De Podemos a ‘pudimos’

10 de febrero 2026 - 03:07

El pase de la irrelevancia política a la desaparición total, por ahora, en Aragón de la representación política del partido antes conocido como Podemos viene a certificar con datos fríos la percepción generalizada de que los niñatos de esa izquierda de pataleta y megáfono van pasando al banquillo después de mucho tiempo dando la murga y dejando para siempre el recuerdo de un mal momento que pronto daremos al olvido. De los muchos protagonistas que tuvo, ya sólo les van quedando como caras reconocibles esas dos canta verdades huecas (Ione Belarra e Irene Montero) que causan a estas alturas más sonrojo de simple vergüenza ajena que reflexión alguna cada vez que abren la boca.

El estilo populista se nota a legua. El truco se va desvelando. Cuando nadie te hace caso ya, pues suelta alguna ‘boutade’ de las que sabes que dan buenos titulares y al menos te hacen caso los que no están al tanto de las muchas que ya regalaste. El rey de este estilo es Trump, pero tiene muchos discipulos por el mundo. El problema es que con la repetición se ve el truco y además la gente ya sabe que es simple estrategia. Se cansa, se desengaña, se hastía y hasta les da por mirar hacia atrás y comprobar con horror adónde han llevado leyes tan mal planteadas como la prisa con que fueron hechas.

Si le sumas que a la sombra del cargo estas ‘sujetas’ han ido amasando buenas fortunitas mientras se les llenaba la boca ante el micrófono reclamando dignidad para un obrero que hace años que dejaron de tratar con los cambios de barrio y de lugar donde hacer las compras, pues el electorado, ese juez severo, acaba tomando buena nota y, además, deja el idealismo inocente que las aupó a sus puestos para defender lo suyo propio, a la vista de que aquellos en los que creyó no hacen otra cosa.

De ahí estas correcciones electorales que ahora empiezan por Aragón y ya veremos dónde acaban. Seguro que en un ajuste de cuentas como los muchos conocidos que te reconocen, algo arrepentidos, que un día creyeron en ellos (precisamente en los chicos de morado que ya están fuera de juego) y que se sienten engañados, burlados, con sensación de estafa.

Triste es que este desengaño sea amortizado por los extremistas del lado opuesto , esos que, a poco que vayan catando poder, irán desvelando también sus sombras.

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