Paraíso de incívicos

17 de febrero 2026 - 03:08

Collboni, alcalde de Barcelona, no es santo de mi devoción, pero nuestro Consistorio debería fijarse en su nueva ordenanza de civismo, porque procurar la convivencia ciudadana en armonía es esencial, máxime en una ciudad tan emblemática como Granada, que ya es víctima del deterioro y la degradación extrema por la dejadez continuada de sus sucesivos gobernantes.

La nueva ordenanza barcelonesa establece un elenco de multas que debería imitar nuestro ayuntamiento en vez de destinar a la policía local a imponer multas de tráfico imposibles con tal de recaudar. 600 euros por grafitis y pintadas, pagando el autor la limpieza y reparación, 1.500 por orinar en la calle, 300 por ir sin camiseta, 1.500 por consumir alcohol en presencia de menores, 3.000 por hacer rutas etílicas, 1.500 por hacer ruido en zonas acústicamente tensionadas, y un largo etcétera de sanciones por actuaciones incívicas que no tienen por qué soportar los ciudadanos.

Lo peor es que Granada, según su web, tiene una ordenanza al respecto de hace 17 años, aunque parcialmente derogada. Pero en lo vigente está claro que no se aplica ya sea por buenrollismo woke con los grafiteros/vándalos, por hacer la vista gorda por miedo a perder turistas, o, peor todavía, porque no se enteran del gamberrismo. Resultado: los vándalos campan a sus anchas por Granada, en donde además sufrimos el destrozo de árboles, bancos, fuentes, estatuas…, hay suciedad generalizada, basura acumulada por doquier o en contenedores mugrientos –véanse plaza de Bibrambla o placeta de San Gil–. Y a todo ello se suma la dejadez en el mantenimiento del Ayuntamiento: agujeros en el pavimento, baldosas y adoquines sueltos o rotos…

La consecuencia es una ciudad de difícil convivencia, orientada a un turismo low cost y convertida en un cochambroso batiburrillo de grafitis, mobiliario urbano destrozado, espacios públicos degradados, agujeros, baldosas sueltas, contenedores inmundos, cartones, desechos, mugre, orines… Un remix impropio de Granada, todo ello con una presión fiscal y sancionadora inaceptable que soportamos quienes sí respetamos las normas básicas de convivencia.

No sé cómo los granadinos aguantamos tanto incivismo, vandalismo y dejadez en una ciudad que encima quiere ser capital cultural europea 2031. Granada, es paraíso de incívicos, que no sufren el peso de la ley y las gamberradas les salen gratis. Triste…

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