Parking vigilado por ‘Colás’

Siempre digo que más servicios hacen al pueblo las prostitutas que los corruptos en los partidos políticos

Parece ser que Koldo, ese personajillo que se enriqueció con las mascarillas mientras había personas que fallecían por el Covid, tenía conexión con uno empresario de Guadix que se llama Toño. Dios los cría y ellos se juntan. La Guardia Civil se ha incautado del móvil de éste último para ver si ahí puede estar la clave del fraude. No sé por qué la gente se ha tomado a chufla el que Koldo antes de ser asesor de Ábalos fuera portero de un burdel. Quizás ese fue el oficio más digno que tuvo. Ser portero de un burdel tiene más credibilidad que ser portero del Congreso de los Diputados, de un gran banco o de una gran empresa. Al menos los porteros de burdeles saben a las claras el negocio que hay detrás de su trabajo y que sus protegidas se ganan la vida más honradamente que esos políticos o supuestos empresarios que solamente piensan en enriquecerse a base de pelotazos. Siempre digo que más servicios hacen al pueblo las prostitutas que esos corruptos en los partidos políticos que solo piensan en aprovecharse de ese pueblo que los tiene como personas fiables. Granada fue durante una época la capital del botellón y uno de los núcleos más importante de la prostitución debido a que había dos locales donde se comerciaba con el sexo como el Don Pepe y el Don José. Estos, del mismo propietario, pusieron en marcha una cuña radiofónica publicitaria en la que una voz firme y a la vez sugerente (la del locutor Carlos Ramiro) decía: “Don Pepe, don José. Parkings vigilados por Colás”. En esos tiempos yo era redactor jefe y envié a un redactor en prácticas a que le hiciera una entrevista al tal Colás. ¿Quién era el tal Colás (quizás un diminutivo de Nicolás) al que hacía alusión la cuña publicitaria y que vigilaba los parkings de las dos mancebías más famosos de Granada? ¿Qué secreto guardaba ese hombre de las noches de la ciudad de la Alhambra? Eso tenían que saberlo los lectores. A los dos días del encargo, el redactor en prácticas se acercó a mi mesa y con la voz envuelta en el desaliento, me dijo:

–Jefe, no es Colás, es Collage. Y no es una persona, es un sistema de vigilancia que se llama así.

Vaya chasco. Me imagino la cuña publicitaria de ahora: “Don Pepe, don José. Tenga cuidado. Parkings vigilados por Koldo”.

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