Por montera
Mariló Montero
Un país en prórroga
Una vez concluida la primera parte de la investidura del próximo presidente del Gobierno de España, con la esperada derrota de Feijóo –que sin embargo consiguió un éxito personal, no sólo como líder del PP, sino como brillante parlamentario– queda la segunda parte que corresponderá al actual presidente en funciones Pedro Sánchez. Un presidente que se escondió tras su escaño, en un gesto de cobardía y altanero desprecio no ya al candidato, sino al Parlamento, enviando como voz del PSOE a un irrelevante parlamentario con una burda soflama que revela el deterioro parlamentario y el escaso bagaje intelectual, incapaz de representar al histórico PSOE. Quizá le aterrorizó dar cuenta de las concesiones que tendrá que hacer a socios tan radicales como los herederos de los etarras o los independentistas catalanes, entre ellos el impresentable prófugo de la Justicia, Puigdemont. En el debate los representantes de estos grupos dejaron claras sus exigencias: Amnistía y repetir el referéndum del 1-0, entre otras gabelas que se negocian.
Si las acepta estará el tiempo que le dejen estos socios, pero a cambio de una vergonzosa indignidad personal y de su partido y, lo que es intolerable, una grave lesión a la democracia y a la integridad de la nación española. Los posibles socios de un gobierno sin otros escrúpulos que mantenerse en el poder, insisten en vivir un momento histórico. Y llevan razón, como la llevan en no ocultar sus propósitos como hace don Pedro. Por eso titulo esta ‘mirada’ ¡Pobre España! , a la que podría añadir un ¡Pobre Pedro! porque, por mucha ambición personal que se tenga, la responsabilidad ante los ciudadanos –Franco decía que sólo tenía que dar cuenta a la historia– es enorme. Ese peso justificaba su ausencia en el debate, donde se debatía no ya solo el programa de un candidato, sino esas cuestiones vitales de exigencias inaceptables para el presidente de un gobierno español que tiene el deber de velar por los intereses colectivos y no por los suyos personales.
Todo esto se verá en las próximas semanas si se presenta a la investidura con este lastre de apoyos de absoluta vergüenza. No tendrán paso marrullerías y engaños, armas habituales de Sánchez. Deberán estar claras las concesiones y humillaciones aceptadas por él y las que afecten al país. En cualquier caso, si el futuro del país lo van a marcar filoetarras, independentistas y delincuentes, el ¡Pobre España! no será una simple retórica de nostálgicos de los valores de la Transición –esfuerzo de socialistas, comunistas y nacionalistas, entre ellos–, o del espíritu de la Carta Magna que nos dimos los españoles en una nueva etapa de recuperación de libertades y dignidades.
En cuestión de días puede estar o no justificado este llanto por una nación.
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