Flamencoh lateral

La propuesta ha venido a mostrar que el uso de herramientas o digital audio workstation han venido para quedarse y abrir nuevos horizontes sonoros

Una Feria en absoluta proyección

Un momento del concierto de clausura. / Guille Luis

Es siempre motivo de alegría que emerjan primeros acontecimientos, primeros encuentros que se convierten en nuevas ocasiones para apreciar y observar los comportamientos artísticos que encarnan aquellos que están en su sitio, es decir, creando como exigen los tiempos que corren y de acuerdo con su generación, tal y como decía Rafael Agredano allá por 1973. Hay infinidad de lugares y propuestas en nuestra ciudad para presenciar un flamenco clásico, conservador y patrimonialmente amable y reconocible; pero hay muy pocas -verdaderamente escasas- oportunidades para vivir y con-vivir con otras maneras de ser flamenco hoy.

Cuando lo contemporáneo se ofrece como valor comercial y de cambio en algunas iniciativas que están lejos de reivindicarlo, Miguel Ángel Moreno Carretero -director de Lateral Granada- y Silvia Moreno Ferri -fundadora de Oh, Salvaje-, han ideado un ciclo que quizás presenta en Granada una manera de ser-flamenco-en-frontera, un flamenco lateral.

Y afirmo esto porque lo visto, oído y vivido este fin de semana en el auditorio del Centro Federico García Lorca, dentro del ciclo Oh Lateral y en el marco de la III Feria de Arte Lateral que acaba de concluir ha sido sin duda una oportunidad para contemplar cómo dialogan artistas, prácticas y saberes que tienen en lo flamenco su núcleo estético. Para todo aquel que niegue la flamencura en cuantito deja de reconocer patrones rítmicos o códigos semánticos convencionales, la jungle farruca de la productora y DJ Dalila en “Cieguita” o el sampleo noise de Derek van den Bulcke -AKA Flamante para la afición- abrieron la senda el pasado viernes para que la voz de Ángeles Toledano, siempre minuciosa y siempre cantaora, habitara la Habanera imposible de Carlos Cano, un canto popular de Doña Mencía, la conocida canción Los cuatro muleros o la potente Seguiriya de su Sangre Sucia en versión drum and bass con Dalila; todo ello con la naturalidad que les da a los tres nutrirse de la raíz experimental del flamenco -porque sí, el flamenco es experimental también por ADN-.

Ya el sábado se subieron al escenario del Centro Lorca Quintín Vargas -más conocido como Quentin Gas, autor del mejor LP de 2025 para Mondosonoro con El mundo se quema- y Bego Salazar, cantaora con una potente personalidad artística abierta al neo soul, al jazz o al hip-hop. El terso torrente vocal de Salazar contrastó de manera radical con la marea musical siempre bailable de Quentin, que también ofreció su Manque pierda o una peculiar lectura breakbeatera del Zorongo gitano lorquiano.

Como clausura tuvimos al productor y dj Fernando Vacas -que ya nos visitó hace casi una década con su ópera flamenca A través de la luz- con la promesa de ofrecer una “mirada oblicua” sobre Federico García Lorca y Vicente Escudero. Y tan oblicua que resultó anecdótica y meramente testimonial; la propuesta del músico cordobés se hizo interminable y francamente cansina a través de una concatenación incomprensible de ritmos afrocaribeños en los que insertó de manera tosca la seguiriya o alguna marcha procesional -un recurso ya verdaderamente manido-. El bailaor Miguel Perandrés generó fe estética en el público durante dos intervenciones en las que la electrónica lo abrumó y silenció, a pesar del interesante vocabulario gestual y percusivo desplegado.

En cualquier caso, Oh Lateral ha venido a mostrar lo que ya es un rasgo distintivo en el flamenco de hoy: el uso de herramientas o digital audio workstation como Ableton Live -con filtros y efectos de muy diversas tipologías- y de instrumentos como un teclado Midi, el Kaossilator o un Theremin. Estos recursos, obviamente muy conocidos en otras escenas musicales, han venido al flamenco para quedarse y abrir nuevos horizontes sonoros. Será cosa nuestra aprender a reconocerlos para comprender mejor cómo se expresa el flamenco contemporáneo.

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