Confabulario
Manuel Gregorio González
Una buena noticia
Ahora, algún sabio oculto de entre los centenares que, al parecer, habitan los tortuosos pasillos de Moncloa, ha llegado a convencer al (des)presidente Pedro Sánchez de que lo que más felices puede hacer a los españoles –tontos ellos sean del llano, de las costas o las montañas– es la desclasificación de los documentos que aún deben de quedar sin leer, sobre el intento de golpe de estado que se produjo el 23 de febrero de 1981. Aunque la gran mayoría de esos españoles no sepan quien fue el teniente coronel Tejero Molina o los generales Armada Comins o Milans del Bosch. Parece al sabio de turno que son pocos los varios millares de columnas de prensa, o los cientos de libros y las películas seriadas que sobre aquel golpe del 23-F se han hecho hasta hoy. Pero, en la realidad, eso no es lo que verdaderamente interesa en este caso –como en otros muchos que afloran en el mundo informativo oficial del sanchismo imperante– no, lo que puede interesar es el modo de hallar cómo desacreditar la figura de don Juan Carlos I, fundamental que ha sido en la historia de la Transición de la dictadura de Franco a la España democrática.
A los socio comunistas que nos desgobiernan con proverbial oprobio y desacierto, les interesa desdibujar la figura de un rey por cuya decisión personal, primero y luego por voluntad de los españoles, hoy día, en estos precisos instantes, un puñado de indeseables mediocres rigen los destinos de este país, que se deshace como un azucarillo en el café, hasta que la ciudadanía, por medio de las urnas los paren, con la muralla de sus papeletas, en las próximas elecciones generales, libres y democráticas.
Una nueva zanahoria, ajada, sin lustre ni interés alguno, nos pone delante este Pedro Sánchez, colgada de un palo inalcanzable, tratándonos como si acémilas fuésemos, para que sigamos tirando por los caminos hacia donde a ellos les apetece y proseguir sumiendo a España en la corrupción sistémica y el internacional descrédito. Pero la Constitución que nació de aquella Transición –que tanto detestan los comunistas que hoy conforman el consejo de ministros– es, precisamente, la que nos permitirá restaurar en su plenitud el estado de derecho y la seguridad jurídica. Al tiempo. ¿O no?
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