José Luis Garci | Director de cine "El entusiasmo es un don divino, es algo mucho mejor que la esperanza"

  • El director, que volvió al ruedo el año pasado con 'El crack cero', vive rodeado de libros, con algún Martini y una capacidad ilimitada de no aburrirse. Aguarda, eso sí, con ganas la vuelta de la Champions League y el boxeo

El cineasta José Luis Garci.

El cineasta José Luis Garci. / Efe

Entrevistar a José Luis Garci (nacido un 20 de enero de 1944 en Madrid, justo 24 años después que Federico Fellini) es como escanciar sidra. Puede parecer sencillo por su buena conversa, pero su infinita sabiduría se acaba esparciendo sin que se pueda agarrar del todo. Además de la responsabilidad que conlleva hacerlo más o menos bien.

Al humilde y apasionado director nadie le podrá quitar ser el español que rompió el techo de los Oscar a lo que se suman otras tres nominaciones y haber dado la mayor cátedra de cine televisiva que hoy perdura en ¡Qué grande es el cine!. Académico de Hollywood y de todo lo bueno que hay en la vida (cine, música, libros, boxeo, futbol, la misma vida...), vive confinado releyendo a Umbral, entre otros.

A las ocho, este 'cowboy de media tarde' saca el teléfono fijo -no sabe lo que son las redes ni le interesa- por la ventana para que suenen los aplausos y los silbidos de un lunes en el Retiro, el parque que mira desde su ventana y que ha marcado su vida. Ya volverán sus paseos: "No pasa nada, espero tranquilo", dice consciente de que el 'retiro', sea cual sea, puede esperar.

-¿Cómo se encuentra?

-Bastante bien. Yo creo que tengo la suerte de los que nos gusta leer, ver películas y oír música. Estamos como en unas largas vacaciones. Como si estuviéramos visitando una plataforma de petróleo por el Océano Índico.

-¿O como en la cárcel?

-Pero en la cárcel hay menos libertad todavía. Aquí puedes poner la música que quieres, acostarte cuando quieres, levantarte cuando quieres, ver la película que quieres, leer o escribir. Creo que cuando digan que haya que salir me va a dar igual. Me voy a quedar aquí.

-¿Echa de menos los paseos por el Retiro?

-Sí hombre, claro. Lo que pasa es que ayer vi por televisión la salida de los padres o madres en teoría con un niño o con dos y aquello era una romería (se refiere al 26 de abril). Era tremendo. Por mucho que le dices a la gente cómo tiene que comportarse, da igual, se tiran por la calle de en medio. Pero bueno, sí, supongo que volveré a echar mis paseos por el Retiro, aunque no pasa nada espero tranquilo.

(Garci hace un alto para señalar la dificultad de plasmar el tono real de una entrevista)

"A estas alturas del metraje puedes poner lo que te parezca. Es muy difícil dar con el color de la voz o el tono, la entrevista puede quedar presuntuosa, divertida o sueltas un taco que pueda ser de una forma coloquial, lo ves escrito y queda raro. Por eso, ponlo como tú consideres y ya está".

-Esta charla extensa tendré luego que condensarla en seis o siete preguntas en la entrevista para el papel. Esto debe ser un poco como el montaje del cine.

-Yo soy de papel. Nunca he tenido ni coche ni móvil ni redes. Para mí las redes son las de la portería de fútbol, esas son las redes que yo he conocido siempre lo que le dicen las mallas donde va el balón. Estoy viviendo como si estuviera en la Edad Media, como si estuviera en un monasterio con unos buenos códices, mis buenos libros, y lo único es que no puedo darme los paseos que se daban en los monasterios, en Silos y esos sitios bajo el ciprés.

-Pero, con cultura pop.

-Sí, sí. Total.

-¿Qué no puede faltar en la lista de la compra de José Luis Garci?

