El río de la vida
Andrés Cárdenas
Puto paraguas
Con el arranque de la temporada invernal en Sierra Nevada, Granada vuelve a mirar hacia la montaña con la esperanza renovada. No se trata solo de nieve, remontes y esquís; se trata de empleo, oportunidades, orgullo compartido y de reinventar la provincia cada año. Sierra Nevada pone en valor desde mañana, no solo su poder como enclave deportivo y de ocio, sino su papel decisivo como motor socioeconómico. Nuestra estación se ha convertido en un referente de cómo el turismo de montaña puede transformar el tejido local. Y los datos respaldan esa transformación. En la última temporada, Sierra Nevada contabilizó 1.250.000 usuarios, un 12,5 % más que en la campaña anterior; de ellos, 861.400 fueron esquiadores –un 10 % más– y cerca de 400.000 visitantes disfrutaron de actividades de nieve sin esquiar, récord histórico. Ese volumen representa un flujo constante de personas que usan remontes, consumen en cafeterías y restaurantes, se alojan en hoteles, compran en comercios locales, y dinamizan un entorno rural y urbano ligado a la estación. Este arranque de temporada llega, además, bajo una doble bandera: modernización e ilusión. Los preparativos no son un mero trámite. Este año la gestión ha apostado por mejoras en infraestructura, producción de nieve, accesibilidad, servicios de restauración y confort que pretenden poner en valor la experiencia y atraer a esquiadores apasionados y también a familias, visitantes ocasionales y amantes de la naturaleza. Pero su valor no se agota ahí. Sierra Nevada ofrece autoestima colectiva a Granada: representa una alternativa distinta al turismo de costa, diversifica la economía, visibiliza la riqueza natural de la provincia, y ofrece una ventana al mundo cuando la nieve cubre sus montañas. Es un símbolo de identidad, de orgullo nazarí hecho montaña, frío, esfuerzo y coraje por mantener viva una apuesta turística compleja. Sin embargo, esa responsabilidad debe asumirse con visión. La apertura debe garantizar la seguridad, la sostenibilidad ambiental, y un equilibrio entre desarrollo económico y respeto a la naturaleza. Difícil, pero imprescindible. Así como debe favorecer una gestión a largo plazo que asegure empleo no solo temporal, sino estable, integrada en la economía local, y que fomente la formación, la profesionalización y el compromiso con el entorno. Ojalá las cumbres se sigan tiñendo de blanco, sí. Pero, sobre todo, ojalá se tiñan de esperanza, bienestar y futuro para toda Granada.
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