julio llamazares. escritor

"La comercialización ha extirpado las catedrales de la vida de sus ciudades"

  • El autor regresa a las librerías con 'Las rosas del sur': la obra que cierra su viaje por las seos españolas

  • El autor reconoce que la visita a la Catedral de Guadix ha sido una sorpresa

El escritor leonés Julio Llamazares, delante de la catedral gaditana. El escritor leonés Julio Llamazares, delante de la catedral gaditana.

El escritor leonés Julio Llamazares, delante de la catedral gaditana. / lourdes de vicente

-con 'Las rosas del sur' (Alfaguara) cierra un recorrido de 17 años por las catedrales de España. ¿Qué evolución ha visto en la relación con nuestro patrimonio?

-A lo largo de la historia, las catedrales han sido elementos sensibles que reflejan los cambios sociales, culturales, religiosos o políticos. En los últimos años, ha cambiado el sentido e incluso el significado de las catedrales. Cuando yo empecé mis viajes, pocas eran las que se habían cerrado a la explotación turística: ahora, es casi al contrario. La mayoría son ya museos para turistas.

-¿Qué le llevó a plantearse un recorrido como este?

-Ha sido mitad por inconsciencia y mitad, por fascinación. Sin ser religioso, siempre he sentido gran atracción por este tipo de edificios. Quizá tenga su origen en la primera vez que vi la catedral de León, donde habría ido con mi padre a comprar algún abrigo o algo así, y esa imagen tan impactante ha estado siempre flotando. Siempre que luego visitaba una ciudad, era obligatorio ver la catedral. También, el objetivo realmente era realizar un viaje por toda España a través de sus catedrales, de sus "rosas de piedra".

-¿Es posible averiguar cosas del carácter de un lugar a través de sus catedrales?

-Lo reflejan muy bien, de hecho, no sólo el espíritu sino la historia de las regiones. En España está muy claro: la mayor parte de las catedrales del norte se construyeron durante la Edad Media, y los estilos predominantes son el románico y el gótico, mientras que en el sur predominan el renacentista y lo barroco. Los templos iban levantándose conforme se iba conquistando terreno a los árabes, y la mayoría se construían sobre antiguas mezquitas; otros, conservaban algunos de sus elementos. Y todo esto no sólo se nota en el arte y en la arquitectura, sino también en el ambiente que hay en todas las catedrales. Por ejemplo, la de Cádiz está claro que es producto de una ciudad que tuvo una gran eclosión en el siglo XVIII, por el comercio de Indias. Pero todo queda registrado en ellas, las guerras, las invasiones, los milagros... todo queda registrado en esos fabulosos libros de piedra.

-Muchas veces, cuando las visitamos, parece que vamos a bulto, sin saber mirar.

-No sólo nos pasa con las catedrales, sino con cualquier tipo de elemento arquitectónico o del paisaje mismo... En una época tan visual, nos falta educación de la mirada: nos falta saber mirar, porque mirar supone un ejercicio activo. Para eso hacen falta tiempo, paciencia, conocimientos... Si sabes un poco de geografía o de geología, disfrutas mirando un paisaje, porque lo entiendes más. Hemos de mirar las catedrales deshojándolas como si fueran, en efecto, rosas de piedra, para captar toda su esencia y espíritu.

-¿Qué podría ser distintivo de las catedrales gaditanas?

-Cada una de ellas define muy bien su territorio. La de Cádiz es grandiosa y asomada al mar: es una gran caracola, sensación que refuerzan las reverberaciones de la cripta. Es una catedral rica, que se levantó cuando la vieja "se quedó pequeña". Tanto la catedral antigua de Cádiz como la de Jerez responden a la historia más antigua de sus poblaciones: sobre el trazado de mezquitas, de cuando Cádiz era una pequeña población en una; y de cuando se trasladó la diócesis de Medina Sidonia, en el caso de Jerez. La catedral de Cádiz se refleja en el mar y está muy cerca del agua: cosa que sucede en muy pocas ocasiones, pues la mayor parte de las catedrales se construían alejadas del mar, por los posibles ataques.

-Da la sensación de que las catedrales se han convertido en mundos aparte, segregados del lugar en el que están.

-Las catedrales, que eran el corazón y centro de las ciudades, han quedado desplazadas. En parte, por la desacralización pero, sobre todo, por la comercialización: además de culto, antes eran un lugar de encuentro, de reflexión, de paz, de refugio del tiempo... Eso ha desaparecido por completo desde el momento en el que sólo se dedican al turismo. Es como si a un cuerpo le separas el corazón. Fíjate que, cuando se cobra entrada, es muy raro ver a un vecino de la ciudad dentro. Siempre cuento esta anécdota, más bien triste, de una vez que pregunté a un lugareño si sabía de qué época era la catedral: "Ah, no sé -me dijo-, yo es que soy de aquí". Cuando extirpas un patrimonio de la ciudad en que habita, los habitantes dejan de sentirlo suyo y le dan la espalda.

-Cobrar entrada y no pagar el IBI. Pero las restauraciones son de todos.

-Tenemos un debate pendiente sobre cómo mantener el patrimonio, en general, que necesita mucho esfuerzo y dinero, y que debería ser obligación de todos. La exención de impuestos a la Iglesia podría tener cierto sentido en templos, pero no en lo demás. Mira el ejemplo de la mezquita de Córdoba: el año pasado, registró 1,8 millones de visitas. La entrada cuesta diez euros: 18 millones. Pero cuando ha habido que restaurar, se ha tirado de dinero público y fundaciones. Lo que deberíamos es no considerar el patrimonio como un gasto, sino como un inversión directa.

-Mezquita-catedral.

-A mí tampoco me gusta. La mezquita es como muñeca rusa con un templo cristiano dentro de uno árabe: son artes muy diferentes, que se pelean entre sí, y produce una desazón continua cuando pasas de un mundo a otro en dos metros. Esa frase de Carlos V, que había autorizado el templo cristiano: "Habéis destruido lo que era único en el mundo para hacer algo que se puede ver en todas partes". Creo que la belleza de la mezquita es tal que no hubo quien se atreviera a acabar con ella.

-¿Qué catedrales considera que son tesoros ocultos?

-Pues, por ejemplo, las pequeñas catedrales románicas que sobrevivieron porque sus diócesis eran pobres y no podían asumir el despliegue del gótico. La Seo de Lérida, la de Jaca, la Roda de Isábena (Huesca)... De entre las que no conocía, me han gustado mucho las de Jerez, la de Guadix, Orihuela... Siento debilidad por los templos de aquellas ciudades que no son capitales de provincia y sus catedrales conservan su carácter episcopal, porque ejercen como iglesias mayores y la ciudad sigue girando en torno a ellas.

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