Motín en el pastillero

28 de enero 2026 - 03:07

Ami amiga Consuelo, que la tengo como alumna en el taller de Literatura en la Memoria, le hablan las pastillas. Mi amiga tiene 8 hijos y 16 nietos. Y también varios achaques, por eso todas las mañanas, al ponerse a desayunar, abre el pastillero y comienza a ingerir las dosis que le han mandado su médico. Pero el otro día dice que tuvo una especie de motín en el pastillero. Al abrirlo todas las pastillas se pusieron a hablar a la vez. La de la tensión, llamada Enalapril, reclamaba ser la primera en ser tomada, por eso de que debe tragarse en ayunas. Se peleaba con otra (la del azúcar) que Consuelo también debía tomar con el estómago vacío. Que sí yo voy la primera, que no, que voy yo. La que toma después de la comida, una para las alergias que se llama Loratadina, se quejaba de que ella cuando llegaba al estómago estaba lleno de restos alimenticios y pedía ser engullida antes que las demás. La Melatonina, que le regula el sueño, era la que estaba más tranquila, aunque también reivindicaba que se le cambiara el nombre porque el que tenía se parecía a la Melanina, y la gente se equivocaba mucho. “¡Que no se te olvide que a mí me tienes que engullir con leche y no con agua!”, gritó la pastilla de la memoria llamada Galantamina, que era muy presumida y llevaba a gala ser de color rosa. “¡Que no te vuelvan loca, que luego a mí me es muy difícil calmarte!”, le gritó Fluoxitina, que es la pastilla para la depresión y la ansiedad. Una del colesterol que se llama Sinvaspatina, se quejaba de que la tenían como una inútil, solo creada para hacer ganar dinero a las farmacéuticas. “No, si verá tu como le hacéis que le duela la cabeza”, dijo la Aspirina. Y así todas.

“¿Sabéis lo que os digo?, que hoy no me tomo ninguna”, dijo Consuelo al tiempo que cerraba el pastillero. Después salió a la calle con la idea de darse un garbeo. En la puerta del edificio estuvo hablando con la vecina del quinto. En el Merca 80 se entretuvo viendo los puestos y en la panadería de Mariano estuvo conversando con dos amigas más. Luego se dio un paseo e hizo tiempo hasta la hora del vermú, que lo tomó en el Gran Kiki. Al regresar a casa comprobó que se encontraba mejor que nunca.

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