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Mágicos y alegres

En la Caja Mágica la corrupción será un asunto ajeno. Y en Vistalegre habrá un duelo a muerte

El desaparecido y admirado alcalde de Málaga Pedro Aparicio contaba una anécdota del primer presidente de la Junta de Andalucía. Rafael Escuredo le arengaba con la consigna "¡sin complejos, Pedro, sin complejos! No es que fuesen tímidos los políticos de la Transición; pero había más compromiso, menos profesionalización. Convertida ya la política en el medio de vida de los cuadros de los partidos, este fin de semana celebran sus congresos las dos organizaciones que polarizan el interés de los españoles en los extremos.

Por mucho que Sáenz de Santamaría presente al PP como el partido moderado y a pesar del énfasis de Errejón por la transversalidad de Podemos, los españoles ven a ambas formaciones como radicales. En el barómetro del CIS de esta semana, en una escala de 0=izquierda extrema y 10=derecha extrema, los encuestados colocan al PP a 1,79 puntos de la extrema derecha y a Podemos a 2,18 de la extrema izquierda.

A esa percepción de radicalismo hay que añadir que estas asambleas se celebran bajo el paradigma de Escuredo: sin complejos. La primera condena de Gürtel con penas de cárcel de hasta 13 años a la trama valenciana resbala como la lluvia sobre un impermeable en el cónclave popular. Cuando estalló el caso Gürtel (2009) el PP atribuyó las acusaciones a una conspiración propia de un estado policial. Parece que no, que lo que había era estado de derecho. Como por arte de magia, la Caja B, los maletines de Bárcenas, las cuentas en Suiza, la financiación ilegal, el cobro de comisiones por diputados o Gürtel se evaporan ante nuestras narices y no queda nada más que unos inocentes dirigentes. Quizá por eso el congreso se reúne en la Caja Mágica.

En el otro lado, la crispación entre capuletos y montescos de Podemos tiene precedentes en la denostada vieja política. Guerristas y renovadores se pasaron a cuchillo en los años 90, en particular en Andalucía. Y divorcios de parejas dirigentes los ha habido muy sonados: el de Suárez y Abril Martorell, el de Felipe y Guerra, o el de Chaves y Griñán fueron de aúpa. Pero el duelo entre Iglesias y Errejón no es a primera sangre. Es tan a muerte como el del marqués de Pickman y el capitán García Paredes en la Sevilla de principios del siglo XX. Una lucha por el poder sin complejos entre un narcisista carismático y un pragmático inteligente. Es un sarcasmo que la cita sea en un lugar calificado como alegre.

Caja Mágica y Vistalegre. Hay coincidencias que las carga el diablo.

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