La lluvia da una tregua por San Cecilio para que Granada disfrute de muchas habas, buenas salaíllas... y algo de barro
La ciudad cumple la tradición del primer domingo de febrero y festeja su patrón con peregrinación al Sacromonte, bailes regionales y comida típica
San Cecilio, el santo inventado al que le encantan las salaíllas
Granada ha vuelto a salir a la calle, como cada primer fin de semana de febrero, para demostrar la pasión y devoción que siente por su patrón, San Cecilio. Este 2026, y aprovechando que los cielos han dado una tregua tras muchos días de lluvia, los granadinos no ha fallado a la tradición del primer domingo del segundo mes, y han tomado sus habas y salaíllas con bacalao en el Sacromonte honrando al santo en un ambiente festivo único y especial, que sólo se vive una vez al año.
La peregrinación hasta la zona más alejada de la ciudad nazarí este año ha sido diferente a las anteriores postpandemia. Desde que se levantara el encierro a consecuencia del Coronavirus, cada romería de San Cecilio estaba acompañada de un ambiente primaveral, con sol de justicia. Este año los cielos estaban grises, había mucha humedad en el ambiente, hacía un frío típico del invierno, e incluso alguna gota aparecía de vez en cuando para que los granadinos amagaran con sacar los paraguas. Pese a ello, el cielo ha respetado y ha permitido vivir la tradición sin lluvia.
Este año, el ambiente ha sido menos multitudinario que otros, debido precisamente a esa amenaza de lluvia y a ese frío, pero pese a ello los más fieles a la fiesta no han fallado y han sido miles los granadinos y turistas que no han querido perderse la fiesta en la Abadía del Sacromonte y las explanadas a su alrededor.
Desde primera hora de la mañana la marea de gente subía desde el Centro de la ciudad por la Carrera del Darro hasta el barrio del Sacromonte. Este año, al igual que ocurriera el pasado, el toque de fanfarrias desde la Casa de las Chirimías ha acompañado a la subida. La subida al barrio más alejado de la ciudad no es un camino habitual para muchos, así que la mayoría aprovechaba para sacar el móvil y conseguir una postal de la Alhambra y el cielo gris del día, que enmarañaba ligeramente la estampa.
Los granadinos hacían el camino abrigados y con paraguas en las manos o guardados en bolsos y mochilas, también cargando las típicas neveras de color azul llenas de refrescos y comidas. "Llevo tres años viniendo ya, desde la pandemia, y es la primera vez que he tenido que echar el paraguas. Pero espero que no me haga falta usarlo, a ver si San Cecilio le dice a la Virgen de la Cueva que nos deje tranquilos hoy", comentaba entre risas Esther Jiménez, una granadina que iba junto a sus amigos hacia la explanada.
Precisamente la zona de la explanada era la primera parada de muchos, y desde horas antes había gente ya haciendo cola para las habas y salaíllas gratis que repartía el Ayuntamiento. Este año, 3.500 tortas de pan plano, 180 kilos de bacalao troceado, y una tonelada de habas verdes y frescas de la Vega han sido entregadas. En este punto, los grupos festivos regionales ofrecían la imagen más tradicional, con bailes como la reja, el fandango de Granada, el Vito o la Cachucha y la Mosca. El Grupo Municipal de Bailes Regionales, la Asociación Juvenil Cultural El Jaleo y el Coro El Duende eran los encargados de animar a los presentes.
Misa multitudinaria y actos protocolarios
Sobre las 11:00 horas, se formó la comitiva de la ciudad para subir a la Abadía del Sacromonte desde el Ayuntamiento. Los concejales, con traje oscuro, bien abrigados y con sus insignias y medallas capitulares aparecían junto a la alcaldesa, que llevaba el bastón de mando, integrando la comitiva, precedida por el Pertiguero de la Ciudad, vestido con ropas de damasco y terciopelo negro del siglo XVII, con la Pértiga antigua de plata y collar. A continuación, los cuatro Porteros de la Ciudad, cubiertos con similar vestimenta y con las varas de plata que guardan las puertas de las estancias consistoriales; escoltados por los cuatro Maceros de la Ciudad, vestidos con ropas de damasco carmesí del siglo XIX, con las mazas de plata barrocas, cubiertos y con escolta posterior de cuatro Policías Locales de gala, mandados por el jefe de la Policía Local, Rafael Domingo, que vivía su primera romería en el cargo.
A las 12:00 horas, ya en la Abadía, un año más el templo se quedó pequeño. La fachada engalanada recibía a los granadinos y a las autoridades. Entre los presentes este año destacaban el teniente general del Madoc, José Manuel de la Esperanza; el coronel Francisco Javier Arteaga, actual jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Granada; Rafael Rodríguez, comisario jefe provincial de la Policía Nacional; parlamentarios, diputados y senadores andaluces y nacionales de diferentes partidos políticos; exalcaldes de la ciudad como Luis Salvador, o la consejera de Fomento de la Junta, Rocío Díaz.
