El Cabrero, en la Plaza de los Aljibes El Cabrero, en la Plaza de los Aljibes

El Cabrero, en la Plaza de los Aljibes / Carlos Gil

Flaubert satirizó la experiencia del viaje oriental como un gran taller de copias de libros, en los personajes de Bouvard y Pécuchet, plasmando el drama social de intentar escapar a los propios patrones de nuestra cultura. Tema que actualizó Marcuse al referirse a la homologación y uniformidad de un mundo unidimensional “creado de tal manera que hace imposible, aun en el pensamiento de los individuos que viven en el mismo, la superación de la facticidad otorgada”. Y es que las culturas occidentales han actuado a modo de guía prismática reflejando en toda su superficie la fuente de luz emisora, produciéndose, como diría Hegel, “un extrañamiento de uno mismo”, convirtiendo a los individuos y sus símbolos en noctámbulos sin rostro imposibles de reconocer.

Frente a esta homologacion y alienación se levanta poderosa la voz de El Cabrero, como los cantautores, como José Menese (La Puebla de Cazalla, Sevilla, 1942-2016), como el flamenco marginal de las carceleras, o la canción protesta. José Domínguez Muñoz, 'El Cabrero' (La Puebla de Cazalla, Sevilla, 1944). Cabrero desde los seis años, colaborador con el movimiento anarquista, “voz que clama en el desierto”, participará en los 70 del siglo pasado en las reivindicaciones de las Vías Pecuarias, Cañadas, Coladas, Cordeles, Veredas, Desecaderos y Abrevaderos de su pueblo, usurpadas por los terratenientes. Y en los 80 contra Andaluza de Pirita que había desviado, para su uso particular, un arroyo interrumpiendo el paso del ganado. De gran interés es el documental realizado en Marinaleda: El Cabrero, el cante de la Sierra, (1988) de Béatrice Soulé.

El Cabrero reivindica los valores del cante jondo tradicional sin aditivos, de la justicia social y la libertad.

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