Grotesco esperpento

Es patético que un delincuente prófugo como Puigdemont decida el futuro de la España que desprecia

16 de septiembre 2023 - 00:15

Al reanudar estas miradas, tras el largo paréntesis vacacional, me encuentro un país más esperpéntico aún políticamente que el existente hace dos meses, enriquecido con tintes grotescos gracias a las últimas noticias sobre pactos de investidura. Como era de esperar si la derecha no conseguía la mayoría absoluta en la convocatoria del 23-J –Feijóo hizo una pésima campaña, eludiendo debates, programas y centrándose sólo en derrotar al ‘sanchismo’–, el ínclito don Pedro Sánchez no dudaría en buscar las alianzas con quien fuera, ya que su único principio es asegurar su poder personal. Suficiente argumento para justificar cualquier pacto, por repugnante que fuese, no ya para la mayoría de los españolitos, sino para los históricos del PSOE, como hemos visto estos días.

Porque si las anteriores concesiones para pactos de la vergüenza –eliminar delitos para beneficiar a delincuentes condenados por la justicia, amén de indultos– eran justamente denostados, ahora aumenta la náusea nacional si permite –como parece, aunque está a tiempo de negar las evidencias– que un delincuente prófugo como Puigdemont decida el futuro de la España que desprecia. No ya sólo se trata de la amnistía, sino de dinamitar el Estado de Derecho, incluyendo los estamentos judiciales, planificar la desigualdad de regiones, donde se hagan realidad las ‘históricas’ naciones independientes –el vasco Urkullu se ha apuntado al órdago– y, en fin, cargarse la nación que ha supervivido más de quinientos años como tal. Sánchez cometería un error ‘histórico’ si aceptara esas humillaciones con tal de mantenerse en el poder. La vicepresidenta Díaz ya le ha rendido pleitesía al golpista en Bruselas. No se cortó el prófugo de Waterloo y ya mostró parte de sus exigencias. Se teme una aceptación total o parcial, aunque empleen términos retorcidos, porque los independentistas –catalanes, vascos, gallegos– saben muy bien que con Sánchez en Moncloa tienen una presa fácil que sólo mira sus intereses personales y no los de su país. Como anticipo tendremos un Parlamento convertido en torre de Babel por simple exigencia nacionalista para humillar el idioma común.

Es el momento histórico para el nacionalismo excluyente y separatista. Pero puede que sea también el germen de una nueva patada a la democracia que tanto costó recuperarla. Lo han dicho autorizadas voces socialistas, más valiosas por su historia, precisamente, que este ensayo dictatorial, oculto bajo un falso progresismo. Estamos viviendo un momento grave para la continuidad de la democracia y el Estado de Derecho. Porque si los problemas políticos se resuelven políticamente, cuando los dirigentes cometen delitos deben dar cuenta a la Justicia, pilar del Estado, y no considerarse dioses impunes.

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