Huevos fritos y caviar

30 de enero 2026 - 03:06

Todos los lugares del mundo tienen algo interesante que ver, pero es preferentemente en las ciudades donde hay más cosas que conocer, cuando de viajar se trata. Y no todas las ciudades son iguales. Las hay con monumentos históricos; otras gozan de una localización superior; las hay que ofrecen atracciones y cultura; otras seguridad, negocios y hoteles extraordinarios. Pero cualquier ciudad que aspire a estar entre las mejores del mundo, tiene que contar con restaurantes de alta gama en los que comer consista en una experiencia que vaya más allá que satisfacer el apetito y en los que la exclusividad y la excelencia culinaria se den cita para crear recuerdos imborrables.

Hay un turismo gastronómico que busca productos y sabores diferentes a los que conoce; también quienes desean encontrar la calidad que ofrecen los lugares en los que se produce, cría o pescan originalmente los alimentos; y luego están aquellos restaurantes más exclusivos, que no solo destacan por la calidad de sus ingredientes, muchos de ellos traídos de distintas partes del mundo, sino también por el talento y la creatividad de chefs de prestigio. Hace años viajábamos para descubrir las cristaleras de las catedrales; luego para ver un musical o un parque temático; y ahora se organizan rutas para degustar menús de más de diez platos a 300 euros por comensal. Es el precio que pagar por una experiencia sensorial única, puesto que en estos templos la gastronomía se eleva a la categoría de arte. Mantener un restaurante de alto nivel requiere una inversión constante en innovación, formación y actualización de las instalaciones, así como cumplir con exigentes estándares de calidad tanto con el servicio, como en seguridad alimentaria. Todo ello, sumado a la limitada disponibilidad de plazas, hace que la demanda supere a la oferta, reforzando así la exclusividad y el precio.

Nada por tanto que objetar a que una gamba macerada con cerveza alemana y caldo de verduras de la huerta de al lado cueste lo mismo que alimentar a una familia durante una semana. Quien pueda permitírselo, que lo disfrute, porque la creatividad y la excelencia se pagan. Pero si quieren vivir una experiencia inolvidable, acudan a uno de estos locales y pidan unos huevos fritos con un buen aceite andaluz. Descubrirán que lo extraordinario reside en vivir con pasión y mimo, aquello que catalogamos como habitual. Y que la felicidad está a nuestro alcance, mucho más cerca de lo que creemos.

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