Granada

Qué comemos, una clave para frenar el hambre en el mundo

  • El director de Prosalus, José María Medina, imparte la conferencia ¿Por qué hay hambre en el mundo? que tendrá lugar en el salón de actos Centro Suárez a partir de las 20 horas

Qué comemos, una clave para frenar el hambre en el mundo Qué comemos, una clave para frenar el hambre en el mundo

Qué comemos, una clave para frenar el hambre en el mundo

¿Por qué en un mundo donde hay suficientes recursos y alimentos para una población mayor de la que tiene sigue habiendo 820 millones de personas que pasan hambre? Es la primera pregunta a la que hay que enfrentarse antes de empezar a conocer qué se puede hacer a pequeña escala para erradicar el hambre. De entrada lo primero en lo que se repara es en que cada vez hay más gente en el mundo y que eso supone un incremento de la demanda, pero no es lo fundamental. “El problema del hambre es sobre todo político, un conjunto de causas que requerirían respuestas políticas que no están teniendo”, señala José María Medina, director de Prosalus, ONG de cooperación orientada a promover la seguridad alimentaria y luchar contra el hambre.

Coincidiendo con el día internacional para la erradicación de la pobreza y con el apoyo que obtiene la ONG desde Granada, Medina impartirá mañana en la ciudad la conferencia ¿Por qué hay hambre en el mundo? que tendrá lugar en el salón de actos Centro Suárez a partir de las 20 horas.

Es muy relevante el hecho de qué come la gente. Ahora mismo, señala Medina, se tiende a un patrón alimentario que se aleja de lo vegetal y se acerca a un mayor consumo de carne y eso tiene un impacto muy fuerte en la producción mundial de alimento porque las dietas carnívoras consumen muchos más recursos productivos que aquellas dietas con un mayor componente de cereales y vegetales.

Desde Prosalus avisan de que tenemos un sistema alimentario que es muy ineficiente y deja perder un tercio de los alimentos que se producen para consumo humano. “Es brutal, pero la realidad es que desperdiciamos muchísima comida y eso tiene un impacto porque estamos inflando la demanda mundial de alimento y eso se traduce en la subida de los precios. A la gente con un nivel adquisitivo alto nos afecta poco, pero para la población más vulnerable es muy importante”.

El conflicto entre los combustibles y la materia prima

“Tenemos además un problema, y es que nuestro sistema alimentario es muy dependiente del petróleo y por tanto cuando sube su precio, también lo hace el de los alimentos”. Por otro lado, y dentro de las claves que relacionan el hambre con los combustibles del primer mundo y el ecologismo, Medina sostiene que “desde hace 15 años hay un problema añadido y es que hay una parte de los productos que podrían para alimentación humana que se destinan a producir agrocombustibles sustitutivos del petróleo hechos con trigo, maíz, arroz y una serie de plantas que se usan para el biodiesel lo que complica la posibilidad de alimentar a la gente sobre todo porque se apodera de recursos productivos”.

A todo esto se suman la especulación con materias primas alimentarias, principalmente viene sucediende, dice, en la bolsa de Chicago como salida tras la burbuja inmobiliaria.

La 'incomodidad' de estar comprometido

Ante la multitud de problemas que requieren respuesta política y compromiso de los consumidores, nace la pregunta de qué puede hacer el ciudadano. El comportamiento del día a día pueden incidir, y añade Medina, es tan sencillo como mejorar la alimentación reduciendo el desperdicio alimentario, optando por una alimentación no exclusivamente vegetariana pero sí con un componente razonable y saludable de carne sabiendo el impacto económico que tiene producir ciertos tipos de carne o comer lo justo o tener cuidado donde se invierte el dinero porque hay fondos que especulan con alimentos.

Eso conlleva un problema añadido y quizás la clave por la que la conciencia verde y contra el hambre no están profusamente extendidas en la sociedad: la incomodidad de preocuparse en buscar el mejor banco o simplemente la mejor carne para comer. “Es una parte importante del compromiso, y aunque estar activo y en búsqueda es un poco difícil, se puede. Hay lugares donde de informa de cómo puede uno al menos, dar pasos positivos, aún sabiendo que todo va a ser imperfecto”.

España siendo el cuarto país más rico de Europa sufre a pequeña escala pobreza y hambre. De hecho, los datos que da la FAO son crecientes: hace tres años había 400.000 personas con inseguridad alimentaria grave, y en el informe de este año ya habla de unas 700.000. Por lo que se le pregunta a Medina si estas medidas también influyen en el entorno más inmediato. "Consumidores tenemos que tomar conciencia de que hay cosas que están en nuestra mano, compromiso de consumir alimentos de temporada y proximidad, gestionar nuestra despensa mejor o no desperdiciar comida, con pequeños gestos de día a día podemos influir y empujar al sistema alimentario global para que sea más equitativo y sostenible”.

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