El niño del rollo

Placeta del Salvador

Salvador, Pérez, Cuenca: tres políticos que difícilmente pasarán a la historia si no cambian su manera de hacer política

La placeta del Salvador está en el Albaicín. Como el nombre es antiguo y un lateral de la plaza lo ocupa la iglesia del Salvador, colijo que el nombre no es un homenaje al alcalde de Granada, Nuestro Salvador, sino al Otro (el Salvador fetén). Resultaría, además, inapropiado que nuestro alcalde, Luis Salvador, nombrara una calle con su propio apellido cuando aún no ha terminado su mandato, ni sabe cuándo lo va a terminar.

Si dependiera de Sebastián Pérez, el mandato de Luis Salvador (cuyo partido sigue siendo Cs) terminaría mañana mismo. Pérez fue el candidato del PP en las últimas elecciones, y en su día votó por Salvador como alcalde; pero ahora se ha ido del PP y está dispuesto a apoyar una moción de censura. En Granada hay una calle, cercana a la plaza Bib-Rambla, dedicada a San Sebastián. Creo, sin embargo, que el santo que inspiró el nombre de la calle no era Sebastián Pérez.

La inquina de Pérez contra Nuestro Salvador es tal que apoyaría la moción de censura contra este aunque el candidato alternativo fuera su antiguo rival, Paco Cuenca (PSOE). También hay una calle dedicada a Cuenca en Granada, por los alrededores de San Juan de Dios; pero juraría que el nombre hace referencia a la ciudad, no al político.

Salvador, Pérez, Cuenca: tres políticos sin calle en Granada que difícilmente la tendrán alguna vez, que difícilmente pasarán a la historia si no cambian su manera de hacer política; tres gestores mejorables de la cosa pública que han sobresalido en las artes conspiratorias y en el regate corto; tres profesionales de la política con trayectorias laborales muy cortas fuera de ella; tres concejales que difícilmente prestarán atención a los problemas de la gente cuando tantas de sus energías están invertidas en la pugna por el sillón de la Plaza del Carmen. Ahora que acabamos de celebrar el aniversario del 15-M conviene recordar que en políticos como ellos pensaban aquellas multitudes cuando gritaban "no nos representan".

Salvador, Pérez, Cuenca: ¿no daríais voluntariamente un paso atrás y permitiríais el protagonismo para otras caras y otros modos de practicar la política? Ese gesto de generosidad sería quizá el acto más destacado de vuestra carrera y os haría, por fin, merecedores de una vía con vuestro nombre: calle Paco Cuenca, calle San Sebastián Pérez… y, claro, la placeta del Albaicín sería, para siempre, la placeta de Nuestro Salvador.

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