Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Todo cambia y nada permanece. Y no habría belleza, ni danza, ni movimiento si las estaciones no alborotaran los colores y el follaje de los árboles no se desprendiera amarillo en el atardecer” (Gioconda Belli). Desaparecieron. No están. Manos tras el cristal de una ventana que se calentaban con una taza de té. Lluvia que nunca amaina, pies empapados, una toalla con que secar el pelo mojado, un sol escondido e impaciente que esperaba su turno. Ya no están. Nunca imaginé un octubre así, ni un noviembre que como calcamonía se propone ridículo retrato de su predecesor. Falta frío, brasero, noche, oscuridad, sábanas heladas que precedan al sueño. Y el descanso. Arropado. Hoy sólo existe bochorno, cansancio, hastío. Un día igual al otro. Un día igual al otro.
Me pregunto si es el castigo que merecíamos por mirar siempre hacia otro lado… el otoño siempre fue tiempo de maduración y culminación, de soltar y sembrar semillas para que den frutos el año próximo. Una estación para la reflexión y la intuición. Pero sucede que este año ni sembramos ni intuimos. Ni imaginamos que el otoño dejaría un reguero de personas asesinadas en nombre de una religión. Sucede que a ese reguero le sigue otro, y otro, y otro... Que todo vuelve donde lo dejamos hace años. Ni uno ni otro contendiente distingue a quién se lleva por medio, a quién condena a despojarse de la vida. Los que mueren, nunca levantaron la mano. Nunca fueron juez. Ni parte. Sólo querían vivir. En paz. Querían vivir en paz.
Déjenme posicionarme. Todos defendemos los derechos humanos. ¿Conocen a alguien que diga lo contrario? Pero sucede que cuando alguien usa un arma para atribuirse el papel de juez en una historia, cuando alguien justifica ideológicamente la violencia, cuando ante muertes inocentes alguien da más valor a una muerte que a otra, perdemos el Norte. Vimos lo que pasó en Israel. Vimos matar indiscriminadamente por ser judíos. Vimos en Europa matar un profesor francés. Vimos como volvió la amenaza, el temor, los protocolos de seguridad. Vimos morir en Gaza. Vimos bombas en hospitales, vimos morir niños. Efectos colaterales ¿recuerdan?
Europa, sus valores, sus conquistas sociales, están en decadencia. Creímos conseguirlo con cultura y logros de continente civilizado, pero son más quienes ponen en duda si esa civilización no nos está pasando factura. Confundimos nociones como la paz, que nunca debió estar reñida con el derecho a la autodefensa. No somos los malos de esta película. Apoyo al pueblo palestino. Lo mismo que al pueblo judío. Pero nunca justificaré a ningún grupo terrorista. Nunca. Sigo considerando que es el pueblo palestino la primera víctima de Hamás.
En otoño, paz. Una que debe seguir siendo hija de la convivencia, de la educación, del respeto y del diálogo. Una paz que no se detiene ante la ausencia de guerra. Una paz que, como decía Spinoza, es virtud, es estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia. Este otoño, paz. Y un poco de lluvia.
También te puede interesar
Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Privados fuimos
Las dos orillas
José Joaquín León
Ridículo internacional
Cajón de sastre
Francisco González García
Ordinalidad