Cambio de sentido
Carmen Camacho
¡Hey!
Mitin de Pedro Sánchez en Huesca para apoyar a su candidata a la Presidencia del Gobierno de Aragón, Pilar Alegría, en las próximas elecciones. Primeras palabras, sentidas, en recuerdo de las víctimas de los accidentes de Adamuz y Gelida. Aplausos del público. A continuación, reconocimiento al trabajo del ministro Óscar Puente. De nuevo rompen a aplaudir los asistentes, con más fuerza todavía.
La clac del sanchismo, la adoración al líder, es incuestionable. Que le apoyen con tanto entusiasmo hasta el punto de aplaudir a rabiar a un ministro que, independientemente de que se ha volcado ante el trágico accidente, ha demostrado desde que asumió el cargo una escasa profesionalidad para solucionar problemas, es sorprendente.
Cuando se celebró el mitin de Huesca, eran ya muy conocidos los errores cometidos, las alertas sobre la situación de la red de ferrocarril que no fueron atendidas por las empresas dependientes del Ministerio de Transportes, y la peligrosidad de varios tramos que no se habían reparado. Se sabía también que Óscar Puente había dado versiones contradictorias sobre el accidente, y se confirmaba que su gestión como responsable máximo de Transportes e Infraestructuras era claramente deficiente.
Sánchez y Puente han emprendido con rigor la tarea de paliar los efectos de la tragedia. Pero sí sorprende la actitud servil de una clac que por demostrar adhesión a Sánchez aplaudió a quien no lo merecía. Sorprende también la actitud del presidente del Gobierno y de su ministro ante la suspensión del servicio catalán de cercanías. Cinco días ha estado suspendido el tráfico de trenes, con 400.000 personas afectadas diariamente.
Cataluña es la comunidad en la que gobierna Illa, del PSC, con el apoyo de ERC, el partido tan fiel, parlamentariamente hablando, a Pedro Sánchez. Cataluña, la región que junto a Andalucía y Madrid cuenta con mayor número de diputados en el Congreso y por tanto es clave.
La preocupación del Ejecutivo español ante el desastre de las cercanías catalanas era tan perceptible, que el tufo político llegaba hasta los confines del mapa español. Había que arreglar cuanto antes Rodalíes. Porque lo necesitan los ciudadanos de Cataluña, pero sobre todo para que en ningún caso pueda pensar Junqueras, y también Puigdemont, que Sánchez y Puente se despreocupan del problema.
Aún no ha cumplido el Gobierno con las últimas exigencias que presentó el líder de ERC a Pedro Sánchez, y visto lo que ha pasado con Rodalíes, es seguro que va a pedir mucho más.
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