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Anabel González | Psiquiatra "Después de esta crisis el mundo no será necesariamente peor"

  • La psiquiatra y psicoterapeuta Anabel González (Vigo, 1967) ha publicado el libro Lo bueno de tener un mal día (Planeta, 2020), una guía para cuidar y regular las emociones. Reconoce que en la situación de confinamiento que vivimos por el coronavirus "el sentido del humor es un gran recurso". No obstante, para algunos de sus pacientes "la limitación de su libertad resulta intolerable". "Hay personas se ven abocadas a estar consigo mismas todo el tiempo, y muchas veces somos nuestro peor enemigo", explica la autora.

Anabel González / Miguel Garrote Anabel González  / Miguel Garrote

Anabel González / Miguel Garrote

–¿Qué es lo bueno de tener un mal día?

–Los malos días ocurren con frecuencia, y si sabemos lidiar con las emociones que nos generan las malas experiencias, seremos cada vez más capaces de afrontar lo que venga, por ejemplo de gestionar esta situación. Ahora no estamos sólo ante un mal día, más bien ante unas malas semanas o meses.

–Las consultas de psicólogos y psiquiatras se van a llenar cuando pase la crisis del coronavirus.

–Y será bueno que eso pase. Si esto nos afecta para recuperar nuestra vida, pedir ayuda es lo más razonable. Ya muchos terapeutas están haciendo consultas on line, incluso se está ofertando apoyo psicológico gratuito.

–La depresión y la ansiedad cabalgan por nuestras cabezas.

–Es importante que hagamos un trabajo preventivo a este nivel. En este momento no nos hace ninguna falta machacarnos. Todo lo que hagamos por cuidar de nuestras emociones, por hacer cosas que realmente nos ayuden a regularlas, hará que podamos mantener un equilibrio emocional suficiente. Es muy normal tener emociones intensas, la situación no es para menos, pero es importante aprender a navegar en ellas.

–¿Cómo hacemos frente a la soledad?

–Lo estamos haciendo a través de las redes sociales. Aunque han potenciado el pánico, también nos han ayudado a reaccionar, a comunicarnos, a aportarnos recursos, ideas, apoyo. Gracias a que funcionábamos ya mucho con comunicación digital estamos consiguiendo sentirnos conectados desde el aislamiento.

–¿De qué nos sirve aplaudir desde nuestros balcones y ventanas?

–Para sentir esa comunión con el otro más allá de la distancia física. Me emociona mucho que no estemos aprovechando esta circunstancia para arremeter unos contra otros. Hay quien lo hace, claro, pero la inmensa mayoría está apoyando a los que están luchando por ellos, les están enviando fuerza. Las personas que están en primera línea necesitan ese apoyo, y también apoyo material: mascarillas, medios para protegerse.

–Es evidente.

–Y es importante que no olvidemos esto cuando todo pase. Los profesionales sanitarios están teniendo que hacer medicina de guerra, con todo lo que eso implica. Se merecen que los cuidemos mucho después.

–¿El miedo es libre? El conteo de muertos..

.–No del todo. El miedo se activa ante el peligro, es normal sentirlo. Negarlo no es una opción, quienes lo han suprimido o han tratado de "ser valientes" han terminado por ser imprudentes. Sin embargo, es bueno cuidar de que no se desboque, y más aún, de no alimentarlo, tanto internamente como a través del pánico contagioso. Es bueno tener información fiable, nos da algo de control, pero no ayuda estar viendo las noticias todo el día.

–¿Cómo se regulan las emociones en un piso de 70 metros cuadrados y con dos niños, por ejemplo?

–Pues ahí es cuando más nos interesa invertir en esto. Regular emociones no significa estar zen y sonriente todo el día. Nos vamos a sentir mal en muchas ocasiones, y hemos de hablar mucho con nosotros mismos. Nos podemos decir cuando los niños se suben por las paredes: "Es normal que estén así, todos estamos descolocados".

–Se dan situaciones...

–Por eso hay que hablar con los niños y ayudarles a hablar de sus miedos, de lo rollo que es todo esto y de la rabia que da no salir a la calle. También buscaremos modos de descargar energía en casa, bailar juntos, jugar a cosas que impliquen movimiento… Es importante regularnos nosotros para poder regularlos a ellos. Si ayudamos a nuestros niños, ellos tendrán una mayor fortaleza en un futuro para manejar situaciones difíciles, para tolerar la frustración, para gestionar el aburrimiento…

–¿Las emociones influyen en nuestra salud física?

–Las emociones las sentimos en el cuerpo, no son un fenómeno mental. Y a su vez, las emociones influyen en el cuerpo. De hecho, muchos problemas físicos están desencadenados o agravados por factores emocionales. Por ejemplo, nuestro sistema inmunitario, el que tiene que pelear con el virus si nos contagiamos, funcionará mejor si nuestro estado emocional es bueno.

"Es bueno tener información fiable, nos da algo de control, pero no ayuda estar viendo las noticias todo el día"

–¿Nos quedaremos atascados en el miedo, el odio y la culpa?

–A algunos quizás les pase. Es tentador buscar culpables, es uno de los mecanismos con los que tratamos de recuperar el control. La vida a veces es impredecible, y es mejor aceptarlo y tener los máximos recursos para afrontar lo que venga. Quizás la culpa nos la echemos nosotros por lo que hicimos o dejamos de hacer. Torturarnos por ello no mejorará nada, sólo nos hará sentir peor. En circunstancias como esta, hacer lo que podemos ya es mucho.

–¿El mundo será el mismo después de la crisis del coronavirus?

–Creo que no, pero no será necesariamente peor. Hemos hecho además un gran experimento colectivo. Hemos visto cómo cambia el aire de las ciudades, cómo es nuestra vida con tiempo para nosotros y para nuestras familias, tenemos más consciencia de muchas cosas. Quizás hemos pensado sobre nuestras prioridades. Y lo más importante: hemos tenido una enorme conexión solidaria, hemos resonado juntos y formando redes creativas de apoyo. Esto va a quedar en nuestra memoria. Los buenos días no nos dan lecciones tan importantes.

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