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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Ojo con el GPS

Robots de segunda, mermamos nuestras cualidades innatas con tanta impedimenta digital

Uno, sobre todo si es varón, debe pensárselo antes de hablar de diferencias entre hombres y mujeres. Nos atreveremos: aunque ellas parecen tener más y mejores cualidades en general -vaya por delante el bálsamo-, es generalmente aceptado por diversas disciplinas que el macho medio se orienta con mayor eficacia y eficiencia, y que eso tiene algo que ver con su papel de cazador de los tiempos prehistóricos. No pocos hombres se toman esta cualidad de serie como algo personal, cuestión de principios, un asunto que puede comprometer la propia hombría y, llegado el despiste, se niegan a parar el coche y preguntar, y se irritan al errar el sendero, y discuten con su chica por ello, y pueden que acaben no ya de mal rollo con otros viajeros o excursionistas, sino haciendo perder el tiempo a todos y desatornillando la propia autoestima de sherpa y líder autoproclamado de la manada ataviada de conjunto Decathlon.

El GPS que te lleva de la manita en cualquier trayecto es una gloria. Como todas las glorias, placeres o bondades, lleva una recámara perversa. Según un reciente estudio considerado riguroso por la comunidad científica, si usamos mucho el GPS desentrenamos el innato sentido de la orientación, y es plausible que acabaremos por atrofiarlo. Permitan dos casos parecidos de efecto bumerán, no poco tópicos ya: el móvil (suswhatasapps, tuiters y demás) y los principios activos contra la disfunción eréctil. El móvil creó nuevas necesidades -llevar un teléfono siempre encima, como si su ausencia fuera un riesgo vital-, pero ha mermado la comunicación entre nosotros. Y hay quien sin la pastilla de marras, donde antes cumplía, hoy sufre horror al gatillazo. Muchos veinteañeros -la curiosidad mató al gato- incluidos.

Diremos, cual enésimos profeta Verne y ceniza Casandra, que la gran trampa para la libertad humana -digan independencia, digan criterio, digan protección propia-es hoy la tecnología de uso privado y personal. Nos convierte en sujetos que, mientras creemos ser más poderosos y libres, estamos más controlados. A niveles serios, a duro tiro de misil o de oportuno anuncio personalizado. Vamos pertrechados de high tech como robots, pero somos robots de segunda -cogemos gripes y depresiones-, y mermamos nuestras cualidades innatas o adquiridas. Con la venia de Huxley, acabaremos creando mulos humanos, puede que genéticamente hibridados, o sea máquinas de segunda para trabajar o dar placer a otros con más suerte, que no podrán dar un paso sin su GPS y toda la impedimenta digital y química. ¿Sabría usted decirme el camino para salir de aquí?

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