La alcaldesa saludó a los invitados y, antes de entrar, la Banda Municipal ha interpretado los himnos de Granada, Andalucía y España. Ya dentro de la Abadía se colocaron las autoridades y resto de público. En el Presbiterio junto al altar mayor figuran el Heraldo de Castilla y el Heraldo de Granada. La ceremonia fue oficiada por el arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo.
La parte más curiosa de esta misa es cuando, en el ofertorio, los comisarios municipales se acercan al altar a presentar un prendido de una flor natural y el estoraque, incienso en lágrimas en sus cajitas de orfebrería, que llevan inscrito “Granada honra a San Cecilio” y el año, con el que la Ciudad de Granada festeja al santo. Al finalizar la misa se pudo besar la reliquia del patrón, presente en la celebración. Una vez terminado, se produjo la visita de las autoridades a las Santas Cuevas, donde depositaron la ofrenda floral.
Fiesta entre bailes y barro
Tras los actos protocolarios llegó la parte festiva. Ya con la explanada a rebosar y con el reparto de comida en marcha, como suele pasar no hubo viandas para todos. Las colas eran largas e incluso subían la cuesta hacia la Abadía. La gente también se agolpaba alrededor del escenario para ver las actuaciones de los grupos de coros y danzas, y las barras no daban abasto. Todo ello pese a que el tiempo había echado para atrás a mucha gente y no había tantas multitudes como años atrás.
La tradición habla de que este domingo hay que comer habas y salaíllas, con un poco de bacalao seco. Es lo habitual, pero como no a todos gusta, y la gente peregrina con sus bocadillos, tortillas de patatas, tuppers de carne empanada, ensalada, y algunos incluso arroz, para no pasar hambre. Los grupos más jóvenes optaban por cadenas de comida rápida, de las que se veían bolsas en las papeleras habilitadas, aunque no dudaban en al menos probar los productos típicos. Todo ello regado con mucha bebida para calmar la sed, alguna en termos calentita debido al frío. Para mediodía, el cielo gris no terminaba de disiparse, pero ya el azul se entreveía en algunas zonas. Las nubes aguantaron y la jornada fue seca.
Entre los grupos reunidos en la explanada destacaba uno en el que sólo se hablaba en inglés. David Dillon aprendía con la técnica del ensayo-error a abrir las habas, acabando algunas por los suelos. "Somos estudiantes y hemos venido a la Universidad de Granada para el semestre. Han sido nuestros tutores los que nos han explicado la fiesta de este fin de semana, y hemos venido a verla. Son muy curiosos este pan con sal y estos beans granadinos, lo estamos pasando muy bien", comentaba a este periódico el estadounidense chapurreando el español.
Los asistentes, ya con sus platos de comida en la mano, este año dudaban entre tirarse al suelo para estar cómodos o permanecer de pie para no mancharse más de lo necesario a causa del barro existente en la zona después de tantas lluvias. En un grupo, Carmen Sierra disfrutaba de pie las habas mientras su marido, José Pérez, sí se echaba al suelo. "¡Pero no te pongas ahí que te vas a poner perdido de barro!", le reprendía ella, ante lo que él contestaba "sabes que tengo las rodillas fatales, ya no aguanto más. Ya se lavará", mientras se acercaba a la nevera a por una lata de cerveza.
Otros granadinos, acompañados de niños pequeños, sacaban mantas gordas y las echaban al suelo para que los pequeños pudieran jugar. "Hemos cogido esto, que era lo más viejo que teníamos, y luego ya veremos si lo lavamos o lo tiramos. La cosa hoy es estar cómodos, y más con los peques por aquí", comentaba Mónica López, ante lo que su marido asentía. Al final del día, la comodidad es lo que se busca, y algunos incluso abrían sillas de playa preparadas para la ocasión.
Entre la vestimenta más repetida, los chaquetones fueron la estrella del día. Algunos aprovecharon para lucir los colores del Granada CF, a través de chándal o camisetas de juego. Este año, nuevamente, la festividad de la mañana no ha coincidido con ningún partido, ya que este se celebrará por la tarde, por lo que los más aficionados han aprovechado su visita a las catacumbas para pedir al santo la permanencia en la Liga Hypermotion.
La celebración de este acto se remonta al año 1599, cuando la peste asolaba Granada, y la gente salió a pedir a San Cecilio por esa intercesión para evitar la enfermedad, según se cuenta en la historia. Desde entonces, la ciudad no falla a su patrón, y en este 2026 no ha sido una excepción. Esta fiesta estuvo muchos años relegada al olvido, hasta el punto en el que la romería no existía. Fue en la década de los ochenta cuando el gobierno municipal en realidad se rescata y comienza a celebrarla. Fue el concejal José Luis Castillo Higueras, fallecido hace ahora cinco años, quien llevó a cabo ese rescate.
Temas relacionados
No hay comentarios