Análisis

Jesús Quero

Alcalde de Granada en enero de 1995

De la frustración a la renovada ilusión

Cuando Granada quiere, no hay quien la pare. Y con el Mundial ¡Granada quiso y fue imparable!

Jesús Quero (segundo a la izquierda), el 29 de enero de 1995 en la carpa de voluntarios junto a los Reyes Jesús Quero (segundo a la izquierda), el 29 de enero de 1995 en la carpa de voluntarios junto a los Reyes

Jesús Quero (segundo a la izquierda), el 29 de enero de 1995 en la carpa de voluntarios junto a los Reyes / G. H.

Visto desde ahora, veinticinco años después, está claro que supuso una gran frustración, pero también que supimos superarla. La celebración de los Campeonatos del Mundo de esquí alpino, la prueba deportiva de invierno más importante después de los Juegos Olímpicos, iba a suponer la culminación de un esfuerzo descomunal, realizado durante los cinco años anteriores, desde que la Federación Internacional de Esquí (FIS) concediera a Granada la organización de los mismos.

Ese evento suponía (supuso) un antes y un después en la historia de Sierra Nevada como estación de esquí y montaña. Constituía el reconocimiento de calidad de la estación a nivel internacional, a la par que una ocasión inmejorable para corregir déficits de infraestructuras y equipamientos en la Sierra, en la ciudad y en la provincia y por supuesto, un gran impulso al desarrollo turístico y económico.

En la Sierra se acometieron la construcción de remontes más modernos y con más capacidad, se implantó el sistema de producción de nieve artificial, se mejoraron radicalmente los accesos, dejando la estación a veinte minutos de la ciudad, y se transformó la imagen de Pradollano, con la Plaza de Andalucía, el aparcamiento subterráneo y los nuevos hoteles.

En la ciudad, el Mundial fue la excusa perfecta para construir la Ronda Sur, que dio acceso no sólo a Sierra Nevada sino también a la Alhambra, para ejecutar la Estación de Autobuses, el Estadio Nuevo Los Cármenes, las instalaciones deportivas Núñez Blanca y el Auditorio de La Chumbera.

El colofón, al menos para mí como alcalde de la ciudad, fue la remodelación del encauzamiento del río Genil en su tramo urbano, transformándolo de un cauce seco y plagado de desechos y escombros, a una lámina de agua de nivel constante, con posibilidades de uso recreativo y deportivo. Lástima que, posteriormente, no se haya cuidado su conservación, dando lugar al triste aspecto que luce actualmente... En cuanto a la provincia, vio culminadas las comunicaciones por autovía con Madrid, Sevilla y Málaga, a la vez que se modernizaron las instalaciones del Aeropuerto.

Pero... ¡No nevó! Ni en noviembre, para poder abrir la temporada, ni en diciembre y, para remate, el día de Año Nuevo llovió intensamente en la Sierra y la poca nieve que se había podido producir artificialmente se derritió por completo. Finalmente, solo tres días antes de la fecha prevista para la inauguración oficial, llegó la temida noticia: los Campeonatos quedaban suspendidos. Habíamos vencido muchos obstáculos, pero no pudimos vencer a los elementos.

Efectivamente, fue una gran frustración. Pero se supo hacer de la necesidad, virtud. Se consiguió, contra todo pronóstico, el aplazamiento del Campeonato a febrero del siguiente año. Hubo poderosas presiones, sobre todo publicitarias y deportivas, para que la suspensión fuera definitiva, pero con el mismo esfuerzo y rigor del trabajo previo, se consiguió el aplazamiento. Ciertamente, para ello contamos con apoyos muy importantes, desde la presencia en Granada de los Reyes de España, del ministro Borrell, del Gobierno de la Junta de Andalucía casi en pleno, del presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch...

Pero, sobre todo, el reconocimiento de la FIS que, por boca de su secretario general, manifestó textualmente que "después de haber trabajado desde hace más de veinte años en la organización de Mundiales, nunca he visto un Comité que haya realizado un trabajo en infraestructura y preparación de una competición, como el de Sierra Nevada".

Un año después, el Mundial se celebró y fue todo un éxito. El esfuerzo de Jerónimo Páez, como consejero delegado, apoyado en todo momento por el consejero de Obras Públicas, López Martos, y por mí mismo como alcalde de Granada, al frente del comité organizador, dio sus frutos, aunque tuviera que ser doce meses después.

Y, para mí, lo más importante. No fue solo un esfuerzo institucional. La sociedad civil granadina se implicó a fondo y vibró intensamente con el Campeonato. Medios de comunicación, empresas colaboradoras, colegios profesionales, equipos de voluntarios... Todos hicieron rápidamente el tránsito de la lógica frustración a la renovada ilusión. Y una enseñanza: la unidad es imprescindible. Cuando Granada quiere, no hay quien la pare. Y con ocasión del Mundial... ¡Granada quiso y fue imparable!

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