Crítica de Cine cine

Santa Whitney

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La comedia española sigue buscando actualizaciones posmodernas en la hibridación con las formas y modos de la sitcom televisiva o, como en este caso, con la escena teatral alternativa, de donde viene, precedida de un gran éxito popular, esta Llamada a propósito de la (parodia de la) fe, la conversión y la celebración de la diferencia en un universo pop apto para jóvenes y amantes del petardeo legitimado.

La película, avalada entre otros por Jorge Javier Vázquez (sic), aspira así a darle una vuelta al cine musical con una buena dosis de desparpajo que Ambrosi y Calvo, responsables de la obra original y más sueltos de lo que cabría esperar en un debut, canalizan fundamentalmente a través del registro libre de sus cuatro actrices principales, si bien Belén Cuesta se excede demasiado en ese naturalismo esperpéntico de nuevo cuño en el que Macarena García, Anna Castillo y, sobre todo, la veterana Gracia Olaya, verdadera robaescenas de la función, se desenvuelven con pasmosa energía.

Más allá de su limitado alcance irreverente (Almodóvar ya caricaturizó a unas monjas en Entre tinieblas en 1983), o lo que es lo mismo, en su calculada contención derivada hacia la iconografía y el universo kitsch de consumo nostálgico, La llamada funciona por momentos aislados, en escenas y gags sueltos, antes que en su ensamblaje global, lastrado de altibajos, desfallecimientos y demasiadas oscilaciones dramáticas.

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