Entrevista Antonio Arias | Cantante "El algoritmo que nos imponen las redes sociales nos hacen seres más pequeños"

  • El artista pone voz y música a los poemas de un astronauta de la NASA en 'Hola Tierra' donde invita a observar el mundo desde otra perspectiva y revisiona el rico sonido de los años 60 y 70

Antonio Arias posa antes de presentar ‘Hola Tierra’ en el Instituto de Astrofísica de Andalucía

Antonio Arias posa antes de presentar ‘Hola Tierra’ en el Instituto de Astrofísica de Andalucía / Jesús Jiménez / PhotographersSports

Al Worden participó en la misión Apolo 15 en 1971. El ingeniero estadounidense pasó tres días aislado en la nave que orbitaba la Luna mientras sus compañeros caminaban por la superficie del satélite. Aquella maravillosa experiencia, al alcance de muy pocos, quedó plasmada en su poemario Hello Earth, greetings from Endeavour (1974). Aquel libro cayó en las manos de Antonio Arias (Granada, 1965) hace muchos años. Tal fue el impacto al leerlo que se empeñó en poner música y voz a los versos del astronauta. Finalmente lo ha logrado "aún con las vicisitudes propias de una aventura", reconoce. El artista publicará en junio un disco doble (uno en español y otro en inglés) titulado Hola Tierra, que incluye el poemario, con la ayuda del Instituto Cervantes y el Instituto de Astrofísica de Andalucía (y la audaz dicción inglesa de Anni B Sweet, que participa en dos temas y ayudó a convencer a la familia de Worden para dar el sí al proyecto). Una rica simbiosis entre ciencia y arte donde Arias invita a ver el mundo desde otra perspectiva y revisiona el rico legado musical de los 60 y 70. Prepárense para el viaje. Promete. Además, próximamente el cantante y su banda ofrecerán un concierto desde el telescopio Schmidt del Observatorio de Calar Alto.

-¿Se imaginó alguna vez poniendo voz y música a los poemas de un astronauta de la NASA?

-Ese era el reto desde que cayó el libro en mis manos hace un montón de años. "¿Cómo consigo yo conectar con el astronatura, que me de permiso?", me pregunté entonces. Después de contactar con el biógrafo y la familia conseguimos lo que pedíamos: pedir la luna a través de las manos, los ojos y la experiencia de Al Worden. Ha sido muy gratificante y apasionante porque se trata un proyecto muy pequeño, que empieza en casa. Me dije: "¿Me dejará el astronauta cantar esto?". Conseguimos contactar con él, pero murió. Con las vicisitudes propias de una aventura. Al hacer el disco y reivindicarlo ya formas partes de su historia. Incluso unimos un astronauta de la NASA con la historia cultural de Granada.

-Hola Tierra es el cuarto episodio de Multiverso. Esta vez la perspectiva ha cambiado: se trata de la visión de un hombre sobre la tierra al orbitar la Luna. ¿Cómo ha cambiado eso la concepción del disco y del sonido del mismo?

-La primera sorpresa del poemario es encontrarte plasmada la experiencia de ser humano en el trayecto de la búsqueda de un nuevo sitio, un nuevo hogar. Él vuelve la vista atrás para que todos nos fijemos en nuestro propio hogar, la tierra, no evitando la atracción hacia la búsqueda. Una parte fundamental de los Multiversos anteriores era que miraba desde la poesía el universo. No como metáfora sino de otra forma. Ahora nos metemos en la cabeza de Worden para que él te la gire. Pensaba que iba a ser un disco donde íbamos a hablar de lo mismo: nuestra pasión por la astronomía y la divulgación científica. Pero va más allá. No sólo narra la experiencia del viaje a la Luna y lo que eso significa, sino que nos obliga a mirar nuestro propio espacio con otra perspectiva.

El músico, este viernes en la presentación de su nuevo disco El músico, este viernes en la presentación de su nuevo disco

El músico, este viernes en la presentación de su nuevo disco / Jesús Jiménez / PhotographersSports

-Esa búsqueda de la que me habla en la carrera espacial no sé si la ha sentido en sus propias carnes como músico. Un artista debe reinventarse constantemente a causa del despiadado mercado. ¿Le ha ocurrido en lo creativo?

-Sí. Es un trayecto en el que el motor pensante ha sido la poesía. El tiempo nos empuja a actualizarnos. Avanzo en mi creación, paro, aprendo, abarco otros textos. En la vida artística personal caben todos esos cambios. No se trata de traiciones, sino actualizaciones como si de aplicaciones se trataran para seguir mirando el mundo con curiosidad activa. Trabajando el poemario me ha llevado a recrear la era Apollo. Es un texto tremendo para volver a incidir sobre nuestras grandes influencias: los Beatles, los Doors, Los Ángeles. En resumen, todo el movimiento de los 60 y los 70. Tuve la suerte de poder grabar el disco con Martin Glover Youth en La Casa Estudio. Hicimos una experiencia incluso inmersiva en el lenguaje. Se ha trabajado en inglés con un productor inglés con colaboradores ingleses como Richard Dudanski. Me he acercado a mis propios mitos absolutamente liberado.

-Habla de revisionar ese sonido de los 60 y los 70 con absoluta naturalidad. ¿Qué piensa acerca del debate de la apropiación musical?