-Es curioso, me recuerda a que mi madre me mandaba hacer la lista de la compra de niño porque tenía buena letra. "Vamos a bajar, José, que vamos a comprar. Has dicho queso, pues apunta queso para la tienda de comestibles…". Por eso viene mi fascinación por las listas, de mejores películas, mejores futbolistas, mejores porteros. Entonces ahora, no sé. Creo que tengo suficientes libros y no me falta nada. No tengo ninguna necesidad de tener más música porque tengo todo Beethoven, todo Mozart, todo Bach.

-¿Es muy comilón o no?

-Depende. Me tomo mis aperitivos, mis martinis que es algo estupendo. Es mejor pasar esto con una copa de Martini. Ahora cuando terminemos la charla, me preparo un Martini, unas aceitunas y unas patatitas fritas.

-Entonces, ¿es más del aperitivo?

-De todo. Hay veces que tienes más hambre que otras depende de cómo haya ido el día. Hay veces que lo que te apetece es comer de cuchara unos buenos garbanzos, unas buenas lentejas o un buen arroz a banda. A veces te apetece carne o un buen pescado. Somos tan variables, que no puedes decir a piñón fijo lo que te gusta cada día.

Por ejemplo yo estoy leyendo ahora mucho toda la obra de Umbral y me parece extraordinario. Creo que es un genio con la Travesía de Madrid, las dos trilogías de Madrid, Un ser de lejanías y Mortal y Rosa. Escribe con una libertad asombrosa. No mira nunca para atrás. Como él dice, no me voy a levantar ahora a consultar este dato. Es muy espontáneo. Va directamente su pensamiento a la máquina, al tecleo, a las yemas de los dedos tecleando.

"Estoy como si estuviera en la Edad Media, como en un monasterio con buenos códices, mis libros"

-¿Qué opina del nuevo columnismo español?

-Un par de años antes de que muriera, yo ya decía que David Gistau era el heredero de Manolo Alcántara, que a su vez Manolo lo había recibido de César González Ruano, que se van sucediendo. Hay buenos columnistas, estupendos. Me gusta mucho Ignacio Camacho en Abc, Jorge Bustos de El Mundo o Luis Ventoso de Abc. Hay muchísimos. Aún sigue perdurando nuestro decano de todos, nuestro querido Raúl del Pozo, que sigue escribiendo magníficamente. Umbral es uno de los grandes columnistas que ha dado España sin ningún género de dudas. Alcántara, Jaime Campmany, González Ruano es que eran muy buenos. Pemán era muy bueno. El escritor de artículos no tiene nada que ver con el de libros.

-Hablábamos antes de los periódicos...

-Sigo leyéndolo el periódico de papel porque no tengo donde leerlo en lo otro. La gente lo lee en los móviles, pero en los móviles se ven las películas también. La gente va en el metro y va viendo una película y a mí eso no me parece mal, porque el cerebro tuyo se te aplica perfectamente a la historia. Tú ves una película en un cine en una pantalla muy grande, en el formato original, pero luego la ves en televisión y aunque tengas una televisión grande es mucho más pequeña que la pantalla y la sigues igual. Por qué no vas a seguirlo también en un teléfono móvil.

-¿Cree que perdurará el periódico en papel?

-No lo sé. No lo veo muy fácil. Yo estoy además en un final de un tiempo que ahora es cuando ha entrado realmente otro nuevo tiempo con el coronavirus. Creo que, por ejemplo, el siglo XIX se dice siempre que termina con el atentado de Sarajevo, con la primera Guerra Mundial. Yo creo que el siglo XIX termina y empieza el XX con el cine. A mí me parece que es el cine, la imagen en movimiento. Luego, claro, hay otros acontecimientos, pero el caldo de cultivo está ahí. El siglo nuestro, el XX, termina con la caída de las torres, y con otras caídas como la del muro del Berlín o la caída de la Bolsa. Todas las caídas. Desde entonces hasta ahora hay una época de transición hasta que entra el nuevo milenio más que el nuevo siglo y ha sido el coronavirus que es algo tan inesperado como una Tercera Guerra Mundial sin enemigo al que puedas enfrentarte. Es un virus, como un alienígena. Como si alguien extraterrestre hubiera decidido invadirnos y para eso mete un caldo de cultivo, un virus, y ahí estamos peleando todos.

