A la sombra de los olmos
José Martínez Olmos
Me-Lo I Nvent O
Hubo un tiempo en que apenas se editaban las bandas sonoras, solo sus temas principales. Después se editaron en LP, regrabadas para adaptarlas a las duraciones de los vinilos. Más tarde apareció el CD y su mayor duración permitió las ediciones completas de las bandas sonoras. Desde hace unos años las de Nino Rota para las películas de Fellini están apareciendo muy espaciadamente en su espléndida integridad. Y más recientemente lo están haciendo en Spotify. Tras La dolce vita, Amarcord y Casanova, ayer llegó I clowns. Una fiesta.
I Clowns fue uno de los maravillosos falsos documentales de Fellini, género que él inventó incluyéndose a sí mismo y a su equipo en recreaciones de Roma (Roma), un ensayo de orquesta (Prova d’ orchestra), su memoria de Cineccità desde los años 30 (L´intervista) o, como en este caso, el ocaso del universo de los payasos. Para ella Nino Rota, empujado por su inseparable cómplice para quien compuso la música de todas sus películas desde 1952 hasta el fallecimiento del compositor en 1979, creó una brillante y emocionante summa felliniana en la que, además de extraordinarias nuevas composiciones, reescribió los temas circenses de las películas de Fellini –y téngase en cuenta que están presentes en todas aunque no tengan que ver con el universo del circo– y muchos otros en clave de música de circo. Así, además de nuevos temas, oirán versiones de La dolce vita, Otto e mezzo o Giulietta degli spiriti, además de apuntes después desarrollados en otras películas de Fellini, como La ballerina del circo Snap que tres años después se convertirá en uno de los temas de Amarcord.
Sumándose algunas de las canciones favoritas del director utilizadas en muchas de sus películas, desde la Titine de Daniderf que Chaplin inmortalizó cantándola con palabras sin sentido en Tiempos modernos, Fascinación de Fermo Dante Marchetti que alcanzó gran popularidad como bolero cantado en español y cuando Wilder la utilizó en Arianne, la Entrada de los gladiadores de Julius Fucik que se convirtió en el himno del circo o la Ebb Tide que hicieron popular en los años 50 The Righteous Brothers, adaptadas por Rota al tono tierno, juguetón y melancólico de esta película. Lo dicho, una summa felliniana. Una fiesta.
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