Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Sin responsables
CURIOSO e inquietante personaje Uclés. De algún modo, recuerda a esos locos antiguos que se creían Napoleón. El ya famosísimo y mediático polemista quiere ser perdedor de una guerra que nunca libró. Es quizás el gran mal de nuestra época, todos queremos ser víctimas: del cambio climático, del heteropatriarcado, del fascismo, de Hacienda (ahí con más razón)... Quien no es víctima de algo no es persona fiable. Pero decíamos en un artículo el otro día: la Guerra Civil no la libramos nosotros, fueron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos (según la generación), gentes que vivieron una España muy distinta y que tomaron decisiones que hoy nos pueden parecer aberrantes o heroicas, pero que difícilmente podemos comprender en su sentido más profundo. Es la gran frustración de la historia (la de verdad), saber que se trabaja con una materia resbaladiza que nunca logramos asir del todo.
David Uclés, alguien lo recordará, manifestó en un artículo, poco antes de una operación grave, su deseo de enterrarse en una cuneta. A él le parecía un gesto noble de solidaridad con las víctimas y victimarios allí inhumados. Yo solo vi un ejercicio atroz de pornografía intelectual, de insensibilidad egocéntrica y exhibicionista ante la tragedia histórica de España.
Para Uclés, como para la izquierda radical que lo jalea y que ha conseguido la cancelación de un ciclo de debates con participación plural y prestigiosa, el haber nacido en una España de razonable prosperidad y bienestar les debe parecer una auténtica tragedia. Por eso buscan jugar a la épica de sus abuelos, a hacer una guerra ya pasada que no les pertenece, a ser los napoleones del manicomio que todavía sueltan peroratas sobre los errores tácticos de los lanceros polacos o del valor del coronel Lepic. David Uclés es un Napoleón de la noble Jaén y nos quiere meter a todos en sus batallitas. De hecho, lo ha conseguido. Este artículo es la prueba. Y un fracaso. Este sí colectivo.
Todo ello no ha surgido de la nada, sino de unas leyes de “memoria histórica” o “democrática” que han suplantado a la historia para resucitar los odios del pasado con fines políticos muy concretos. Los primeros frutos ya los están recogiendo. ¿Será capaz el PP de desmontar este andamiaje y sus consiguientes chiringuitos? Concédanme la duda.
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