entrar a formar parte de importantes elencos artísticos, entre ellos, el Ballet Flamenco de Andalucía, con el que ha recorrido el mundo entero, alternando las actuaciones en solitario, con los espectáculos de la compañía y escribiendo sobre los escenarios su propia letra, sus propias letras.

El reconocimiento viene a potenciar aún más a una joven realidad del flamenco granadino, miembro numerario de una de las generaciones más interesantes que ha dado el flamenco en nuestra ciudad a lo largo de sus tres siglos de historia.

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