eduardo guererro. bailaor

"Si el flamenco hubiera nacido en otro país estaría mejor valorado"

  • El artista gaditano es el autor y protagonista del espectáculo anual que gira el Festival Cante de las Minas

  • El montaje aterriza hoy en Motril a las 22:00

Eduardo Guerrero en una fotografía promocional del espectáculo 'Faro'. Eduardo Guerrero en una fotografía promocional del espectáculo 'Faro'.

Eduardo Guerrero en una fotografía promocional del espectáculo 'Faro'. / g.h.

La imagen del faro, de la persona encargada de cuidarlo, el farero, y del mar han sido objeto de inspiración desde hace siglos. Cernuda, Benedetti, Storni, Borges o Keats se han dejado seducir por su belleza -y carácter indómito- y lo han plasmado en sus poemas. Al igual han hecho en el espectáculo que produce y gira el Festival del Cante de las Minas. Faro trata de evocar "la belleza y la elegancia" de estas edificaciones clave en los puertos a través del flamenco. Su creador y protagonista, el bailaor Eduardo Guerrero (Cádiz, 1983), cuenta que no es "un montaje tradicional" y que en él la gente descubrirá "cómo baila él en cada una de las etapas del flamenco". El artista gaditano lo presenta hoy sobre las 22:00 horas a los pies del Faro de Sacratif, en Motril, acompañado por el guitarrista Javier Ibáñez, y los cantaores Manuel Soto y Anabel Rivera.

-¿Qué trata de contar con este espectáculo?

-La relación que tiene el flamenco con los faros. Cada número es un pequeño mosaico, un microbaile integrado en el montaje. Hay mucha poesía en él. La imagen del faro es algo muy estético. Eso buscábamos con este montaje, que fuera estético y elegante.

-¿Qué relación se puede establecer entre el flamenco y los faros? ¿La belleza que evocan al verlos?

-Yo vivo en Cádiz. Vivo enfrente del faro de la Caleta. Me encanta ver cómo alumbra la ciudad por la noche y cómo ese halo de luz mancha la ciudad creando sombras. Ese sonido del mar. Todo es muy poético y se puede trasladar a la escena.

-El mar es algo que te agarra la tripa si naces y vives al lado de él.

-Para la gente que vivimos cerca del mar es algo necesario. Nos da vida. Es algo que va y viene, no como una carretera o un edificio. Yo necesito ir a la playa, ver el mar, estar cerca de lo que me representa.

-Lleva desde 2011 ideando montajes. ¿Qué es lo más complicado a la hora de crear? ¿Financiar todos esos meses de duro trabajo?

-Vas creando y vas pagando. Jaja. La producción se va encareciendo cada vez más porque tus metas son mayores. Al final lo que ganas con un montaje lo inviertes en el siguiente.

-Su último espectáculo es muy ambicioso. A solo piece for a flamenco dancer aúna danza, música electrónica y artes visuales.

-La Bienal de Amsterdam me lo pidió para su inauguración. Ellos querían algo transgresor, que tuviera que ver con el audiovisual y el espacio sonoro. Aún así se hizo flamenco, que es lo único que sé hacer. No es ni más moderno, ni más contemporáneo. Es un flamenco adaptado al momento que nos ha tocado vivir. Sin más. No es por transgredir, ni por diferenciarte de los demás. Vivimos pegados a la tecnología y tenemos que adaptarnos.

-¿Ha sido uno de los mayores retos en su carrera?

-Sin duda. A los artista que tenemos cosas que contar cuando le proponen algo diferente aceptamos. Aceptamos sentir ese riesgo, ese morbo de la creación.

-¿Se pone algún límite a la hora de crear?

-No, no. Los abandoné cuando descubrí que amaba el arte, y el arte está hecho sin más para no tener barreras. Si no, no evolucionas nunca.

-¿Qué les parece el trabajo de Rocío Molina, Belén Maya, Patricia Guerrero e Israel Galván?

-He trabajado mucho con Rocío Molina. De hecho, compartíamos piso en Madrid cuando nos fuimos a estudiar allí. Me hablas de gente joven que tiene que contar cosas. No queremos cambiar el flamenco, lo que queremos es contar nuestro flamenco.

-¿Pero llegar hasta ahí es complicado, no? El miedo a no gustar le tiene que paralizar.

-Siempre intentas agradar a la mayoría, pero al final te das cuenta de que si no eres tú el que eres feliz no vas a conseguir nada. Tienes que ser tú mismo. Al principio tiene los mismos miedos que cualquiera. Con el tiempo aprendes que la crítica de alguien no es tan importante como para que no te deje hacer lo que a ti te gusta.

-¿Se sienten los flamencos más valorados fuera que dentro de España?

-Aquí en España no se valora el flamenco como en otros países. No contamos con ese apoyo por parte del gobierno que nos ayude a seguir creando. No contamos con los espacios suficientes. No contamos apenas con ayudas para proyectos y así poder girar por otros países. Todo eso nos harían más grandes. Prefieren preocuparse de otras cosas que de nuestra cultura. Si el flamenco hubiera nacido en otro país estaría mejor valorado. El título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es sólo un nombre.

-¿Ese título ha cambiado algo?

-Nada. Había que reconocerlo, pero es como hacerle un homenaje a una persona que ya no está. Los homenajes o se hacen en vida o no vale para nada.

-¿Hay menos hueco para el flamenco en las programaciones de los teatros españoles?

-Sí, hay menos hueco y menos espacios. Estamos olvidándonos de nuestras raíces. No podemos vender en Madrid un musical sobre El Rey león durante cuatro años, y que vayas por la Gran Vía y no haya ningún espectáculo de flamenco. No tiene sentido. Este país cada vez cree menos en nosotros.

-¿España tiene un problema con su autoestima?

-España tiene un problema en general. Jajaja. Y con la cultura sobre todo. En Francia cuando te quieres jubilar como artista te reciclan. Te pagan una preparación. Te preparan para ser acomodador, técnico de luces, un regidor, un sastre. Todos han sido artistas y todos están reciclados y viviendo para el arte. Por eso funciona el arte allí. Porque han sido antes artistas y ahora están apoyados a otros de su gremio.

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