Entrevista Rafael Guillén | Poeta "La humanidad ha demostrado a través de la historia no tener dos dedos de luces"

  • El escritor granadino publica un poema inédito, 'Las calles vacías', en mitad de la crisis sanitaria

  • Hablamos con él sobre la pandemia, el virus de la soledad, las noticias falsas y su generación

Rafael Guillén (Granada, 1933), en la presentación de su último libro. Rafael Guillén (Granada, 1933), en la presentación de su último libro.

Rafael Guillén (Granada, 1933), en la presentación de su último libro. / Carlos Gil

"Un gong se ha oído en todo el mundo. Un silencio se ha oído en todo el mundo. A las calles vacías, la multitud se asoma por detrás de los cristales empañados. Se detiene el reloj y el tiempo sigue girando en torno de sí mismo". Ni la crisis sanitaria, ni la senectud han impedido a Rafael Guillén escribir versos durante el confinamiento. El autor granadino ha publicado en internet un bello y doloroso poema inédito a propósito de la terrible situación (con un guiño al artista Giorgio de Chirico y a su pintura metafísica). El autor granadino está curtido en mil batallas: la Guerra Civil Española y la posguerra le pilló siendo un crío. También sobrevivió a la época de represión franquista. "Tuve problemas en los tiempos de la dictadura", aseguró en la última entrevista con este periódico. Aunque de eso no le gusta hablar demasiado.

"A mi familia y a mí, de momento, nos está respetando la pandemia; si se refiere a eso. No quiere esto decir que me encuentre bien. A mi edad es casi imposible", responde el poeta con su habitual retranca cuando se le pregunta cómo está. Guillén contesta una a una a las preguntas del cuestionario sobre la pandemia, el virus de la soledad, las noticias falsas y su generación. Sabio y muy sereno, este Premio Nacional de Literatura da con algunas de las claves de la vida misma. "El amor y sus múltiples manifestaciones (solidaridad, sinceridad, fraternidad) nos pueden salvar de este mundo egoísta. Y, junto con el amor, la verdad", zanja. No dejen de escucharlo y de leerlo. Hay mucho que aprender de él.

-¿Qué ha cambiado en su día a día desde la declaración del estado de alarma?

-Mucho: mi relación personal con familiares y amigos, un contacto físico, una cercanía que siempre fue importante para mí. También mi situación con respecto a la naturaleza: el mar, los bosques, las montañas. Por más que ya esta relación se había visto ya reducida a unos paseos mañaneros y a deliciosas escapadas a algún ventorro con mis hijos.

-¿Esta situación le inspira nuevos versos? ¿Saldrá un nuevo poemario del encierro?

-Cualquier situación puede ser digna de unos versos. Quizá hace treinta años hubiese generado algún poema más. Ya escribo poco. El breve libro que ha aparecido recientemente titulado Últimos poemas (Lo que nunca sabré decirte) ha sido fruto de unos cinco años de vida.

-Ha publicado online un nuevo poema, titulado Las calles vacías. En él habla de algo "desconocido" e "invisible". Imagino que se refiere al coronavirus. ¿Cuándo y por qué escribió este poema?

-Esta situación ha sido provocada por un virus; pero podía haberlo sido por otra causa: un cataclismo, una guerra mundial, una hambruna, una plaga… Así que cuando digo "algo desconocido" me refiero a algo que no alcanzamos a comprender, a medir en toda su terrible dimensión. Este poema es fruto de una conmoción. Como todo poema debe serlo.

La obra 'Plaza de Italia con fuente' de De Chirico, autor al que menciona Guillén en su poema, bien podría ser una estampa de estos días. La obra 'Plaza de Italia con fuente' de De Chirico, autor al que menciona Guillén en su poema, bien podría ser una estampa de estos días.

La obra 'Plaza de Italia con fuente' de De Chirico, autor al que menciona Guillén en su poema, bien podría ser una estampa de estos días. / De Chirico

-¿Hay algo peor que esta pandemia?

-No lo sé. El virus es la promesa de una agonía. Y la agonía es peor que la muerte. La muerte es sólo el nombre que le hemos dado a ese segundo en el que se deja de ser. Y, así considerada, la muerte no existe, como he dicho en alguna otra ocasión.

-"Desde cada balcón, por las paredes, se descuelga la soledad", se lee en su poema. ¿Qué opina sobre el virus de la soledad? ¿Y el de la insolidaridad?

-Para la soledad se queda corta la palabra virus. La insolidaridad, por otra parte, no tiene nada que ver con la soledad. Se puede ser insolidario solo o acompañado.

-¿Cambiará la sociedad después de esta crisis sin precedentes?

-No creo. La humanidad, en su conjunto, ha demostrado sobradamente, a través de la historia, que no tiene dos dedos de luces.  

-¿Sólo el amor nos puede salvar de un mundo tan egoísta?

-Pues sí. El amor y sus múltiples manifestaciones: solidaridad, sinceridad, fraternidad… Y, junto con el amor, la verdad.

"La insolidaridad no tiene nada que ver con la soledad. Se puede ser insolidario solo o acompañado"

-Usted vivió la Guerra Civil Española siendo un crío y después la posguerra. ¿Qué podemos aprender de su generación?

-¡Son tantas las enseñanzas! Le voy a contestar con algunas frases hechas. "Gato escaldado", "lo primero es antes", "estamos vivos de milagro", "quién nos lo iba a decir" y una, que se debe a mi caletre, y se hizo popular en la expedición cuando, atravesando el desierto del Sahara, alguien me preguntó: "¿cómo crees que saldremos de ésta?" y le contesté: "lo más probable, es que ya veremos. Creo que sería una buena respuesta cuando preguntan cómo será el mundo después de esta pandemia.

-Vivimos en la era de la sobrecarga informativa y los bulos. ¿Cómo se lucha contra las paparruchas, las noticias falsas?

-Se puede luchar como Don Quijote contra los molinos de viento. Pero sería igual de inútil. Habría que ir contra quienes las propagan. Y ya me contará usted. Las noticias falsas tienen múltiples orígenes: la maldad, el fanatismo, la envidia, el odio, el resentimiento y, en general, el reconocimiento de la propia insignificancia. 

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