Érase una vez
Agustín Martínez
¿La vida cañon?
El panorama político es tan confuso, que impide adivinar qué ocurrirá en los próximos meses. El escenario español sufre lo suyo con un presidente afectado por la corrupción y la degradación moral de su entorno, que se alía internacionalmente con los países menos recomendables y pierde crédito en la Unión Europea –que no vive su mejor momento–, donde solo es convocado a las reuniones de trámite, no a las citas en las que se toman decisiones importantes.
En ese panorama ha irrumpido Trump, que no se conforma con ser solo presidente de Estados Unidos sino que pretende pasar a la historia como el hombre que amplió las fronteras de su país sin respeto a las leyes ni a los tratados internacionales.
En ese preocupante maremágnum, la figura de España empequeñece día a día. Se descubren ahora negociaciones de Zapatero en Venezuela que necesitan explicación, porque ha intervenido en asuntos turbios como los que afectan a la actual presidenta e íntima amiga, que acordaba bajo cuerda con los enviados de Trump la gestión de la transición a la democracia. Que de momento consiste en que Delcy Rodríguez mantiene las mismas dictatoriales costumbres que Nicolás Maduro.
Paralelamente, Trump –que ya controla Venezuela y su petróleo– exige que Groenlandia pase a ser territorio estadounidense, y no descarta el uso de la fuerza. Esa operación ataca la línea de flotación de la Unión Europea –Groenlandia es territorio autónomo danés– y también de la OTAN, organismo al que pertenecen Estados Unidos y Dinamarca. Y los miembros de la UE, incluida España.
Sánchez ya no es voz cantante en la UE, y en la OTAN no es que haya dejado de ser voz cantante, sino que es la voz discordante que empieza a irritar a todo el mundo. Porque cambia de criterio y porque discrepa cuando hay unanimidad. En la reunión de París para hablar sobre el futuro de Ucrania firmó el comunicado con el que se ofrecía el apoyo a Kiev, incluso con envío de fuerzas si era necesario. Sánchez pretendió en una posterior explicación que el comunicado se refería a labor humanitaria.
Si Sánchez no quiere hacer el ridículo ante los países que se han agrupado en defensa de Ucrania frente a Rusia, tendrá que pedir ayuda a Feijóo. Necesitará los votos del PP en el Congreso, y no se ha preocupado el presidente del Gobierno de abrir cauces de diálogo con el líder de la oposición, como ocurre en cualquier democracia. Todo lo contrario, no ha habido reuniones ni conversaciones prácticamente en los últimos años, y sí ninguneo con descalificaciones políticas y personales.
La confusión se ha adueñado del escenario político… y el futuro es impredecible.
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