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Para llegar al Mesón los Prados tienes que conocer previamente el lugar. Poca gente encuentra de casualidad esta venta cuya carretera hace décadas era de lo más transitada. La gran casona sigue ahí, en la carretera de La Cabra, antigua conexión con Almuñécar, y en el término municipal de Albuñol aunque a mucha distancia de nada parecido a la civilización.
Es el encanto de un lugar ahora aislado de casi todo, que se ha quedado detenido en el tiempo y donde la carne, la de caza especialmente, es un reclamo al que pocos amantes de la gastronomía pueden resistirse.
Tradicional hasta decir basta. Sería la definición de un mesón que podría pertenecer, perfectamente, a la España de los 60.
Jamones colgados, grandes mesas en un comedor olímpico, lámparas de araña de metal, acogedora barra de madera, suelo de barro, 'trofeos' colgados de la pared y una carta que quita el frío y el hambre de mirarla.
Las especialidades son las carnes a la brasa, el cochinillo al horno de leña o el rabo de toro, entre otros platos de elaboración tan tradicional como la propia venta. En clavado justo a orillas de la A-4050, una carretera recta, bella y solitaria, en el desvío hacia el camino de Jayena, la venta Los Prados está rodeado de un bosque amplio, limpio y verde donde siempre apetece parar, respirar y dar un paseo.
Aunque la recomendación es conocer esta venta escondida en estos meses, junto a sus guisos y paisajes otoñales, su terraza no es una opción desdeñable para mediodías de primavera o verano. En este paraje ubicado a buena altura el fresquito está siempre asegurado.
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