Carlos V en Granada, enamorado, emperador y manco
Las vicisitudes de la escultura que embellece la plaza de la Universidad se extienden a lo largo de décadas y han tenido como punto álgido las celebraciones del lucas, que ahora cuentan con un andamio para evitar saltar desde la peana
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El 11 de marzo de 1526 Carlos V, que había viajado desde Toledo, y la princesa Isabel de Portugal, que hizo la maleta en Lisboa, se casaron en Sevilla. Desde allí iniciaron un viaje de novios que tuvo como destino Granada. La pareja residió en la Alhambra durante varios meses, desde junio a diciembre de ese año , donde los dos recién casados forjaron una alianza histórica entre los dos países, España y Portugal. Fruto de esos esfuerzos dinásticos llegó al mundo en mayo de 1527 el heredero, Felipe II. Todo es historia.
De aquella luna de miel, de la que ahora se conmemora el quinto centenario, quedó una profunda huella en Granada. Además del Palacio de Carlos V, se dio inicio a los trámites para dotar de Universidad a la ciudad. Él, enamorado, hizo traer a Granada semillas de una exótica flor persa, el clavel, que con los años hizo fortuna como símbolo andaluz.
Tantos esfuerzos tienen su reflejo en la ciudad. En la plaza de la Universidad, frente al Colegio San Pablo, luce una escultura del monarca. Se instaló en 1948 para embellecer el entorno. Y cuenta con una estatua gemela. Un Carlos V idéntico se puede ver en el patio del Archivo del Hospital Real. Una figura, la de la plaza de la Universidad, es de piedra. Su gemela, de latón. Una tiene brazo, la del Hospital Real. La otra, no.
La pérdida de la extremidad de Carlos V ha sido un quebradero de cabeza desde hace décadas. La primera vez fue en 1989. En el año 2000 de nuevo unos vándalos se llevaron el antebrazo y la espada. Aquella amputación dejó de piedra a los responsables municipales, que habían gastado 900.000 pesetas pocos meses antes precisamente para que la figura luciera las dos manos y el arma. Carmen Tienza fue la encargada de aquella compleja restauración.
Seis años después, en 2006, se procedió a colocar de nuevo el miembro al Austria. La operación costó 7.570 euros y de nuevo fue Tienza la encargada del trabajo. Aquello duró dos años. En 2008 ya estaba tullido otra vez.
En vista de lo apetecida que era la extremidad para los vándalos, el Ayuntamiento encargó un molde para tener repuesto. Se tomaron otras medidas. Se empleó una resina especialmente resistente y la estructura interna se diseñó para aumentar la sujeción y evitar un nuevo agravio al emperador. Además, se hicieron peticiones públicas desde las administraciones que reclamaban respeto a la figura del emperador.
Aquello no funcionó. Se atribuye a las novatadas de cada inicio de curso, sobre todo en las fechas cercanas a San Lucas, a mediados de octubre, el dejar a la figura con un horrible muñón y a las autoridades de piedra. Tan repetida fue la acción que desde hace 17 años no se le ha visto más el brazo derecho a la escultura, realizada por Emiliano Barral a partir de un modelo que está en el Prado, obra de Pompeo Leoni.
La virulencia y recurrencia de los ataques -además de quitarle el brazo, Carlos ha sido 'adornado' con un balón bajo uno de sus pies o con un tridente- llevó al Ayuntamiento a sopesar incluso cambiar la estatua de sitio. Aquella propuesta se hizo en 2014. Ese año Carmen Tienza, de nuevo, se subió al andamio para limpiar la piedra de este emblema de la ciudad.
En esos años, sin embargo, se produjo un significativo cambio. Los estudiantes del lucas de Medicina -que en 2008 incluso pusieron una caperuza roja a Carlos V-, comenzaron a instalar un andamio en el lugar para dar el salto. Hasta entonces, el lucas en cuestión se arrojaba a sus compañeros desde la peana del emperador. Era tal el impacto de la celebración que incluso los trabajos de reparación se agendaban en función del día de San Lucas, el 18 de octubre. Para qué trabajar dos veces.
Este pasado viernes el Ayuntamiento de Granada anunció que se procedería a reintegrar el miembro a Carlos V, para que luciera completa en este significativo 2026, el año en el que un rey enamorado viajó por primera vez con su esposa con destino a la Alhambra.
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