La exposición puede verse en la Galería Berlín de Sevilla.
La exposición puede verse en la Galería Berlín de Sevilla. / R. G.
Bernardo Palomo

Granada, 06 de noviembre 2023 - 11:49

Apareció, para nosotros, en la escena expositiva de importancia en el Centro Federico García Lorca de Granada hace un par de años con motivo de la celebración de FACBA, el Festival de Arte ContemporáneoFACBA, que tan espléndidamente se lleva a cabo en la Facultad de Bellas Artes granadina, con una apuesta total por la plástica más avanzada; sobre todo, para dar cancha a los más jóvenes creadores. Debo confesar que a María Rosa Aránega no la conocíamos. Era artista muy joven, nacida en 1995, casi con la carrera terminada y, todavía, en periodo de formación. Natural de Almería y granadina por su trabajo y residencia en la población de Cúllar, es artista, por tanto, de aplastante juventud y con una trayectoria que se va haciendo grande y conquistando parcelas de identidad y trascendencia.

La trayectoria

Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Granada y Máster de Cultura de Paz, Educación, Conflictos y Derechos Humanos de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Córdoba. En su historial ya se posicionan importantes datos: Beca de residencia BITE of Art en Belgrado (Serbia), Beca para jóvenes creadores de la Fundación Antonio Gala de Córdoba o Beca de producción artística FACBA 21. Ha expuesto individualmente en el Espacio Lavadero de Granada, en el Centre del Carmen de Valencia o en el Centro Andaluz de la Fotografía de Almería, entre otros espacios importantes. Ha sido, además, la autora de las ilustraciones de El miedo de los niños, obra de Antonio Muñoz Molina, publicada por Seix Barral. Todo ello, junto a las muchas comparecencias colectivas, la hacen portadora de un consciente currículum que la sitúan en los medios de una realidad artística importante.

Una de las piezas que puede verse en la muestra.
Una de las piezas que puede verse en la muestra. / R. G.

Me impresionó aquella muestra por el desparpajo que transmitía tan joven artista. Se trataba de una obra que encerraba muchos valores; además, se adentraba por hechos y actuaciones de un pasado que ella conocía bien a pesar de ser de otros tiempos. Precisamente mucho de esto es lo que encontramos en la galería de la sevillana calle Boteros y que dirige Jesús Barrera. Se trata de un dibujo y una pintura apasionante donde se reflejan circunstancias pretéritas que bien podrían ser testimonios claros de un presente con demasiados registros existenciales a contracorriente.

Comentaba con el propio galerista que parecía que volvíamos a mantener contacto con aquellas obras de los artistas de la entrañable y recordada Estampa Popular -precisamente, ahora, una buena exposición sobre los artistas de la Estampa andaluza se presenta en el CAAC-. La artista parece desentrañar del pasado aquellos gritos desesperados que clamaban contra los problemas existenciales. Ella con su obra genera máxima emoción; pone el dedo en la llaga de una existencia con infinitos desajustes y hace pensar en muchos de los problemas que acontecen.

La muestra

Además lo hace con un ejercicio plástico muy bien definido; con una pintura en blanco y negro, reflejo de mucho de lo que quiere contar. Porque María Rosa Aránega no se conforma. Ha conocido la existencia de los necesitados, de aquellos que luchaban por sobrevivir en un mundo de muchas exigencias. Vio de cerca los desajustes de la sociedad, los guardó en la conciencia y, ya de artista, los sacó para componer una realidad plástica diferente a la que hoy es habitual. Realiza unos dibujos poderosísimos, que gritan, que sacuden el alma y que abren máximas perspectivas para levantar las conciencias de los más pusilánimes.

La Galería Berlín se llena de gritos espontáneos, de pintadas reivindicativas, de textos trazados a la ligera antes que vengan los represores de la existencia cotidiana, de gruesas manchas que atestiguan el horror de lo que no gusta. Es una pintura de acción, un dibujo actuante, una exclamación agónica. La obra de María Rosa Aránega no deja indiferente. No lo hace porque, quizás, hoy todo y, aunque lo malo o lo menos justo duela como siempre, los estridentes gestos de la sociedad pone sordina al dolor. La artista lo hace constar, lo lleva a cabo sin sordinas, a viva voz; con los recursos que todos entienden, con la palabras descarnadas, con los gestos inequívocos de lo que molesta e intenta llamar a las conciencias.

Estamos ante una obra diferente. Ajena a esa plástica efectista, risueña y amable que pinta lo fácil de la existencia. Se trata de una obra llena de energía, conciencia social y entidad artística. Una obra que nos conduce por una pintura que denuncia, que reivindica, que pellizca, que levanta ampollas y que deja ese regusto de un tiempo que parece pretérito pero que está demasiado presente y se teme que siga en un futuro lleno de inquietudes.

Lo mejor de esta joven creadora es su entusiasmo, su verdad, su poder convincente. Nos parece una artista lúcida donde la parcela plástica se sustenta en un clarividente aspecto conceptual que yuxtapone la idea a una ejecución formal llena de sentido y entusiasmo creativos. La política, la sociedad, la gente, el transcurrir diario, lo que avergüenza por violento, dejan su huella para una sociedad que es heredera de un sistema pasado que, a veces, es producto de una sociedad totalmente cuestionable.

La exposición en la Galería Berlín asume la circunstancia de una plástica de denuncia que siempre estará vigente.

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