La nueva vida del antiguo edificio del Don José

La casa de las segundas oportunidades: Manuela Fundación abre su albergue para personas sin hogar en Granada

Cuatro de las once personas que ya habitan el nuevo albergue de Manuela Fundación en Granada. Cuatro de las once personas que ya habitan el nuevo albergue de Manuela Fundación en Granada.

Cuatro de las once personas que ya habitan el nuevo albergue de Manuela Fundación en Granada. / Jesús Jiménez/Photographerssports

Hay quien dice que los ángeles existen y que están más cerca de lo que creemos. En Granada, a la derecha de la A-44 a su paso por Armilla en dirección Costa, dos alas rosas junto al nombre 'Manuela Fundación' sobre una fachada ahora teñida de blanco amparan un lugar que arrastra un pasado muy marcado en la provincia y que, al igual que él ha recibido lo que sería su segunda oportunidad, hace unos días que alberga la posibilidad de dar una nueva vida a quienes más lo necesitan.

Una tímida sonrisa que se deja entrever en un rostro ataviado con mascarilla se nos cruza nada más llegar. Pelo negro peinado en una cola; no muy alta de estatura; de complexión (y espíritu) fuerte y con aparente aspecto de ser muy joven. "Tiene solo 24 años y una niña de dos", nos explican, "es con quien hablaste ayer por teléfono". En ese momento, mientras ella continúa haciendo tareas de limpieza, llega el flash back de una conversación telefónica que tuvo lugar apenas 24 horas antes. Aparece la voz entrecortada de María, una joven nicaragüense de solo 24 años que, como otras tantas, llegó a España en busca de una vida mejor.

El antiguo Don José ya rehabilitado como albergue de Manuela Fundación. El antiguo Don José ya rehabilitado como albergue de Manuela Fundación.

El antiguo Don José ya rehabilitado como albergue de Manuela Fundación. / Jesús Jiménez/Photographerssports

María era estudiante del último año de Trabajo Social, pero su situación al otro lado del charco no era buena. Bajo las promesas de su suegra aterrizó en Granada a principios de año con la intención de encontrar un trabajo que le permitiese enviar dinero a su país. Allí la espera su hija, una pequeña de solo dos años que está enferma, a quien tuvo que dejar atrás para salvarla. No llegaba sola, al menos aparentemente, pues viajaba con la madre de su marido. Pero todo cambió cuando pisó suelo español.

"Me dejó sola, me busqué la vida sin conocer a nadie, sin tener papeles y conseguí un trabajo en Campotéjar cuidando a un anciano", relata la joven, pero apenas unos meses después el hombre falleció. "Con el poco dinero que tenía me mudé a Granada, a un hostal en el que estaba mientras buscaba otro trabajo", admite María, que insiste en que todo el dinero que tenía lo enviaba íntegro para su hija, a quien decidió que iría a ver en diciembre debido a que su estado de salud –padece una neumonía asmática– se había agravado.

Sin embargo, cuando comunicó a sus jefes la decisión fue echada, literalmente, a la calle. "Me echó mis maletas, no me dio tiempo a recoger nada. Estaba en Churriana y unos vecinos me vieron llorando en la calle y me acogieron por un tiempo. Me ayudaron a pedir ayuda en una parroquia a través de la cual me pusieron en contacto con Manuela Fundación".

La presidenta de Manuela Fundación, María Angustias González. La presidenta de Manuela Fundación, María Angustias González.

La presidenta de Manuela Fundación, María Angustias González. / Jesús Jiménez/Photographerssports

Ella, junto a otras diez personas, es una de las nuevas inquilinas del albergue que un equipo humano encabezado por María Angustias González Fernández, la presidenta de la Fundación, como si de una etapa ciclista se tratase –valga el símil para hacer referencia al equipo de ciclismo que, precisamente, también gestiona esta entidad– ha puesto en marcha a contrarreloj. Eso sí, la intención es que la estancia de quienes están acogidos solo sea por poco tiempo, pues el fin de este albergue es ayudar a quienes más lo necesitan a encontrar un trabajo con el que tejer su propia segunda oportunidad.