-Pero con bastante menos épica, ¿no?

-La épica estaba en la Primera Guerra Mundial que era la de las trincheras o la Segunda que era la de los bombarderos, los aviones o los paracaidistas. Pero esto era inesperado. La Tercera Guerra Mundial se pensaba que iba a ser entre una parte del planeta contra la otra, Asia o China contra el mundo de Occidente. Lo que no se pensaba es que lo de un enemigo invisible, un enemigo contra el que los laboratorios tienen que luchar. Pero ese final de un mundo ha venido cuando ya España es un país que no era en el que yo fui al colegio porque ahora es un país que son 17 pequeños países, hay que ponerse de acuerdo con las autonomías. Esto no le pasa a Francia que esté dividida entre 17 ni a Italia. Es que ahora se tiene que poner de acuerdo mucha gente.

-¿España tiene remedio? O, mejor dicho: ¿Los españoles tenemos remedio?

-La España que conocíamos, la que yo estudié de "España limita al norte con el mar cantábrico" ya es una España distinta. Se ha deshilachado. Era un traje que se empezó a tirar por un lado, el País Vasco, por otro lado Cataluña, por otro lado las Baleares y los hilos se fueron desaflojando y luego rompiendo. El traje se ha deshilachado y ya está roto. Dicen que habría que mandarlo al tinte, pero ya no hay solución ni allí. Vendrá otro traje u otros trajes. No lo sé.

"España es un traje deshilachado y no se arregla ni llevándolo al tinte. Vendrá otro traje u otros trajes"

-Pero, pese a otros trajes le sigue gustando España.

-Yo soy español y mi idioma es el español. Mis padres eran españoles: mi padre de Asturias y mi madre de Andalucía. Yo me considero en mi casa cuando estoy en Málaga desde que empecé a ir en los años 70, pero también me considero en casa en Gijón o en Oviedo y también cuando estoy en Canarias o Galicia. Tengo la suerte de pertenecer a un país maravilloso de una variedad enorme. Luego estoy orgulloso porque de este país ha sido gente como Luis Buñuel o Luis García Berlanga, poetas que me encantan como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o los hermanos Machado. Pensadores como Ortega y Gasset y músicos como Falla. Cómo no vas a estar orgulloso de este país del que yo me he ido enriqueciendo y alimentando, no necesariamente de toda esta gente, pero sí de esa cultura que han ido transmitiendo una serie de personas antes. Los siento de los míos, me encanta también cuando estoy en Alemania, Inglaterra o Francia. Siento que formo parte pero eso no quiere decir que si yo pudiera elegir me quedaría a vivir en Nueva York, en Manhattan.

-¿Le gustaría tener la doble nacionalidad estadounidense?

-Sí, claro, eso se lo debo al cine desde niño, que ya con 7 u 8 años veía esas películas. Pero me gustaría tener la nacionalidad de Manhattan, porque la gente habla de Nueva York en general pero a mí Staten Island no me gusta, sé que Brooklyn está muy de actualidad pero no me gusta tampoco ni Tribeca. Yo soy de Manhattan, Times Square me encanta, porque la primera vez que fui allí hace medio siglo, en el año 72, descubrí que aquello tenía un poco el toque de la Gran Vía de Madrid. Era algo parecido, tenía esa vibración.

-O sea, que en la dualidad Los Ángeles-Nueva York lo tiene claro.

-Los Ángeles me encanta como también Hollywood. Aunque Hollywood es un estado mental. No existe el Hollywood que tú piensas que vas a llegar allí y va a ver unas calles determinadas. Hollywood, siempre lo he dicho, es Málaga. El cielo ese azul Picasso es el mismo al igual que las montañas que tienen son las que rodean las playas estupendas de Málaga. Es muy parecido y sobre todo la zona desde Málaga a Marbella es muy parecida, muy semejante. Es como Málaga en cinerama, en cinemascope. Me encanta mucho Los Ángeles porque es una ciudad que está en ninguna parte y no es lo mismo estar en Beverly Hills que en Canyon Drive, es distinto. Soy un ciudadano, como se diría sin que suene cursi, del mundo. Me gusta mucho todo.

