"En cierto modo, los periodistas somos también educadores"
El periodista ofreció ayer una conferencia en el Centro Cultural Nuevo Inicio dentro de los actos de clausura de la exposición 'La Cruz Gloriosa, Armenia 1915-1918'
Dicen que un periodista es, en cierta medida, los personajes a los que ha entrevistado. En el caso de José Antonio Gurriarán (O Barco de Valdeorras, 1939), su biografía profesional está unida a Salvador Allende, Indira Gandhi, Jacqueline Kennedy, Salvador Dalí, Felipe de Borbón... Pero no necesita tirar de celebridades para hacer atractiva su biografía personal.
-Se ve envuelto en un brutal atentado de un grupo terrorista armenio en 1980 y en vez de mascullar venganza acaba reuniéndose en Líbano con los autores. ¿La curiosidad ante todo?
-Sí, soy periodista y no me gusta dejar ninguna puerta cerrada. Tiene que ver con el Síndrome de Estocolmo porque he comprobado que no sólo afecta a los secuestrados. En mi caso, que vayas a ver una película de Woody Allen en la Navidad de 1980 en Madrid y acabes sufriendo un ataque terrorista armenio es un poco surrealista. Yo no sabía casi nada de los armenios, pero me entró curiosidad por saber. Yo era pacifista y mis ídolos eran Gandhi Luther King... Me dejaron tocado para el resto de mi vida y yo les exigía el derecho de hablar con ellos. Al final conseguí localizarlos en Líbano.
-¿Habría tenido la misma reacción de haber sido una víctima en el 11-M?
-Yo creo que exactamente igual. Lo que te sorprende es que haya gente capaz de hacer estas cosas. En mi caso me topé además con el genocidio armenio, que es el gran tema, cómo en pleno siglo XX era casi ignorado un genocidio en el que murieron 1.500.000 de armenios y que fue el que inspiró a Hitler.
-Sus terroristas abandonaron las armas y ahora se dedican a tareas humanitarias. No parece un caso futurible en el caso de ETA...
-Yo creo que es un caso ejemplarizante. Armenia consiguió la independencia porque cayó el muro de Berlín y se desmembró la URSS, no por sus atentados. Ellos admiten que algo de razón hay en eso, pero me parece maravilloso que un grupo terrorista esté ayudando a niños con problemas psíquicos y físicos y me gustaría que ETA tuviera también la capacidad humana e intelectual de hacer eso. Yo defendí el diálogo con ETA hasta el atentado de la T-4.
-Pero la imagen que llega a los medios de los etarras no es precisamente de gente de nivel intelectual, sino de un grupo de fumadores de hachís que hicieron un curso por correspondencia de cómo ser un terrorista...
-Sí, parece que tienen poco nivel intelectual y humano. ETA no ha tenido un personaje de la talla de Gerry Adams, capaz de negociar y cumplir su palabra.
-Ha sido, entre otros muchos cargos, director del 'Telediario' del fin de semana que presentaba Carandell y director de informativos de 'Canal Sur'. ¿Se ha visto metido en la dinámica de sacar los temas que marca la agenda aparcando otras informaciones más interesantes pero menos mediáticas?
-Hay que luchar contra eso porque es adocenamiento. También están esos programas que llaman del corazón y que Umbral llamaba "de la hiel". Eso no es periodismo, es mierda. Creo que los responsables de los medios deberían apretar al periodista para no caer en esto. Las facultades de Ciencias de la Información no deben quedarse en enseñar sólo la estructura piramidal de la noticia y cómo se redacta, hay una ética periodística porque en cierto modo, los periodistas somos también educadores. O al menos deberíamos serlo.
-¿Recibimos información de calidad?
-Todavía hay gente que no entra en la tortuosa espiral del periodismo mediocre. Yo fui director de un periódico de Santander y un día entrevistaron a Gerardo Diego. Al poco me llamó irritado porque el periodista le había preguntado cuál era su última obra. Y tenía razón Gerardo Diego en enfadarse. Es que sólo falta que un periodista te pregunte cómo te llamas. En nuestro país estamos además 'encoñados' en el tema político, estamos metidos en ese periodismo bastardo.
-Ha entrevistado a buena parte de los iconos del siglo XX. ¿Aportan algo personalmente estas entrevistas o sólo sirven para alardear en la reuniones con amigos?
-Siempre te enriquecen, no sólo en lo cultural, también observando cómo es el ser humano. Los sabios son modestos; el petulante es el político o el periodista de segunda fila. Por ejemplo, entrevisté a Antonio Banderas cuando rodaba La casa de los espíritus en Portugal. Me sorprendió que no me hablara sólo de cine e incluso me recitó a Lorca.
-¿Y Jacqueline Kennedy ?
-Ella vino a Sevilla y estaba en la Casa de Pilatos en una época en la que se decía que era novia del embajador Garrigues, pero era sólo amiga y luego se casó con Onassis. Un familiar mío que era policía me dejó entrar. Yo iba con esmoquin, por lo que ella me debió tomar por camarero o por alguien importante. Me acerqué a ella y le dije que era periodista y que quería entrevistarla. Me podía haber mandado a hacer puñetas pero se dejó. Saqué la entrevista en Semana, que por entonces no era una revista del corazón.
-Precisamente estos días, con el estreno del 'biopic' sobre el Príncipe Felipe, se ha recuperado la entrevista que le hizo al Príncipe de Asturias cuando estudiaba en Canadá.
-He de confesar que se habla mucho de mí por esta primera entrevista al Príncipe, pero la hice junto a Martínez Durbán. Me pareció un personaje diferente. Su madre Doña Sofía exigió que viviera con otro chico en una habitación pequeñísima donde hacía un frío horroroso. Yo, que soy intelectualmente republicano, he de confesar que el Rey Don Juan Carlos me cae muy bien porque gracias a él tenemos democracia. Que no me lo toquen.
-¿Un republicano en excedencia?
-Soy un republicano que votaría al Rey. Cuando escribí La bomba el Rey me recibió en La Zarzuela. Yo iba con las piernas escayoladas y él apareció con el brazo también escayolado por un accidente doméstico. Me dijo que parecíamos dos mutilados de guerra.
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