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La zona templada

XXXII Festival Internacional de Jazz de Granada. Lugar: Teatro Isabel la Católica. Fecha: domingo 13 de noviembre de 2011. Aforo: lleno.

El concierto que Ray Lema ofreció la noche del domingo fue un auténtico regalo que más allá del jazz y su torrencial desfile de notas, inundó el Teatro Isabel la Católica de la dulce y melancólica cadencia que indefectiblemente posee la música de la zona más templada del planeta, la que hunde sus raíces en los países próximos al ecuador. Al contrario de lo que ocurre con el jazz, que normalmente entierra la melodía en busca de la audacia armónica, la música de Ray Lema, como el resto de las que provienen de las zonas ribereñas del Río Congo, rezuma una sencillez melódica que la hace irresistible. Es cierto que en su propuesta se cuelan algunos sutiles pasajes jazzísticos, pero sobre todo hay aires africanos de aroma tropical. Por todas las rendijas de sus composiciones se cuela el soukous, la rumba congoleña, el son, el choro, el calypso, la samba y la bossa o el afropop. Y con ello se convierte en el mejor heredero de Antoine Moundanda y de Wendo Kolosoy, más conocido como Papá Wendo, el padre de aquella música melosa de ritmo contagioso y tono agridulce y melancólico llamada rumba congoleña, dulce como el agua de los mejores cocos y elegante como las orquestas trajeadas de la época, un estilo surgido en los años cuarenta, innegablemente africano pero de inspiración caribeña, que fusionaba el son y el cha-cha-chá con las tradiciones de la profunda África.

No sin razón se ha dicho que la rumba congoleña es a África lo que el son a Cuba o la bossa a Brasil, nada más y nada menos. Así el repertorio que Lema presentó en Granada estuvo atravesado de rumbas del Caribe, melodías africanas de tono evocador, chasquidos de dedos, algunos falsetes, tenues guiños brasileños, gestos de complicidad con el público e incluso ritmos retro, de esos que han sido rescatados por las recopilaciones de la música ligera de los años 50 y que ahora conforman lo que modernamente ha sido conocido como exotica. Y todo ello fue posible gracias a la compenetración de un trío en el que cada miembro tenía su papel perfectamente delimitado. Así el bajista Xavier Zolli contiene con sobriedad el peso rítmico del concierto, atrayendo los focos exclusivamente durante sus contados solos, en los que muestra su virtuosismo sin descuidar el elemento altamente melódico de la propuesta, mientras que Ray Lema, igualmente contenido, desliza sus manos sobre las teclas de su piano, para extraer las notas justas, sin alardes ni exhibicionismos fuera de lugar, en un acompañamiento minimalista que sirve como estructura perfecta sobre la que exponer las partes cantadas.

Mención aparte merece Francis Lassus, un inquieto y travieso batería que coquetea con el público y ejerce de animador al tiempo que corona los temas con sus versátiles arreglos vocales, que hicieron las delicias del respetable, sin que por ello se resienta su labor con las baquetas y las escobillas. Su toque fino, su dinámica y su sutil sentido del ritmo se antoja el complemento perfecto para las armoniosas canciones de Ray Lema. Tras sentirse partícipes haciendo los coros propuestos por el trío, el público se marchó satisfecho con la sonrisa puesta. Era domingo noche y al día siguiente tocaba madrugar.

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