GRANADA HOY En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La Semana Santa de Granada de 2020, cancelada por el Covid-19

El Jueves Santo no reluce más que el sol

  • Cuatro hermandades de la jornada, en casa por segundo año consecutivo: Concepción, Salesianos, Aurora y Estrella

  • Ausencia histórica en San Pedro: el Cristo de la Misericordia no abandonó El Salvador

El Jueves Santo granadino, una de las jornadas más esperadas.

Los cofrades tienen trillado el adagio de los tres jueves al año que relucen más que el sol. No sabemos cómo serán los otros, pero el Jueves Santo se mantiene bajo la amenaza de la lluvia. Y lo hace por segundo año consecutivo. No hubiera habido cofradías en la calle en esta jornada. El confinamiento y el estado de alarma tampoco lo hubiera permitido. Por esta razón, el recuerdo y la nostalgia de los cofrades en cómo el Día del Amor Fraterno pasará sin pena ni gloria. 

El año pasado, en el interior del convento de la Concepción El año pasado, en el interior del convento de la Concepción

El año pasado, en el interior del convento de la Concepción

Concepción

La familia Flores Crespo vive esta Semana Santa con nervios y tristeza. Sentimientos que se acrecientan a medida que llega esa hora en la que la Hermandad de la Concepción debería iniciar su estación de penitencia. "El Jueves Santo es un día de muchas prisas en casa, mi marido y mi hijo que desde por la mañana están ya en la hermandad. Luego comemos juntos, nos vestimos y salimos todos", explica Mari Carmen Crespo

Jornada atípica en la que esta familia cofrade intentará vivir al máximo sus tradiciones. "Ese día siempre preparamos empanadillas y leche frita, recetas que vienen de la bisabuela de Pedro, mi marido", asegura Crespo, una de las mujeres que ayudó a bordar el palio de La Concha. A partir de ahí todos intentarán ver la televisión, los reportajes que se emiten y rezar algunas de las oraciones que la hermandad está haciéndole llegar a sus miembros. "Dicen que va a llover toda la tarde, ojalá sea así. Llevo todo el día con lágrimas en los ojos", asegura.

En el recuerdo quedan esos momentos de cada Jueves Santo cuando la familia llega el convento y cada cual se dispersa buscando su lugar en el cortejo. "Hoy me acuerdo de todos eso. De la primera vez que mis hijos salieron de nazarenos, con 3 ó 4 años. De los hermanos que te encuentras al llegar a la placeta. Cuando entras al convento y ves a los pasos encendidos". Nostalgia que se sobrelleva como se puede, con una historia familiar bordada en azul y plata. 

Salesianos

"Está siendo un día duro, como todos estos días atrás. Pero le he dicho a mis hermanos que piensen en todos los que están sufriendo y en los que ya no están. Semana Santa habrá el año que viene y lo que podamos sentir al quedarnos en casa no tiene comparación con lo que están pasando otros". Estas son las palabras de Alberto Cuerva, hermano mayor de Los Salesianos. La cofradía zaidinera tiene muy claro cuáles son sus objetivos y cómo este Jueves Santo Granada está más necesitada que nunca de sus titulares: el Señor de la Redención y la Virgen de la Salud. 

Las vivencias del día pasarán por la comunicación a través de redes sociales, aunque el hermano mayor recuerda esos momentos especiales de cada estación de penitencia: llegar minutos antes que el resto para orar en silencio y solo ante los titulares, la llegada hasta las puertas de la Virgen de las Angustias y rememorar aquellos años de servicio en la basílica. "Esos son momentos únicos. Lo mismo que cuando subo al altar y veo a todos los hermanos con la cara de ilusión. Es algo indescriptible". Y es que para Alberto Cuerva, su cargo, "es como el de ser hermano mayor en una familia, aunque en este caso haya gente más mayor que yo. Siento esa responsabilidad y procuro actuar en consecuencia".

La hermandad se queda sin poder mostrar, un año más, los logros que alcanza. La nueva casa de hermandad, los nuevos ciriales que anteceden al paso de la Virgen de la Salud o las caídas del techo de palio que, con esfuerzo, han cobrado forma en el taller de Jesús Arco. Patrimonio que no será noticia en este Jueves Santo pero que testimonia el trabajo y los desvelos de una hermandad comprometida. 

Por los Grifos de San José Por los Grifos de San José

Por los Grifos de San José

Aurora

Davinia Carreño es camarera de la Virgen de la Aurora y desde 2006 no ha habido Jueves Santo que se haya despegado de la hermandad; año en el que su abuela Conchita empezó a ponerle la mantilla. "No siento pena por no salir este año, más bien impotencia aunque sé que si estamos así es por una buena causa. El sacrificio que hacemos valdrá la pena y no me siento sola, siento el calor de mis hermanos aunque estén lejos", asegura esta cofrade albaicinera de eterna sonrisa. 

