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Bien sabes que son estos días de júbilo y alegría pórtico merecido –aunque efímero– a otro tiempo inmediato que se te ha de antojar duro, muy duro en el esfuerzo por servir deseos e intereses tan diversos, casi, como variopintas hemos sido las gentes que hemos comprometido con nuestro voto tu oferta ilusionada y generosa para servir, desde la Alcaldía de Granada, a esta misma ciudad y pueblo, que bien merece ya, después de tanto sobresalto inútil e inacción en el salón de Plenos del Ayuntamiento, durante los más recientes lustros, la llegada de un tiempo de necesario sosiego político –o entre los políticos– y de trabajos reales y acciones fructíferas y de verdadero provecho en el interés público, alejados de la improvisación y hasta de la milonga, tan seductora como falsaria.

Sí, sabes bien que es muy necesaria esa tranquilidad que te concede, en el Ayuntamiento que presidirás dentro de unos días, el numeroso grupo del Partido Popular que has encabezado y que, libre y democráticamente, ha elegido la gran mayoría de los ciudadanos. Y es necesaria esa tranquilidad de que dispones para que podáis realizar, con convicción, decisión y autoridad democrática toda esa serie de compromisos que habéis ofertado desde el programa municipal que hicisteis público en todos esos días, tan agotadores, de campaña electoral, ofrecimientos que se esperan, justamente, como un contrato formal con el electorado. Esto no es una broma ni un juego. El juego político no existe, te lo aseguro, su existencia la sostienen, solamente, aquellos incapaces que usan del retruécano, la mentira y el engaño como si fuesen medios lícitos para acceder al poder y al honor gratuitos.

El poder, querida Marifrán, te lo da el peso de las urnas. El honor, amiga mía, ya lo sabes porque lo disfrutas justamente, te lo has de ganar tú, con tu capacidad de servicio, con tu esfuerzo diario y sin descanso en beneficio cierto de todos los que conformamos esta maravillosa ciudad de Granada, que será la que te encumbre a su gloria o te hunda en el oprobio que es el fatal olvido. Hacerlo de otro modo –¡qué te voy a decir!– no sería sino mentir, engañar y tú –te conocemos bien– no has querido ni sabido nunca caminar por las veredas mendaces de la miseria y la indignidad, que otros políticos no dudan en practicar con tal frialdad y cinismo que causa tristeza, desesperanza y hasta miedo por la traición.

Te damos, pues, la afectuosa felicitación y la mejor bienvenida y suerte a la más alta magistratura municipal que otros, antes que tú misma, han sabido ocupar en un tiempo de sus vidas impoluto de cualesquiera tentaciones para servirse de esa privilegiada atalaya en beneficio propio, muy al contrario, han sabido imprimir con sus acciones el brillo y el honor que tiene y simboliza, además de la autoridad democrática, el bastón, ese bastón que va a ser de alcaldesa y se te entregará el próximo 17 de junio. Súmale tu propio brillo, que esa suma de siglos, al cabo, no es sino uno de los principales laureles y prestigios de Granada. ¿O no?

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