"Si pudiera elegir me quedaría a vivir en Nueva York, me gustaría tener la nacionalidad de Manhattan"

-Sin que suene progre...

-Ya sabes que lo progre es como no tener pensamiento propio. El progre es el que están decidiendo por él. El libro que hay que leer esta temporada es el que se ha puesto de moda, que hay que leer El Guardián entre el Centeno, que es fantástico, bueno pues es el que hay que leer. Qué película tengo que ver, que exposición, qué pintor… Seguir un poco las consignas de la intelligentsia, por así decirlo. Progre es el que justifica cualquier error que pueda cometer la izquierda o un pensamiento de izquierdas, se justifica siempre nadie sabe muy bien por qué pero se justifica siempre. Lo progre es distinto, es algo que no existía en el mundo. Existían la izquierda, la derecha, el comunismo, el nazismo y todo eso. Pero lo progre creo que viene alrededor del Mayo Francés, entre la nouvelle vague, la Guerra de Vietnam y los años 60 viene un movimiento progre. Sí, en la contracultura se crea un pensamiento que no existía antes.

-Una de sus señas de identidad es la independencia. Ya lo decían su madre y la directora de su colegio.

-El otro día, antes del coronavirus, lo dije porque me dieron un premio de independiente del año en el apartado artístico. Yo dije que el premio era para mi madre y para la directora del colegio, que son las que decían "este chico es muy independiente". Yo creo que viene porque soy hijo único, tienes amigos en el colegio y juegas en la calle, pero llega el momento que llegas a casa y los juegos te los tienes que inventar tú. Te inventas la Vuelta Ciclista y eres lo mismo Coppi que Anquetil o los dos. El chico que es hijo único, al menos en mi caso, es independiente por narices porque estás solo y no tienes hermanos y tienes más tiempo para pensar, meditar las cosas.

-¿Luego no le han faltado hermanos en la vida?

-Lo que pasa es que cuando no tienes esos, encuentras una amistad muy cercana que yo entiendo a lo que debe ser la hermandad. Yo mantuve una estrecha amistad desde el año 73 con Manolo Alcántara, que ha sido fantástica. Y al revés, yo la tuve siendo mayor y el joven con David Gistau desde hace veintitantos años. Cuando lo conocí era muy jovencito, pero es igual. La amistad no tiene nada que ver con el carné de identidad. Te sientes cómodo, perfectamente, con una persona. Y fíjate este año es tremendo, duro. Se han ido los dos que eran más que amigos y además gente muy inteligente, gente que te hace la vida mejor. Manolo Alcántara era una persona que transmitía felicidad al que estaba a su lado. Era una suerte poder contar con él en todo momento. Era estupendo, tenía esas cosas que tienen los grandes genios que ha dado este país como Velázquez o Cervantes que no parecen españoles. No son crispados, no son gente preocupada por demostrar las cosas.

"Lo progre es como no tener pensamiento propio, que decidan por ti"

-¿Se ha sido justo en este país con Alcántara?

-A Alcántara le tenían que haber dado el Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes, pero bueno eso es el tiempo el que lo va reconociendo. Él es un poeta y un articulista fantástico, y un conversador muy inteligente. Una persona a la que de verdad echo mucho de menos porque hablaba con él por teléfono prácticamente todos los días porque como todos los días hay fútbol comentábamos los miércoles la Champions League y ya el sábado el domingo los partidos de La Liga. Para Manolo y para mí lo primero en nuestra amistad fue el boxeo.

-En You're the one se dice que "no hay mayor don que el entusiasmo". ¿Sigue convencido de ello?

-El entusiasmo es un don divino, algo mucho mejor que la esperanza. La esperanza es un poco triste. La gente dice que tiene esperanza "si nos tocara el Gordo este año…". En cambio el entusiasmo no es así, porque la vida está llena de pequeñas fechas que vienen a continuación. Dentro de nada tenemos la pelea entre Pacquiao y Mayweather o tenemos un Madrid-Barcelona fantástico. O ha salido el nuevo libro de Woody Allen, que tengo muchas ganas. El entusiasmo es la estación anterior a la felicidad. La felicidad entiendo que debe ser como una sucesión de buenos momentos.