"Desde el día 1 que entré me acogieron como una familia o más que eso. Me dieron ropa de abrigo, que no tenía, aseo personal y, sobre todo, la confianza y el apoyo de saber que eres una persona, no algo desconocido que está en la calle", relata María, que insiste en que tanto ella, como otros de los que ya están en esta residencia, "aún no nos creemos que podamos tener un techo bajo el que vivir".

El proyecto de Manuela Fundación nació con el fin de acoger a quienes no tuvieran dónde quedarse y ayudarles a rehacer su vida. "Elegimos este edificio porque tenía las instalaciones para el objetivo, se llegó a un acuerdo con el dueño para su compra y lo adquirimos, pero la pandemia hizo que todo tuviese que hacerse mucho más rápido", explica uno de los miembros de la Fundación, Emilio Rodríguez. Y es que en apenas un fin de semana, gracias a un centenar de voluntarios se logró borrar el rastro del antiguo Don José, para convertirlo en la casa de las segundas oportunidades: un hogar para personas desamparadas.

"Ahora mismo tenemos a disposición 30 habitaciones de un total de 80, porque hay zonas que aún no han podido rehabilitarse y eso estará listo en enero", indica Rodríguez, que además explica el funcionamiento interno para ayudar a aquellos que sean alojados en este lugar: "Tenemos estipulado que a las personas que estén aquí vamos a intentar ayudarlas para que, en unos tres meses, tengan una salida laboral. Todo ello a través de otras asociaciones y las doce áreas que componen la Fundación".

Una de las habitaciones del albergue. Una de las habitaciones del albergue.

Una de las habitaciones del albergue. / Jesús Jiménez/Photographerssports

Pero el objetivo de Manuela Fundación va más allá. "Queremos que Granada sea capital del mundo. Que aquí la gente tenga su hogar, una vida digna y tratar de reducir el paro en lo máximo posible", admite Emilio Rodríguez, una frase que reitera mientras nos muestra una instalación que nada tiene que ver con lo que era antes.

Una treintena de habitaciones totalmente acondicionadas para el alojamiento, una sala de estar común, baños equipados, una cocina con su cocinero y un salón comedor son las estancias que desde hace dos semanas están puestas en marcha y de las que, precisamente, los mismos que hacen uso de ellas son quienes se encargan de su mantenimiento. "Aquí hay un reparto de tareas", explica Emilio Rodríguez, mientras comprobamos cómo pasa Salvador, pinturas en mano, para seguir con sus labores, no sin antes saludar, acceder a salir en alguna foto e incluso sorprender a los presentes con varias frases en francés. Él trabajaba montando escenarios para conciertos, pero acabó desamparado en Granada. "Sabe hacer de todo, es un manitas", aseguran desde Manuela Fundación, desde donde ya tratan de buscarle un trabajo.

El cocinero prepara el almuerzo en el albergue. El cocinero prepara el almuerzo en el albergue.

El cocinero prepara el almuerzo en el albergue. / Jesús Jiménez/Photographerssports

Esta misma semana, el Hospital Clínico de Granada les derivaba a una persona. Un anciano sin familia y sin recursos, que necesita de cuidados tras recibir el alta hospitalaria. "Aquí lo tenemos ya acogido y en unos meses habrá más, porque todo el ala que aún no está habilitada y que esperamos inaugurar en enero estará dedicada a personas que necesiten de cuidados específicos", expone Emilio Rodríguez.

Para esta iniciativa, la entidad cuenta con la colaboración de distintas empresas, así como voluntarios que aportan su granito de arena para ayudar. Porque, como dijo el escritor Gabriel García Márquez, "la vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir" y para que haya opciones de ello trabajan desde esta residencia de Manuela Fundación.

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