-Este disco aborda dos idiomas. La conclusión vital es que los idiomas y las referencias culturales están para ser usadas. Todo es un regalo, no un museo, algo que no se pueda tocar. Hablamos de un legado del pasado que nos han dejado los genios que nos han rodeado. No creo que en la mente de ninguno de esos genios esté nunca el inmovilismo. Recuerdo aquel verso de Juan Ramón Jiménez, el "no le toques ya más, que así es la rosa". Es todo lo contrario. La rosa está para ser diseccionada y estudiada desde cualquier punto de vista. Nosotros, como músicos, estamos influenciados por el háztelo tú mismo del punk. Y como se dice en el anuncio (engola la voz): "Manosea tus raíces". Estoy muy de acuerdo con eso. Todo vale mientras lo hagas con respeto y lo sientas como propio.

-En la presentación del Hola Tierra en Madrid dijo que "estos militares de formación muy estricta viven momentos de epifanía allí arriba y necesitan desarrollarlos con el arte". ¿Concibe el arte como un idioma propio, una manera de comunicarse más? ¿Sólo se podía materializar una experiencia así de impactante a través de la poesía?

-Sí. Cualquier experiencia en la vida convoca un grito interior de difícil expresión. En el caso de Al Worden, tiene el récord de ser el hombre más aislado de la humanidad. Tan aislado que mientras atravesaba la cara oculta de la luna quedaba totalmente incomunicado. Esa sensación creo que no se puede expresar con palabras y gestos propios del mundo militar. Aquello que les dejó mudos sólo pudieron expresarlo a través de ideas artísticas o religiosas. Es la demostración de que la música le pone sonido a las cosas que no tienen palabras.

Otra foto de la presentación de 'Hola Tierra' Otra foto de la presentación de 'Hola Tierra'

Otra foto de la presentación de 'Hola Tierra' / Jesús Jiménez / PhotographersSports

-Los versos de Al Worden plasman bastante bien ese sentimiento de vacío, de estar en la nada del espacio.

-Hay un verso muy bueno del poemario que dice que el tiene que explicar la aceleración en el vacío, pero sólo la distingue los números que se mueven dentro de su nave. Él no nota ninguna velocidad. Esas sensaciones era muy musicales. El tener un texto tan bueno hizo que la música fluyera. Cuando despega, él sólo nota un silencio ensordecedor. Musicalmente se podía aplicar a las canciones.

-"Ahí abajo discutimos sobre razas e ideologías y otros asuntos triviales. Y yo soy parte de ello", escribe Worden. ¿Cree que la sociedad está muy pendiente de peleas en redes sociales, inmersa en la crispación política, y no en las cosas que de verdad importan?

-Sí. En otro verso, él habla de "la necesidad del hombre de despegar sus pies metidos en el fango de la tierra". Nos metemos en el fango de nuestra tierra. Si no levantamos la vista del suelo, la perspectiva del mundo es muy pequeña. En la pandemia se ha visto cómo reacciona el ser humano ante un mal global. Somos globales para el mercado, pero no somos globales para la humanidad. Si no atendemos a la necesidad de la tierra entera no creo que se solucione nunca el problema. Algo que se viene observando en los poemas de Al Worden él deja un mundo con el problema de Vietnam, los movimientos sociales. Siendo militar y republicano, ese punto de vista de la tierra le hace ser un humanista. Los astronautas descubren su humanismo en cuanto salen al espacio. Nosotros podemos volar con ellos y aprender de esas experiencias. Hoy día cualquier pensamiento utópico parece imposible. El viaje a la Luna demuestra lo contrario. Hay gente que lo seguirá negando porque es mejor seguir metido en el fango.

-La pandemia ha sido un caldo cultivo para las teorías de la conspiración y los negacionismos. ¿Qué opina de la gente que no se quiere vacunar?

-Ridiculizar las posturas negacionistas tampoco es el camino. La gente tiene derecho a opinar. Todo es cuestionable. Pero si la opinión es que la ciencia nos lleva a un mundo artificial no es verdad. Es negar la mayor.

-Hoy día vivimos un momento de auge de la ultraderecha, del racismo y del nacionalismo. Al Worden veía la tierra como una sola desde su nave. ¿El arte puede ayudar a luchar contra todas estas cosas?

-En un concierto entra gente de todas las ideologías políticas. Cuando te juntas en un cine, en un concierto, no estás mirando qué color político tiene el de al lado. Disfrutas igual de esa experiencia. Quizá el mundo adolece de esos espacios compartidos de experiencias sociales. Eso ha hecho que la gente, cuando hemos vuelto a las casas, nos hemos posicionado de manera más rígida y no tenemos ganas de oír la opinión contraria. Nos estamos acostumbrando a no tratarnos, a tratarnos desde un búnker, desde el fango del que hablábamos antes.

-Las redes sociales e internet retroalimentan eso. Somos más globales que nunca pero a la vez nos encerramos más en nosotros mismos.

-En las redes, el inequívoco y la malinterpretación se dan más porque no tienes a la persona delante. No te puedes explicar del todo. El algoritmo que nos imponen las redes nos hacen seres más pequeños. Hasta que quepamos en un microchip (ríe). El arte sirve para reunir a gente de distinto signo político en una experiencia colectiva. Una experiencia sanadora tanto artísticamente como políticamente. Si atenderíamos a una teoría de la conspiración, la de cerrar los espacios artísticos y encerrar a la gente en sus casas y que vayan definiendo su algoritmos para que sean más fácilmente manipulables sería una de ellas.

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