Alto y claro
José Antonio Carrizosa
La Transición cutre y casposa
Hace una semana, casi terminaba este envío con lo siguiente: “La izquierda woke no se reproduce y espera su maná de las pateras, soñando panoramas como los de Francia y Bélgica”. De no dejarme como mentiroso se encargó casi inmediatamente Irene Montero en su ya célebre soflama de las “marronas”, tan encendida como ridícula, pero con una gravedad de fondo que en cualquier otro país ya hubiera suscitado el celo de la Fiscalía. Porque a lo que la eurodiputada Montero incitaba, era ni más ni menos que a la guerra étnica contra los miembros de su raza, tildados a bulto de fascistas y racistas. La desesperación de la izquierda por el rechazo popular de sus delirios ideológicos espolea el odio que desde hace tanto tiempo alimenta contra su propio pueblo, siguiendo fielmente los mecanismos que Pascal Bruckner desentrañó en su análisis del masoquismo occidental.
Te comprendemos, Irene. Tu arenga en pro del gran reemplazo, que deja así de ser “una teoría conspirativa de la extrema derecha”, como sentencia Wikipedia, para trocarse en confesado objeto de deseo de la extrema izquierda (y no solo) se apoya en otro reemplazo, esta vez ideológico, de una izquierda en continua reinvención: una vez perdido el envite generacional, bajo cuyo supuesto nació Podemos, que a su vez había sustituido al desgastado de las clases, hay que vivir, en todos los sentidos, de algo. La izquierda estaba en shock al comprobar que una cosa como Vox le ha ganado la batalla generacional. Pero he aquí a las “marronas” como nueva guardia roja contra el fascismo.
La extrema izquierda, en cualquiera de sus formatos nacionales o regionales, lanza agresivamente ideas disparatadas o simplemente criminales, pero es el PSOE el encargado de darles forma y realizarlas mediante el uso y abuso del real decreto y del BOE. La izquierda necesita traer de fuera los votantes que ya no tiene dentro. Una inmensa red clientelar, tejida con mimo y perseverancia durante cincuenta años, está en peligro y se hará lo que sea para preservarla. ¿Alterar el censo para evitar el colapso electoral? Mejor con pretexto humanitario. La operación está en marcha y las elecciones de 2027 pueden ser las primeras en que el voto de las masas nacionalizadas a toda prisa resulte decisivo. ¿De verdad nadie hará nada?
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