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"La belleza es algo que siempre está en los demás, no en nosotros"

  • El posible candidato al Nobel de Literatura ofrece una conferencia en Granada sobre Milosz y Rozewicz y aborda también uno de sus temas preferidos: la belleza

Muchos lo ven ya como un Nobel de Literatura en ciernes, a lo que él responde con una sonrisa incrédula y hasta incómoda. El caso es que su nombre suena en todas las quinielas y él lo sabe. Cuando eso sucede, el destino suele ser inapelable. "Eso tendrán que decidirlo los miembros del jurado de la Academia Sueca", dice de un modo lacónico cuando se le pregunta si confía en el galardón. Adam Zagajewski ( Lwów, Polonia, 1945) es ahora mismo uno de los poetas polacos más importantes de su país y con mayor proyección internacional y uno de los nombres que más impactan al lector de cualquier parte del mundo. Ayer estuvo en Granada, en la Facultad de Filosofía y Letras, y habló de una de las cosas que más le interesan: la belleza.

Adam Zagajewski consiguió atraer a un buen número de estudiantes eslavos que le pidieron autógrafos y se fotografiaron con él. Él acudía a Granada, invitado por el departamento del Filología Eslava de la Universidad de Granada, a hablar de dos de sus poetas favoritos, Czeslaw Milosz y Tadeusz Rozewicz, con la conferencia Cómo emplear las ruinas mientras se construye una nueva ciudad (algunos elementos de la experiencia polaca registrados en la poesía). En su disertación habló de la forma en que periodos convulsos, como la Segunda Guerra Mundial, afectan también a la poesía, a la necesidad de buscar palabras ciertas, directas, reales. Mediante la comparación de dos poemas escritos por Milosz y Rozewicz entre 1945 y 1955, Zagajewski analizó la realidad de su país.

Pero el poeta, autor de libros como Antenas o Dos ciudades, es famoso por una peculiar idea que ha ido desarrollando a lo largo de los años: el concepto de que la belleza es algo que sólo está en los otros, no en uno mismo.

"Tal y como lo entendemos, nosotros no necesitamos mucho de nosotros mismos", explicaba tras el final de su conferencia. "La dirección a la que vamos es hacia la contemplación, porque la belleza está fuera de nosotros. El arte nunca está en nosotros, incluso si llegamos a producir arte. Percibimos algo distinto en lo que nosotros mismos hemos creado". "Yo nunca leo mis propios poemas", aseguraba. "Leo los de los demás, los imagino, los disfruto, pero no me interesa leer lo que ya he escrito".

-¿Ni siquiera mientras está creando, en ese preciso instante en que siente el placer de crear, en que siente la hermosura de la creación?

-Lo que uno experimenta en esos momentos no es la belleza, sino el poder de la inspiración. No se disfruta de la belleza de lo que se hace, sino de todas las posibilidades que tiene. El artista, en el momento de crear, no está fascinado por la belleza del arte, sino porque vislumbra en ese momento toda una serie de oportunidades para alcanzar una belleza. Pero también sabe que no está en condiciones de lograrla. Creo que se trata de un instante muy platónico: ves el mundo de las ideas y tratas de perseguirlo, pero eres consciente de que no llegarás a conseguirlo. Somos como l os invitados transitorios a una fiesta?

-¿Cuánto hay de juego, de sensación de juego, en el momento de la creación?

-Bastante. Mucho. Hay mucho elemento de juego, de alegría, pero también hay muchos elementos trágicos. En un mismo momento, un hombre que crea es un hombre que disfruta y sufre, es un hombre que al mismo tiempo ríe y llora.

-Ésta es su primera visita a Granada, la tierra de Federico García Lorca. ¿Qué importancia tiene para usted García Lorca?

-Para mí, Federico García Lorca es uno de los grandes poetas europeos del siglo XX. Debo aclarar que para mí hay dos: Antonio Machado y Federico García Lorca, y no sabría con cuál quedarme, aunque presiento que quizá me inclinaría por Machado. Pero los dos son dos cumbres de la gran poesía europea del siglo XX y se me haría muy difícil de elegir entre ambos. Por otra parte, leyendo a García Lorca, no puedo evitar en recordar toda la leyenda que rodea su tragedia y es algo que me impresiona muchísimo.

-Usted combatió contra el totalitarismo comunista en su país durante los años sesenta hasta que decidió marcharse de allí. ¿Cómo ve los tiempos que corren? ¿Cree que el totalitarismo comunista está siendo sustituido por el totalitarismo capitalista?

-Bueno, en realidad no me fui de mi país por cuestiones políticas, sino por amor. Me fui siguiendo a la mujer que luego terminaría siendo mi esposa. De cualquier modo, no creo que hoy se puedan poner al mismo nivel el comunismo y el capitalismo. El capitalismo no es ningún sistema ideal para nadie, pero al menos uno sabe a qué atenerse. Yo no plantearía el antagonismo entre capitalismo y comunismo, sino como el antagonismo entre democracia y comunismo. Y, a pesar de los defectos de las democracias actuales, son excelentes.

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