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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

La campaña del miedo

Los candidatos ponen menos énfasis en lo bueno que son que en lo malos que son los otros y lo que perjudican a España

La campaña electoral está dominada por el miedo. Si se fijan bien, los candidatos no ponen tanto el énfasis en lo buenos que son ellos mismos y lo beneficiosos que son sus programas para España, sino en lo malos que son los otros y lo perjudiciales que serían para España las políticas de sus adversarios, solos o en compañía. Lo que podríamos llamar una campaña en negativo, admonitoria de males y catástrofes si los votantes no les hacen caso. A ellos solos.

Agitan el espantajo del miedo. Pedro Sánchez sólo tiene un mensaje: la derrota del PSOE supondría el regreso de una España en blanco y negro, la vuelta atrás anunciada por Vox y asumida sin remedio por los otros dos partidos de centroderecha. Con un apéndice o corolario inevitable, que la única vacuna contra el triunfo de la ultraderecha reaccionaria es una victoria socialista abrumadora, que permita a Sánchez gobernar -esta vez sí- sin hipotecas. La apelación al voto útil, que se repetirá en los próximos días, se inscribe en la misma estrategia. Nada de desperdiciar el voto de izquierdas en Podemos, nada de obligar a Sánchez a hacer nuevas concesiones a los independentistas.

Pablo Casado y Albert Rivera no se quedan atrás. Si la izquierda saca más votos que la derecha, volverá el Gobierno Frankestein y volverá el mercadeo con los comunistas y los separatistas, sólo que en una versión más explícita y peor: con Pablo Iglesias y Arnaldo Otegi de ministros y con alguna salida creativa a la crisis de Cataluña (quizás un relator al modo de Iceta, tal vez un referéndum más adelante, seguro que un indulto a los cabecillas de la rebelión). Iglesias, aunque se conforma con una posición subalterna, también insiste en el miedo: si Podemos no sale fortalecido de las urnas, el PSOE caerá en manos de Ciudadanos, es decir, hará la política derechista que siempre anida en una de sus dos almas. ¿Y qué decir de Vox? Es el partido del miedo por antonomasia. No tiene otra política que la explotación del miedo de los ciudadanos. A la inmigración, al islam, a la ruptura de la patria.

Toda la campaña electoral está basada en la necesidad obsesiva de convencer al 40% de los indecisos (que ya serán menos: hay que descontar a los que se dicen indecisos y solamente son reacios a confesar su decisión ya tomada) de que el miedo que agita cada uno es más racional y está más justificado que el que esgrimen los demás. En realidad ninguno lo es ni lo está del todo.

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