Paisaje urbano

Sin novedad en Moncloa

El verdadero triunfador ha sido Pedro Sánchez, quien a rueda de su guía Iván Redondo va consolidando su poder

Los resultados de las elecciones del domingo en Cataluña no nos dejaron por mentirosos (tampoco había que ser doctor en sociología…) y señalaron sin piedad a los grandes derrotados. Más controversia hay en cuanto a los verdaderos vencedores: unos señalan al PSC y su candidato, Salvador Illa; otros a los partidos independentistas, que han superado la simbólica barrera del 50% de los votos; los de más allá al sonoro ascenso de Vox, convertido, quien lo diría, en la fuerza más pujante de la derecha. Yo pienso que el verdadero triunfador ha sido Pedro Sánchez, quien a rueda de su guía Iván Redondo va consolidando su poder.

Dos son los pilares sobre los que se sustenta ese triunfo: La victoria del PSC como partido más votado, por delante de ERC; y el descalabro del centro derecha, una derrota cuya retranca rebasa con creces el ámbito de lo autonómico. Para Sánchez era muy importante que Illa, su audaz y arriesgada apuesta, fuera el ganador, pues el recorrido de éste, aun en la oposición pero con peso específico en Madrid, será mucho más visible que el inocuo de Ciudadanos la pasada legislatura. Y que ERC haya superado en escaños a Junts augura un mandato más cercano al soberanismo (no es casual su acercamiento a los Comunes, claramente alineados en esa dirección) que al independentismo propiamente dicho, lo cual no es poca cosa para asegurar un período de relativa estabilidad institucional, clave para poner en práctica el plan para dotar a Cataluña de instrumentos que la acerquen progresivamente al estatus del País Vasco sin que se note demasiado.

La batalla de Cataluña deja un panorama ciertamente desolador para los que querríamos otra forma bien distinta de dar cumplimiento a la libertad dentro de la diversidad que consagra la Constitución del 78, pero allana el camino a quien sustenta su poder sobre la base de los apoyos de la izquierda radical y los separatistas. Esa unión extraña que surgió de la moción de censura vertebrada en su odio a la derecha españolista va consolidándose a base de alianzas, cesiones e intereses, mientras al otro lado del río las aguas revueltas de la división y la falta de un discurso alternativo frenan cualquier posibilidad de revertir la situación. La legislatura, mientras, sigue su curso, sin que las penosas consecuencias sociales y económicas de la pandemia parezcan afectar a su destino. Sin novedad en Moncloa.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios