El río de la vida

De cuando la gordura era bella

Si a estas alturas del verano alguien te ve blanco, te pregunta si aún no has ido a la playa o si estás pasando una enfermedad

Yo creo que mi generación está llena de héroes porque hemos pasado por un montón de incongruencias a lo largo de nuestra vida. Me fijo en mí y noto que si estoy aun a bien con mi cabeza es por pura chiripa. De niño estaba muy delgado, mis patas parecían de alambre y mis brazos eran palillos de tambor. El médico le dijo a mi madre que tenía que tomar aceite de hígado de bacalao y hacer reposo, mucho reposo. El reposo consistía en tumbarte en la cama después de comer y no moverte para que la digestión se hiciera bien. Yo me he pasado más horas haciendo reposo que la Belén Esteban en Telecinco. Ahora me dice el médico que nada de reposo, que el sofá solo acarrea obesidad. Antes tenía que engordar por prescripción médica y ahora tengo que adelgazar, también por prescripción médica.

Tampoco mi madre me permitía ir a clase de gimnasia. Ella estaba convencida de que el deporte era malo y no te hacía engordar, que es lo que las madres de antes ansiaban: tener un niño gordo. La gordura era bella, y no la arruga. Ahora el deporte es buenísimo. Tenemos que hacer mucho deporte si queremos estar sanos. Y si antes la inmovilidad era buena, ahora tengo que andar diez mil pasos diarios, a ser posible después de comer.

Tampoco mi madre me permitía tomar el sol. La morenez no era signo de distinción. Los morenos eran los gitanos, los albañiles y los que trabajaban en el campo. Nosotros teníamos que estar gordos y blanquitos. Ahora, si a estas alturas del verano alguien te ve blanco, te pregunta si todavía no te has ido a la playa o si estás pasando por alguna enfermedad.

Lo que quiero plantear es que nuestras cabezas han tenido que asimilar muchas situaciones que pasan por incoherentes con el tiempo. Fíjense en la ropa. Si llegabas a casa con un siete en el pantalón, tu madre se quitaba el alpargate y te ponía el culo como un tomate. Ahora, los de aquella generación vemos como los jóvenes se compran los pantalones ya rotos. Y cuanto más rotos, mejor. Es la moda.

Y así un montón de cosas que hemos tenidos que el tiempo nos ha hecho aceptar. Denles ustedes vueltas a la cabeza y encontrarán cientos de situaciones que han cambiado tanto que si los de mi generación aún estamos cuerdos es porque queremos, porque obligación no tenemos.

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