-También dice la protagonista de esa película que "siempre hay que vivir como si uno fuera joven".

-Es que estoy leyendo ahora a Umbral y es un tío muy joven el que está hablando aunque tenía ya muchos años. Tú ves una película de Woody Allen y es joven, en el sentido del humor que va muy unido al sentido del amor y todas estas cosas que son estupendas. Yo ahora he hecho una película que he hecho el año pasado, y nunca había sentido eso, pero me he quedado muy contento de la película. He sentido que he contado lo que quería contar. Cuando rodé aquella escena en el Hotel Palace, llamé a Manolo Alcántara y le dije te he hecho un homenaje con lo del Martini. Alcántara lo definía como un cuchillo disuelto y dijo: "¡Ah, qué bien". Luego no llegó a verla. Ya sabes que el Martini tiene muchas definiciones. La guerra fría, la bala de plata, pero es que la de Manolo no hay nadie que la haya igualado. Es que es perfecta: un cuchillo disuelto...

-Otro de sus elogios a Alcántara es por el hígado que tenía.

-Tenía piedra hueca, podía beber y no se le notaba nada. Echo de menos esas conversaciones en Málaga con Salvador Moreno Peralta, aquel que había sido alcalde y se murió Pedro Aparicio. Las cenas en casa de Alfredo Landa con Alcántara y Torres Dulce que nos daban las seis de la mañana, nos tomábamos cuatro o cinco martinis. Todas las conversaciones que teníamos en la tertulia aquella.

-¿Cuándo llegaba el momento de cortarlas?

-Como diría el poeta, entraba la luz en las lámparas. Llegaba un momento que había que irse porque eran las seis de la mañana. Las tertulias que teníamos una o dos veces al mes con Alfredo Di Stéfano, Manolo Alcántara, Oti Rodríguez Marchante, que se fue a Barcelona. Manolo se fue a Málaga. Se van yendo. Es la vida, que se va disolviendo. Yo a Manolo iba a verlo mucho. Antes de tener casa en Málaga iba a verlo al Rincón. Me hospedaba en el hotel Rincón Sol y estaba 15 días o 20.

(En este momento, la memoria y la sabiduría de Garci siguen flotando)

Pero lo que no hay que perder es esa sensación de seguir entusiasmado. Creo que cuando pierdes el entusiasmo es el final porque ya no te interesa nada. Por eso te decía antes, estoy bien porque tengo libros. Si quiero me leo un libro de Truman Capote, que estoy viendo ahí encima. O esta noche me voy a ver una película, hace mucho tiempo que no veo la película de Leo McCarey, me voy a poner un Mcarey o cualquier película. O me voy a poner música, pero no sólo música clásica, voy a ponerme soul y voy a oír a Roberta Flack y voy a ser el hombre de las mil danzas. Es decir, tengo muchas posibilidades. Yo tengo una capacidad ilimitada para no aburrirme. Es por eso que entonces, claro, estás aquí y estás un poco como de vacaciones. Estoy escribiendo un par de horas todos los días, no más porque tampoco es bueno.

"Creo que cuando pierdes el entusiasmo es el final porque ya no te interesa nada"

-Dice que en 'El Crack Cero' trabajó con gente muy joven y que el resultado fue muy satisfactorio.

-Gente muy joven y muy buena. Extraordinaria. Porque tenían una pasión por el cine como la misma que podía tener yo a su edad. Cuando eres mayor piensas que sólo tú o gente de tu generación ha entendido de verdad el cine o que la gente que viene ahora no es como tú y no es cierto. Yo he notado en la película que gente con la que estaba rodando transmitía la misma pasión por el cine que cuando yo rodaba Asignatura pendiente. Porque es así, al que le gusta la pintura es un loco de la pintura, al que le gusta la música le gusta esté cuando esté.

-¿Dónde queda la cinefilia en un mundo que prima solo la novedad?

-Primero, la cinefilia no existe. Cuando yo era chaval o era joven existía la gente que nos gustaba mucho el cine. Se decía, es un buen aficionado al cine. Luego llega la palabra francesa cinéfilo. Ahora cualquier persona te dice, por ejemplo, una señora "yo tengo un hijo muy cinéfilo, sabe usted". Pero luego la cinefilia mutó en la videofilia, entonces la gente empezó a ver las películas en casa y no en el cine. Y ahora es seriofilia, la gente ve series constantemente en televisión. El futuro, no lo sé. Yo creo que siempre vamos a tener la necesidad de que nos cuenten historias por el medio que sea.

Entonces la suerte que yo he tenido es que puedo ver películas, que puedo verlas en la tele, en el vídeo, en series… Lo que pasa es que me gusta ver más el cine que las series porque cuando ves una serie que está muy bien a mí me gusta que sean cortas. La primera de True Detective me encantó. Luego ya empiezan a alargarse, se estiran los personajes. Me gustó mucho Chernobyl, de cinco o seis capítulos es estupenda. Pero claro, si haces un Chernobyl de 20 capítulo como las de narcotráfico que duran toda la vida... Duran mucho, que no digo que no estén bien, pero claro llega un momento en el que dices si ya me sé más o menos lo que va a pasar. Son como los viejos folletines de Dickens. La gente esperando qué le pasaba a La pequeña Dorrit y no podía aguantar e iban al muelle cuando llegaban los barcos a por los nuevos episodios de La pequeña Dorrit porque la gente tenía un interés brutal. Y en la radio de aquí las novelas de Guillermo Sautier Casaseca y Luisa Alberca, era algo tremendo con Lo que nunca muere La sangre roja que se vaciaban las ciudades como ahora están de vacías. Se metía en las casas todo el mundo: veinte millones de personas oían las novelas.

-¿Le ha molestado alguna vez que le digan adjetivos como carca o apolillado?

-Yo me he sentido siempre en la libertad y en la independencia que antes decías. Cuando hice Canción de cuna, Asignatura pendiente, El abuelo de Galdós o Sangre de Mayo. He hecho siempre las películas que he querido. Las etiquetas... La gente no te conoce. No vas a ir uno por uno diciéndole cómo eres ni lo que te gusta ni tu comportamiento. 

-¿Le parece normal tener que explicar una pasión por el boxeo o por el fútbol?

-Eso es cuando tú eres un chaval y te gusta el fútbol, vas a ver al Madrid o al Atleti, y los intelectuales no. Yo lo mismo podía leer Marca que Ínsula. Lo he contado muchas veces. Mi padre lo mismo me llevaba al Museo del Prado a ver Las Meninas que a ver boxear a Fred Galiana en la plaza de toros. Y me traía tebeos y me decía que leyera El Viaje a la Alcarria o a Baroja. Es decir que no había una sola pasión sino varias pasiones. Al ser independiente, no eres de la idea que digamos la idea pues sería la izquierda. Yo ni soy de izquierdas ni lo he sido nunca, como no he sido de derechas. Ni lo era cuando hacía una película como Asignatura pendiente que metió muchos votos (al PSOE) al mostrar una gente de izquierdas normalísima, que podía tener queridas como los de derechas. Y yo he conocido a una gente de izquierdas extraordinaria. Mis libros están dedicado a ellos. El libro a José Luis Gallego que estuvo 25 años en la cárcel y era un poeta extraordinario o a Pedro Dicenta. Mi amigo José María Gónzalez Sinde que también era gente del partido. Pero no eran estos, eran gente como española con sentido del humor y divertida. Esta de ahora no es lo izquierda. Es que ni siquiera el PSOE. Estos no tienen que ver con Joaquín Leguina o con Alfonso Guerra, que eran de otra pasta. Con estos ahora no se podía haber hecho la Transición que se hizo, donde se unieron de distintas ideologías y dijeron esto es España, vamos a hacer un país y a intentar ponerlo en el mapa, y la bandera pues la española y el himno...

-¿Quien le parece el número de uno de la radio actual?

-Por un lado está Carlos Herrera, que tiene una manera de comunicar muy directa, sencilla, suave, cercana y simpática. Le ayuda mucho su gran conocimiento musical. Y luego hay otro que es un comunicador excepcional que es Paco González. Otro que tiene unos grandes seguidores es Federico Jiménez Losantos. Hay gente muy buena, yo colaboro en Radio Nacional con Pepa Fernández, en EsRadio con Dieter Brandau o con Luis Herrero, que es un fenómeno de la radio y el que más me gusta escuchar porque es muy neutral, muy como era Galdós. Opina muy bien de lo que está ocurriendo y no toma partido visceral por nada. Se trata de ser neutral, imparcial. Luego estoy en la Cope haciendo el programa de boxeo de El campo del gas con Joseba Larrañaga, que tiene una voz estupenda y es muy bueno y con Jaime Ugarte, que sabe horrores de boxeo y lo pasamos estupendamente. Es como si me preguntaras, ¿estos de dónde son? Y yo que sé si son de derechas o de izquierdas. Hablamos de boxeo porque nos une el mundo del deporte, el ir a cenar o a charlar. Es que eso que salvo casos excepcionales, que estamos charlando estupendamente, se busca como una tercera lectura. No tiene sentido.

-Ahí están los redes...

-Es que no sé lo que son. No tengo ni idea de eso. Sé que es gente que escribe ahí, unos con otros y cosas de esas.

-Un nostálgico y melancólico de pura cepa como usted, ¿reconoce a un nostálgico impostado?

-A mí me ha marcado mucho, igual que a otros los marca otro tipo de poesía, lo de Jorge Manrique que desde niño lo leía: ¿Qué se fizieron de todas aquellas cosas que vimos que ya no están?, ¿Dónde están?. Todo aquello, las fiestas, los vestidos que llevaban aquellas mujeres. Y también lo del francés François Villon: ¿Dónde están las nieves de antaño?. Eso desde niño siempre me ha impactado, saber que un día te vas de aquí.

"Ahora parece que salvo casos excepcionales, se busca siempre como una tercera lectura. No tiene sentido"

-La fragilidad de la vida.

-Eso lo he hablado yo tanto con Manolo Alcántara durante tantas cenas y muchas copas. Incluso, meses antes de que se fuera le decía yo: "Manolo, tú ahora que ya has cumplido 90 y dentro de nada nos vamos todos, ¿piensas en que debe haber algo?". Y me dijo: "Pienso en dos posibilidades: una en que no haya nada como nada había antes de yo venir al mundo, vine porque mi padre y mi madre se conocieron y se casaron, y luego pues igual que se mueren tantas cosas que puede haber algo desconocido o imprevisto que no estemos capacitados para entender y que pueda existir una especie de permanencia en no sé dónde". Y entonces le comentaba, algo que me pasó en Oviedo de jurado en los Premios Príncipe de Asturias que aquel año le habíamos dado el premio a Berlanga, en el 86. Iba con Manolo Martín Ferrand y bajamos a tomar un Martini después de la deliberación y estaba Severo Ochoa. Estaba tomándose un Martini y nos pidió que nos sentáramos con él. Manolo se fue en seguida porque tenía que mandar la crónica a Abc y yo me quedé charlando con él y después de un rato me dijo: "Mira desengáñate, somos física y química". Y yo, en esas cosas que haces cuando eres joven, le dije que también teníamos una gota tan pequeña como esta de Noilly Prat que nos han servido en el Martini, pero de misterio. Me dijo que estaba bien visto. Somos física y química y una gota de misterio. Eso lo hablaba yo a veces con Manolo. Todo esto es un misterio. No nos vamos a poder entender. 

-Aunque con sangre asturiana y andaluza, reconoce que le tira más el norte.