Carreño no es de ese tipo de cofrades que lloran a lágrima viva cuando no sale la hermandad, bien por lluvia o bien por una pandemia: "salgamos o no me siento contenta por que sé el trabajo que ha hecho la hermandad durante todo el año. Y ver a los hermanos unidos me reconforta, aunque haya nervios". Pero de quien más se acuerda en este Jueves Santo es de su gente, de quien se rodea en la vida de hermandad y también del Grupo Joven: "Me pregunto cómo estarán ellos, si están nerviosos, cómo lo estarán viviendo...". Aún así, y hasta que se acueste entrada la noche del Viernes Santo, Davinia mantiene los nervios a flor de piel.

Este 9 de abril se acuerda de cómo, vestida de mantilla, sube por la Alhacaba viendo a los hermanos llegar a San Miguel, los músicos formando en el Arco de Elvira o cómo, al llegar a San José, no está el padre Alaminos y otros tantos que se han ido. Tiene presente a la Virgen de la Aurora y cómo se escapa una lágrima cuando ve el palio en la calle y la plaza rompe en aplausos y vítores de "Aurora, guapa". "Me emociono por que sé que la gente va a disfrutar viendo a la Virgen. Ver cómo la miran fijamente y sienten lo que yo puedo sentir cuando la tengo cerca", dice Davina Carreño. 

El año pasado, en el interior del templo El año pasado, en el interior del templo

El año pasado, en el interior del templo

Estrella

Plaza Larga, el Arco de las Pesas y Casa Pasteles se llena cada Jueves Santo de costaleros de La Estrella, esperando a que su capataz, Andrés Palacios García, entregue los trabajos. "Este Jueves Santo es distinto a todo eso. De hecho estos días atrás no sabía ni qué escribirles a mis costaleros. Está siendo día triste. Hasta el Domingo de Ramos lo había sobrellevado pero ahora... Mejor pensar en el año que viene y que no vuelva a ocurrir", asegura este joven capataz. 

Palacios García se anuda la corbata negra cada Jueves Santo en el Albaicín, con vistas a la iglesia de San Bartolomé. Este Jueves Santo lo pasará en casa, junto a su esposa y el pequeño Andrés, pensando en ese cúmulo de sensaciones que pasan por la mente cuando se toca el martillo: "Se siente alegría, ilusión, ganas, responsabilidad. Hemos esperado un año para llegar ahí. Pero cuando levanta el paso y ves andar al palio te relajas y ya es solo disfrutar".

El capataz del paso de palio de La Estrella no es de hablar demasiado. Por esta razón las llamás no son largas ni grandilocuentes. Directo al mensaje. En este 2020 la primera de ellas iba por uno de los miembros de la cuadrilla, uno de los que le auxilian en sus labor de mando. "No sé qué es lo que iba a decir, eso depende de lo que sienta en ese momento. Pero la llamá iba por la madre de alguien especial para mí". El verso del martillo dormirá otro año más. Y van dos.

 

El Cristo del Silencio, a oscuras, en Plaza Nueva El Cristo del Silencio, a oscuras, en Plaza Nueva

El Cristo del Silencio, a oscuras, en Plaza Nueva / D.G. (Granada)

Silencio

En el interior de San Pedro, el mayordomo mayor aguardaría a la medianoche, a que las puertas se abran, discurra el cortejo y la estación de penitencia marche según lo previsto. Sin embargo, este año será diferente, aunque nada turba la rectitud de su voz: "Viviré esta noche como todo mis hermanos, confinados, y con el pensamiento y la añoranza de vivir un Jueves Santo en San Pedro con el Señor".

Para el mayordomo mayor el día del Amor Fraterno es un día de trabajo pero también de familia. Antes de las diez de la noche discurren sus pasos por la Carrera del Darro para llegar al templo, revestirse de nazareno y empezar a recibir a los hermanos: "Cuando uno está en un cargo como éste tiene la misión concreta de hacer que los hermanos que están en fila realicen la verdadera estación de penitencia, yo y el resto de mayordomos nos ponemos al servicio de ellos para que sea lo más fructífera posible", asegura este hermano de El Silencio. 

¿Qué supone vestir la túnica de nazareno? "Supone asumir la herencia de los hermanos que la han vestido antes que tú y de una hermandad señera, que imprime recogimiento y que te une con Jesús en el día del Amor Fraterno. El silencio que llevas en el cortejo es el mismo que llevas en tu interior y te permite tener una conversación privada con el Señor". Hasta que llegue un nuevo Jueves Santo que dé luz a ese compromiso, la nave mudéjar de San Pedro aguardará a que, en el silencio de la noche, la sarga negra de los hijos del Señor de la Misericordia lleguen Darro arriba.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios