Miedo y asco en Minneapolis

27 de enero 2026 - 03:07

Diez balazos para abatir a un enfermero. Cometió el grave delito de interponerse entre una mujer que era golpeada en el suelo y los gorilas en modo robocop que la amenazaban. Los heroísmos se pagan caro en los Estados Unidos de un Trump desatado.

Mano dura, pisotear las leyes y hacer negocio. Esa es la política simplista de los populismos, la peste de esta oleada carca-libertaria embrutecida y matona. Qué se podía esperar de un bestia que azuzó a sus huestes para que tomaran el Capitolio. La imagen de aquel hooligan trumpista en el estrado sagrado de la nación demócrata por antonomasia, con cuernos de búfalo por sombrero y los brazos alzados en señal de la victoria, fue el icónico mensaje al mundo de lo que pretendía esta pseudo ideología nacida de la mente enferma de un constructor de pisos.

En España ya tuvimos el prólogo populista con aquellos aspirantes a algún carguillo que empezaron en tienda de campaña rodeando el Congreso y ahora vuelan en primera clase y apestan a Dior vestidos de Gucci. Da igual el color de la bandera. El poder, no se olvide, es esa droga que siempre necesita de algún facultativo alerta que controle las dosis a los que son ya adictos sin cura, que es el caso. Porque ya no importa la salud o enfermedad mental de ese sujeto que gasta cientos de dolares en laca; tampoco su triste vida sexual tan aireada como llena de carencias emocionales y legales; ni que él mismo es producto devaluado de una familia que también emigró y prosperó allí donde vio que había bonanza; menos aún si fue el mismo pueblo americano el que le aupó no una sino dos veces, tan inconsciente del resultado como los alemanes de la República de Weimer que creyeron ver en un paranoico con bigote y flequillo al redentor express de sus males.

Todo pasa a segundo plano cuando ves a una piara de policías ensañarse a tiros con un hombre herido de muerte que se retuerce en el suelo. Hasta Abascal, ese pelota, renegará de su amo como ya hacen los menos indignos de Lepen o la misma Melonie. Algunos se suben ya los pantalones tras la vergüenza ajena de ver a Maria Corina Machado hacer entregas de rodillas y a domicilio.

Pasamos del asco al miedo pero ya se anuncia la necesaria reacción de todos si queda algo de dignidad humana sin vender aún. Los camisas pardas apalean, disparan impunes con la codicia puesta en Groenlandia. Basta. Estemos alerta. Todos. La libertad está siendo tiroteada tirada en el suelo.

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