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Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

El Festival del coronavirus

El criminal Covid-19 no puede meter en la UCI al evento cultural más importante de Granada

Los efectos de la infernal pandemia del Covid-19 se extiende a todos los sectores, empezando obviamente por la salud y muerte de los ciudadanos que es lo más importante y doloroso. Pero, como se ha dicho, la pandemia no sólo afectará a la salud, vida y libertad, sino a la subsistencia de muchas personas, con una crisis económica que originará millones de parados y miseria en un país prácticamente paralizado. Pero hasta ahora nos hemos olvidado de un sector, el cultural, cuya importancia es decisiva para medir el nivel de un país.

Los espectáculos -música, cine, teatro, danza, etc.- no son un lujo, sino una necesidad, como son los museos, los libros o las bibliotecas. Mueven a millones de personas, que viven de ello o gozan de esa riqueza que eleva el nivel cultural de la gente y les hacen pensar y sentir. Cuando en estos días nos preguntamos qué podremos hacer este año con elementos esenciales en ciudades como Granada, con su Festival Internacional de Música y Danza que cumplirá en 2021 su setenta cumpleaños -cuyas opciones recogió brillantemente Isabel Vargas en este periódico el pasado miércoles- se abre un debate sobre posibles fechas, cambios de programa, figuras, protagonistas, etc. que su actual director, Antonio Moral, presentará el próximo día 20. Sea cual fuere la decisión final convendría advertir que el criminal Covid-19 no puede meter en la UCI al evento cultural más importante de Granada y si sale de ella -que saldrá- no quede debilitado al intentar rebajar la dimensión e importancia internacional del mismo que podía ensayarse en esta edición del Coronavirus. Porque esa chorrada utilizada por Sánchez de la `Nueva normalidad' no puede aceptarse para asuntos importantes como es la cultura. Eso de 'nada será igual' es el recurso de los incompetentes. Cuando pase la pandemia habrá grandes festivales -Bayreuth, Viena, Salzburgo, Atenas, etc.- y pervivirán las grandes orquestas, conjuntos corales, ballets, solistas y estrellas que iluminarán teatros y cielos a los que subirán los sonidos emocionados cuando se celebren, como ocurre en Granada, al aire libre. Por eso no nos podremos contentar, en Granada, si se nos ofrece una especie de sucedáneo localista de segunda categoría que se aleje del programa inicial y de la gran tradición del certamen granadino, amparándose en las circunstancias sanitarias actuales. Si esas condiciones nos impiden disfrutar de grandes concentraciones corales, orquestales, compañías de danza, etc. es mejor -como le decía a Isabel Vargas- aplazar hasta septiembre o, dejar en blanco la edición, antes que sufrir, en un agobiante julio de calor y miedos, mediocres sucedáneos. Esperemos, pues, un digno plan B, antes de volver a la normalidad -no 'nueva'- del próximo año.

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