Clasicismo y legado musical
Philipp von Steinaecker dirige a la OCG con una interpretación a caballo entre el pulso teatral y una sólida arquitectura sinfónica
La pasión reconstruida de Johann Sebastian Bach
La Orquesta Ciudad de Granada retoma el ciclo sinfónico con la visita del galardonado director alemán Philipp von Steinaecker, una batuta fresca y de consolidada carrera que nos enlaza con el legado de grandes directores como Claudio Abbado o John Eliot Gardiner. Para su primera visita al podio de la OCG trajo un programa enraizado en el Clasicismo vienés, con obras de Mozart y Beethoven, y una tercera pieza de Richard Strauss que – con más de cien años de distancia – es en cierto modo deudora de la arquitectura sinfónica de los grandes maestros clásicos. El programa propone, de este modo, un recorrido coherente y bien hilvanado entre tres hitos de la historia de la música europea: el clasicismo tardío de Mozart, el refinado neoclasicismo de Richard Strauss y la fuerza fundacional del primer romanticismo beethoveniano. Un tríptico de enorme exigencia estilística que la Orquesta Ciudad de Granada abordó con ambición y personalidad, en una velada que fue creciendo en intensidad.
Philipp von Steinaecker, director de gesto claro y pensamiento musical profundo, sorprendió con una dirección ágil y muy vivaz que, descargada de todo artificio, evidencia una formación ligada a la práctica históricamente informada; esto se traduce en lecturas atentas al detalle, pero no por ello necesariamente académicas. Su trabajo con la OCG evidenció una cuidada planificación del discurso, una atención constante a los equilibrios internos y una concepción orgánica de la forma, especialmente perceptible en la progresión dramática del concierto. Steinaecker supo, además, adaptarse con naturalidad a los distintos universos estéticos del programa, sin forzar rasgos comunes, pero dotando al conjunto de una lógica expresiva compartida.
La velada se abrió con la obertura de La clemenza di Tito de Wolfgang Amadeus Mozart, planteada desde un tempo dinámico y muy vivo, que subrayó el carácter triunfal y teatral de la página. La OCG respondió con agilidad y precisión, articulando con claridad los contrastes entre los bloques temáticos y manteniendo una tensión rítmica constante. Destacó el empuje de las cuerdas, bien apoyadas por unos metales firmes pero contenidos. La dirección de Steinaecker evitó el exceso de solemnidad para apostar por la energía y la fluidez, anticipando ya un Mozart que mira hacia el futuro.
Orquesta Ciudad de Granada: Mahler I
Programa: Wolfgang Amadeus Mozart, obertura de La clemenza di Tito K. 621; Richard Strauss, El burgués gentilhombre op. 60; Ludwig van Beethoven, Sinfonía núm. 5 en Do menor op. 67.
Orquesta Ciudad de Granada
Director: Philipp von Steinaecker
Lugar y fecha: Auditorio Manuel de Falla, 16 de enero de 2026
Clasificación: 4 estrellas
El núcleo central del concierto estuvo ocupado por la suite de El burgués gentilhombre, op. 60 de Richard Strauss, donde director y orquesta desplegaron un trabajo preciosista de tímbrica, especialmente atento al carácter camerístico de muchos pasajes. Steinaecker supo extraer de la partitura ese delicado equilibrio entre ironía, elegancia y nostalgia que define el Strauss neoclásico, explorando con mimo los colores orquestales y dejando respirar las texturas. Resultaron especialmente logrados los números de danza, con una rítmica flexible y natural, así como el lirismo de las partes solistas, donde brillaron maderas y cuerdas en diálogos de gran finura; el fraseo cantabile en la Entrada de Cleonte, la sutileza del Minueto de Lully o el ingenio casi teatral de La cena fueron algunos de los momentos más celebrados. La OCG mostró aquí su mejor cara en términos de escucha interna y complicidad musical.
Tras el descanso, la Sinfonía núm. 5 en do menor de Ludwig van Beethoven confirmó la solidez del planteamiento global. La interpretación consiguió hacer vibrar una vez más este hito de la composición gracias a una combinación muy bien dosificada de expresividad y dinamismo. El célebre motivo inicial se presentó con contundencia, pero sin rigidez, integrándose en un discurso en constante tensión. El Andante con moto ofreció un hermoso contraste lírico, cuidadosamente modelado, mientras que el tránsito del Scherzo al Allegro final se resolvió con gran sentido dramático. Steinaecker evitó la grandilocuencia fácil, apostando por una construcción progresiva que desembocó en un final luminoso y afirmativo, sostenido por una orquesta concentrada y generosa en entrega.
En definitiva, asistimos a un concierto que, en suma, confirmó el buen momento artístico de la Orquesta Ciudad de Granada y la fecunda sintonía con un director que entiende la música como diálogo entre rigor y emoción. Una velada que, sin necesidad de artificios, recordó por qué estas obras siguen hablándonos hoy en día con la fuerza de un legado histórico imponente.
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