Sánchez, engaño permanente

Sugiere amnistiar a los delincuentes del procès, como exige Puigdemont

23 de septiembre 2023 - 00:00

Decía la pasada semana que era un grotesco esperpento que el futuro de España dependiera de las exigencias de un delincuente, prófugo de la Justicia como Puigdemont, líder de la extrema derecha supremacista catalana, la que desprecia al resto de España, de la que piden separarse y acabar, de una vez por todas, con la nación, empezando por sus estructuras básicas. Sánchez ha confirmado en nueva York el abrazo –en su engaño permanente, según sus intereses– a esa extrema derecha liderada por el prófugo de Waterloo, que no debe dar cuenta de sus graves delitos a la justicia, sino resolverlos políticamente, según dice ahora por esos siete votos decisivos para su investidura, cosa que algunas pocas voces –aquí mismo se escuchan sus réplicas– suscriben, admitiendo esas tesis supremacistas. Es decir, aceptan gustosamente que, por no ser catalanes, los consideren y traten como ciudadanos de tercera.

Intentar convencer que esos grupos están dentro del marco ‘progresista’, en el que incluyen al PNV de Sabino Arana y para qué decir a H. Bildu, herederos de los etarras, es una broma pesada. La admisión de las exigencias de la extrema derecha catalana y todos los demás independentistas, puede explicarse en un gobierno sin escrúpulos, pero poco comprensible si no se está enfermo de fanatismo por las propagandas del jefe supremo. Cuando los partidos políticos se convierten en sectas, en las que no tienen cabida los discrepantes, ocurre lo que estamos viendo estos días, con expulsiones, descalificaciones, insultos a quienes, dentro o fuera del partido, difieren de las posturas oficiales. Los veteranos analistas independientes estamos acostumbrados a estos ardores del poder y sus esbirros, terribles cuando nos enfrentábamos a una dictadura, preocupantes cuando surgen en una democracia en deterioro.

Concesiones que no comparten muchos socialistas, entre ellos González y Guerra, durísimos con esa traición a la historia del partido donde la igualdad de los españoles era una de sus bazas, amén de la integridad nacional, el respeto a la Justicia cuando delinquen, cosa en la antípoda de los nacionalismos independentistas y excluyentes que son los apoyos actuales de Sánchez. Pero esa mirada a la derecha supremacista catalana –sobre todo a los que cometieron graves delitos contra el Estado, amnistiándolos como si la Justicia ‘represiva’ hubiese firmado una tropelía– es no sólo una traición a los principios ideológicos, como decía, sino a las bases de la democracia en un Estado de Derecho como el que todavía tenemos

En fin, esperemos que el esperpento actual quede sólo en espectáculo bufo, aunque parece un grave atentado a nuestra democracia. Y confiemos en no volver a escuchar el ‘Viva las cadenas’ que sonó en nuestra vieja y convulsa historia.

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