-Sí, porque desde niño los veranos íbamos a pasarlo a Gijón a esa playa bajo la lluvia, que llueve mucho aunque la gente dice que no. Les pasa también a los de Bilbao. Tú llegas y te dicen que vaya pena que no estuviste ayer porque hizo un día muy guapo. Siempre es el día anterior al que llegas cuando hay buen tiempo. Y luego porque he rodado mucho en Asturias. 

-¿Cómo se aprende a decir que no en esta vida?

-Hombre, has tenido que decir que no muchas veces en la vida. Eso lo vas aprendiendo poco a poco. Hay cosas que sabes que no puedes hacer o que no eres la persona idónea para ese trabajo o ese encargo o que sabes que esa relación con esa chica no puede funcionar porque hay un abismo que te separa. Lo peor es la gente pesada, que insiste aunque tú le digas que sí.

-¿Qué hace para equilibrarse y no tener arrebatos violentos?

-Todo el mundo los tiene. Momentos de furia y de cabreo tienes siempre. Según vas envejeciendo tienes menos. Pero sí que los hay como cuando se me rompe la máquina de escribir, mi Olympia modelo Mónica que se me ha roto ya en un par de ocasiones y una vez en Estados Unidos, donde estaba haciendo las crónicas del Mundial 94. El otro día estaba viendo una película y se rompe el vídeo. Se me rompe a mí porque las cosas estas modernas saben que yo soy enemigo y siempre pasa algo cuando estoy cerca de ellas. Estoy viendo una película y se pixela...

-La amaxofobia es el temor obsesivo a conducir un vehículo, ¿le suena?

-Es que no he conducido ni en los coches de choque de la verbena. No he conducido nunca. Me hubiera gustado tener coche con 18 o 20 años pero no lo tenía y cuando pude tenerlo me daba igual. Para los rodajes tenía un coche de esos de producción, te acostumbras a eso. Luego ya si que me hubiera gustado tener un coche pero con chófer. 

-Para alguna gente su gran obra maestra es ¡Qué grande es el cine!, ¿no le parece un poco injusto con el resto de su filmografía?

-No lo sé. Estoy muy orgulloso de haber hecho ese programa. No te hablo de aquí, sino de a veces venir españoles en Los Ángeles y Nueva York a decirme: "Gracias a ti he descubierto una película maravillosa de Michael Powell o de Dreyer". No es un programa mío. Tuve esa idea hacerla pero sin gente como Juan Cobos, Torres Dulce, Marías no hubiera funcionado. Era gente que le gustaba muchísimo el cine y no estaba allí por lo que ganaban, que era poco además porque el programa muy barato, sino que le gustaba el cine y sabía transmitirlo, algo que no le pasa a todo el mundo. Yo me encuentro con mucha gente ahora que eran de esa generación como el actor Carlos Santos que ha hecho de Germán Areta o el director de fotografía de El crack cero y me dicen que se quedaban hasta las tantas a ver a John Huston o a John Ford. Me siento muy orgulloso de haber hecho ese programa y que luego todos los programas vienen siendo así, una charla y luego se ven las imágenes. Eso sí, nunca he visto el programa. Lo mío es de 'Freud capítulo 2'. Hasta hace poco no tenía ni las películas mías en DVD. 

-En 'Asignatura pendiente', su primera película, y en el último Crack (que en realidad es el 0) rueda de una forma parecida el anuncio muerte de Franco, con una pareja en la cama escuchando la radio. ¿Es autobiográfico?

-Es la misma escena, pero rodada de otra manera. En una vez te aproximas a la pareja y en otra te alejas de la pareja. Yo supongo que más de media España se enteró así, a las cuatro de la mañana. "Oye pon Radio Nacional que lo van a decir". Eso pasó así. En Asignatura pendiente rodé la llamada que la cámara se iba acercando a José Sacristán y a su mujer Silvia Tortosa. En El Crack cero fue al revés la cámara se iba alejando, se iba poco a poco hacia atrás y había un fundido en negro.

*Versión muy extendida y sin apenas cortes de la entrevista publicada en 'metraje de periódico de papel' de la contra de las nueve cabeceras de Grupo Joly el miércoles 13 de mayo.

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