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A un paso de un club de lujo

  • Didier Deschamps podría ser el tercero en alzar una Copa del Mundo como jugador y como entrenador

  • Antes sólo lo consiguieron el brasileño Zagallo y el alemán Beckenbauer

Didier Deschamps festeja el triunfo ante Bélgica junto a Pogba y Tolisso. Didier Deschamps festeja el triunfo ante Bélgica junto a Pogba y Tolisso.

Didier Deschamps festeja el triunfo ante Bélgica junto a Pogba y Tolisso. / ANATOLY MALTSEV / efe

Ser campeón del mundo es un éxito al alcance de muy pocos, pero conseguirlo como jugador y entrenador es un hito de máxima exclusividad. De hecho, en la historia del fútbol, sólo dos personas lo lograron: el brasileño Mario Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer. El domingo en el estadio Luzhniki de Moscú, Didier Deschamps tendrá la posibilidad de unirse a esa lista de privilegiados.

El técnico francés se encuentra a un partido de repetir el título que alzó como capitán del combinado galo en el Mundial de 1998. Emularía así lo conseguido por Zagallo, campeón como jugador con Brasil en 1958 y 1962 y también como entrenador en 1970, y por Beckenbauer, que alzó el trofeo en 1974 y después fue el técnico de la Alemania campeona de 1990.

"Yo todavía estoy en un club más grande", dijo Deschamps con una sonrisa antes de la semifinal ante Bélgica. Después del triunfo, insistió en su discurso. "Todavía no somos campeones mundiales", señaló de cara a una final en la que Francia será principales favoritos.

El recuerdo del Mundial de 1998 se repite una y otra vez en los últimos días para Les Bleus. Está presente en la mayoría de las preguntas de los periodistas, pero el mariscal galo insiste en que cada historia es diferente.

"No se puede comparar. Estamos aquí para escribir una nueva página en la historia, una página bonita", señaló tras el pase a la final. "Lo que hicimos hace 20 años quedará en la historia, nadie lo borrará. Pero debemos vivir nuestro tiempo, no podemos estar mirando el espejo retrovisor", prosiguió.

Deschamps recordó además que muchos de los jugadores de la generación actual ni siquiera habían nacido cuando Francia levantó su primer trofeo mundial en 1998. "Es algo que pertenece a muchos franceses que lo vivieron, pero no a esta generación joven", remarcó.

A sus 49 años, el seleccionador acaricia de nuevo la gloria, un título que podría colocar su nombre aún más alto en la historia del fútbol francés e internacional. Pero el duelo del domingo también es un arma de doble filo: una nueva caída en una final tras lo ocurrido hace dos años, cuando dejó escapar la Eurocopa en París, ante Portugal, sería un golpe terrible.

"Fue muy doloroso aquello", recordó Deschamps, que sí pudo alzar la corona europea como jugador en el año 2000. El técnico asegura creer en el destino, aunque eso no implica ningún tipo de relajación. "Todos tenemos destinos", dijo filosófico. "Pero siempre andamos buscando comparaciones. Esperemos estar del lado correcto del destino esta vez", apuntó.

Tras una muy notable carrera como futbolista, el galo asumió el mando de la selección bleu en 2012. Logró llevar a sus compatriotas a los cuartos de final del Mundial de Brasil, donde terminaron cayendo ante el equipo que ganaría el título, Alemania. Pese a caer en la final, también hizo un buen papel en la Eurocopa. Y no le tembló el pulso a la hora de prescindir de nombres como el de Karim Benzema, imponer su disciplina y renovar el plantel. Y los resultados se están viendo en Rusia.

Francia dejó en el camino, con más pragmatismo que brillo, a rivales del calibre de Argentina, Uruguay o Bélgica. Sin embargo, a Deschamps le falta aún un trofeo a su currículum como entrenador bleu, y el domingo en Moscú tendrá la posibilidad de conseguirlo.

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