El tamaño sí importa

02 de enero 2026 - 03:04

Si saliéramos a contemplar el tráfico de una autopista cercana y contásemos los vehículos que transitan por ella, comprobaríamos que en tan solo unos pocos minutos superarían la centena, pero que casi todos ellos pertenecían a una de las diez marcas más relevantes de entre las dedicadas a la fabricación de automóviles . Y lo mismo ocurriría en cualquier otra capital de cualquier continente. Miles de coches, pero pocas marcas de fabricantes. Este modelo de concentración empresarial se da también en sectores tan relevantes como el del petróleo o el farmacéutico. Conviene recordarlo, ahora que la pugna entre Paramount y Netflix por hacerse con la histórica Warner ha puesto de relieve que, en la actual configuración global de los mercados, el tamaño sí que importa.

En el sector audiovisual operan, sólo en nuestro país, más de seiscientas productoras; la TV en abierto supera los 40 canales; y las plataformas en streaming la decena. La oferta es extraordinaria, pero la demanda no ha crecido. Mismo pastel para comensales; las cuentas no salen y en consecuencia las fusiones entre competidores se antojan como imprescindibles. Disney continúa siendo la compañía de comunicación más grande del Mundo, pero es la única de las cinco (Disney-Fox-Universal-Paramount y Columbia) que comenzaron el siglo siendo “las grandes”, que mantiene posición . La Fox forma parte de sus propiedades. La Columbia pertenece a Sony. Universal tras unirse a Sky es parte de Peacock y MGM de Amazon. La Warner fue adquirida por Discovery y esta pertenece a Comcast . Una recién llegada, hace tan sólo 28 años, Netflix, les ha quitado su puesto en la mesa a estas gigantescas y venerables empresas fundadas hace un siglo.

La reducción del número de jugadores en el negocio audiovisual acarreará que la oferta sea cada vez más uniforme, y los grupos de comunicación que sobrevivan tengan más fuerza para imponer sus condiciones a los profesionales del sector. Además, el gobierno de Trump está utilizando la coyuntura para influir en las líneas editoriales de las empresas afectadas, mediante las condiciones regulatorias exigidas para aprobar cualquier movimiento empresarial que pueda darse. Añadan a todo esto, la IA y la dictadura de los algoritmos producto del consumo del pasado para definir las propuestas del futuro, y entenderán que estos son malos tiempos para la lírica. Pero pase lo que pase, aquellos que tengan una buena historia que contar, tendrán siempre un puesto en la mesa.

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